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[Crónica] Melody Gardot (Plaza de Toros, Málaga, 25.07.16)

Pocos textos habrá escritos sobre Melody Gardot donde no se haga referencia a su biografía. En esta ocasión no vamos a ser menos. Gardot nació en 1985 en Nueva Jersey. Aprendió a tocar el piano siendo una niña y comenzó a subirse a los escenarios en Filadelfia, ciudad donde cursaba sus estudios de moda en la universidad. A los 19 años un coche casi acaba con su vida mientras montaba en bicicleta. En los meses que pasó en el hospital se empapó de música -rock, jazz, folk, pop- y escribió lo que luego sería Some lessons (2005), un EP de seis canciones. Ya en 2007 se reeditaba su primer disco, Worrisome heart. Comparada de forma recurrente con Joni Mitchell o Eva Cassidy, en su concierto de la Plaza de Toros, incluido dentro del Festival Terral, Gardot venía a presentar su quinta y última referencia hasta el momento, Currency of man (2015).

El concierto desbordó elegancia en un recinto medio lleno y medio vacío. De la banda, formada por Mitchell Long (guitarra), Sam Minaie (bajo), Devin Greenwood (teclados), Charles Staab (batería), Irwin Hall Jr. (saxo) y la trompeta de Shareff Clayton, destacan los dos últimos, Hall y Clayton, que atacan con la misma solvencia notables solos y pequeñas coreografías. Entre algún problema técnico, Gardot se perdió en chácharas prescindibles y constantes llamadas a un público que parecía encantado en todo momento. La languidez de la mayor parte de su repertorio quedaba hecha añicos cuando la banda, con Gardot a un lado del escenario, se estiraba hasta ritmos funky e incluso dance, convirtiéndose, ahora sí, en una potente máquina fabricada por y para el ritmo. Buen ejemplo de ello lo encontramos en el portazo final con Preacherman, inspirada en el asesinato, en 1955 y con tan solo 14 años, del adolescente afroamericano Emmett Till.

A falta de la actuación de Ibrahim Diakité al día siguiente, con el concierto de Melody Gardot se cerraba el Festival Terral 2016. Este año los números no han acompañado, ya que los 5.400 espectadores quedan lejos de los 11.531 de 2015. Hay trabajo por delante.

Foto: Daniel Pérez.

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[Crónica] Fee Reega Trío (Teatro Echegaray, Málaga, 18.07.16)

Fee Reega nació en la localidad de Balingen, perteneciente a Baden-Württemberg, estado federado del sur de Alemania. No muy lejos se sitúan ciudades emblemáticas como Ulm, al este, o Stuttgart, hacia el norte. Tübingen, donde estudió, vivió y murió el poeta Hölderlin, queda a unos pasos. Al oeste encontramos el excelente Biergarten Rauschbart de Horb am Neckar, Glatt y sus sabrosas tartas servidas en un castillo o la aburrida Freudenstadt. Finalmente nos topamos con la Selva Negra. Por aquellas tierras creció una Reega que, antes de instalarse hace unos años en Asturias, pasó por Berlín y Madrid siempre con proyectos musicales bajo el brazo. Además de su carrera más o menos en solitario, Fee canta y compone en Captains y Dead Hands, grupos donde encontramos folk, punk y rock ya sea en castellano, inglés o alemán. En 2014 editó el espléndido La raptora. Un año más tarde colaboró con Nacho Vegas en Mi novio es bobo y grabó Shoot, álbum compuesto de “canciones sobre disparos”, como ella misma lo definió durante su concierto en el Teatro Echegaray.

Un teatro para nosotros solos. Es lo que pudimos llegar a pensar tanto la banda como la treintena de personas que nos reunimos allí para presenciar un espectáculo incluido en la sección Márgenes del Festival Terral. Fee se presentó en Málaga en formato trío: Javier Bejarano -guitarras eléctrica y con arco- y Dani Donkeyboy -electric guitar- le acompañaron en todo momento, incluso en la inesperada Pito morado que alguien pidió desde el público y en donde canta que “todo lo que tienes que se puede chupar, yo lo he chupado”. Ambos crean las atmósferas necesarias para vestir y adornar unas canciones a las que Fee cuelga la etiqueta de “folk problemático”. Coplas que hablan del amor hasta las lágrimas –La cueva, Varsovia– pero también de niños asesinados –La raptora, su particular vampiro de Düsseldorf- y suicidios –La automuerte-.

Notable es su capacidad en nuestro idioma para, en pocas pinceladas, crear historias pobladas de inolvidables personajes. Es el caso de Wenedikt Eerofeev, el gran bebedor: “Es un fuerte bebedor, pero le quiero. Es un gran pensador, le respeto. Un hombre que sabe expresar sus dolores se merece que alguien le perdone sus errores […] Cuando me pega le pego yo también, y a veces se nos da muy muy bien […] Bebe como un agujero y habla como un cerdo, pero escribe que te quieres morir por ello”. A estas virtudes hay que añadir un carisma no muy habitual a la hora de llenar los vacíos entre canciones. Su acento ayuda. Nos cuenta que tienen copas -la levanta y bebe-, que en nuestra ciudad hace un “puto calor” y que ella no es asturiana como nos pretendía hacer creer en un principio. ¡Qué pilla! Siempre riza los pies al cantar. Y llega un momento en que es difícil apartar los ojos de ella.

[Crónica] Mad Cool 2016 (Caja Mágica, Madrid, del 16 al 18 de junio)

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Ni el torrente de mierda que El Mundo vertió días antes sobre el festival ni las multitudinarias críticas a la organización tras la jornada inaugural han impedido que la primera edición del Mad Cool haya sido un éxito: 102.647 personas (repartidas entre 34.278 el jueves, 32.896 el viernes y 35.473 el sábado) asistieron a los más de setenta conciertos celebrados sobre los 176.000 metros cuadrados del recinto de la Caja Mágica a orillas del río Manzanares. No sólo cuadran los números. Tras un jueves donde reinó el caos -sobre todo por los fallos a la hora de pagar con las pulseras-, la organización supo recomponerse. Las quejas en los días posteriores descendieron y los conciertos, dentro de un magnífico ambiente, fueron los verdaderos protagonistas.

Abrimos la tarde del jueves con Tom Odell, que anda estas semanas presentando su segundo disco, Wrong crowd. Rodeado de buenos músicos y mostrando una desenvoltura envidiable a su edad, Odell, al que por momentos le plantamos casi sin querer la cara de un rejuvenecido Chris Martin, ofreció un concierto sobrio y con músculo dentro de un recinto cubierto, el 3, cuyo sonido en otros momentos del festival -recuerdo el rato que pudimos ver a León Benavente el viernes o Xoel López el sábado- fue deficiente, al menos desde las gradas situadas frente al escenario. Tras Odell, Lori Meyers volvían a demostrar, ya en uno de los escenarios exteriores -el segundo, llamado Matusalem- que siguen siendo una de las bandas nacionales más en forma si a directos nos referimos. Con un repertorio que ha vuelto a rescatar temas de su primera época -fantástica Sus nuevos zapatos-, los de Loja volvieron loco al personal una vez más con Luces de neón, Emborracharme o Mi realidad, puntas de lanza de un repertorio que a estas alturas, como diría Beatriz Pérez Aranda, funciona como un pepino.

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Pete Townshend (The Who)

Los Who llevan año y pico despidiéndose de los escenarios. Su Hits 50! Tour celebra las cinco décadas que el grupo lleva en activo, con Roger Daltrey y Pete Townshend como únicos integrantes originales tras las muertes de Keith Moon en 1978 y John  Entwistle en 2002. El paso del tiempo puede mermar cualidades, pero otras las lima y enriquece. Ocurre con Townshend: no salta ni destroza su guitarra al final del concierto, pero su manejo del instrumento y el inabarcable repertorio de riffs no desmerece aquellas actuaciones de los días heroicos. La ristra de éxitos fue de aúpa, con una equilibrada representación de trabajos como Tommy (1969), Who’s next (1971) o Quadrophenia (1973), además de las obligadas My generation, I can’t explain o The kids are alright, entre muchas otras, en una despedida que, esta vez sí, se nos antoja definitiva. Nos recuperamos minutos después con The Strypes, jóvenes rapaces que mantienen viva la llama precisamente de grupos como los Who, aunque entre sus influencias se puedan rastrear también al padre de todo esto, Chuck Berry, o a eminencias más actuales como Arctic Monkeys o los primeros Mando Diao.

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Ben Bridwell (Band of Horses)

El viernes no contaba, ni de lejos, con un cabeza de cartel como los Who y Neil Young. Esa ausencia de tensión nos impulsó a disfrutar sin complejos de una jornada que comenzó con la delicadeza extrema de Jessica Pratt ante una audiencia mínima, y continuó con el enérgico concierto de Bigott en el escenario Matusalem frente a un público más abundante y copiosos rayos de sol. No hubo manera de colarse para ver y escuchar a Kings of Convenience -los recintos cerrados tienen aforo limitado y la organización aquí, por momentos, naufragó-, pero lo suplimos poco después con un Michael Kiwanuka que pide ya a gritos el ascenso a ligas superiores. Los adelantos de su segundo disco, Love & hate, que se publica el próximo 15 de julio, presagian un trabajo de altos vuelos. Veremos. Sobre el escenario ya le damos un sobresaliente extensible a toda su banda -¡qué guitarrista!-. Otis Redding, Prince o Bill Withers les felicitarían de forma efusiva. De nuevo en el exterior, Band of Horses demostraron una frescura que se empieza a echar en falta en sus últimos álbumes -el reciente Why are you ok no es una excepción-. Entre alguna pieza nueva, los de Seattle también despacharon algunos de sus temas más conocidos –Laredo, The funeral, la preciosa No one’s gonna love you-, consiguiendo altas cotas de comunión con un público entregado.

El sábado, último día de festival, comenzó fuerte con los recitales de London Souls y Gary Clark Jr, propuestas instaladas en un potente y bien entendido revisionismo de nombres superlativos del rock y el blues como Led Zeppelin, Jimmy Hendrix o Cream. No acompañó del todo el sonido en el caso de Clark, pero la incuestionable validez de su directo, amén de su notable desenvoltura a las seis cuerdas, evitaron la decepción.

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Neil Young

El concierto de Neil Young quedará irremediablemente unido al de la primera edición -y las que tengan que venir- de este Mad Cool. Acompañado en esta ocasión por los mozos de Promise of the Real, banda donde militan dos hijos de Willie Nelson y con los que ha grabado su último disco, The Monsanto Years (2015), el tío Neil, de 70 años, ofreció un directo que nos llevaremos bajo el brazo a la tumba. La primera parte, con él solo y su guitarra, piano, órgano y voz, hizo que muchos de los allí presentes se derritieran hasta las lágrimas. No hizo falta mucho: un par de acordes de After the gold rush o Heart of gold. Algunos aguantaron algo más y cayeron frente a la inmaculada belleza de Mother Earth. Poco después la banda le rodea, acompañándolo en un conjuro que aumenta de intensidad hasta convertir el escenario en un ciclón eléctrico bajo una estupenda apariencia: la de una reunión de colegas haciendo rugir guitarras, bajo y batería. Young, viejo zorro, viene y va, nos mira a nosotros y a sus chicos mientras araña su Old Black. Gruñe. Caen Alabama, Words y una Winterlong de insuperable melodía. Pero es Down by the river, que se va a los veintitantos minutos, el punto culminante de la noche, del festival. Probablemente del año. Y aún hubo tiempo -el concierto se extendió hasta las dos horas y media- para Mansion on the hill, Like a hurricane, Rockin’ in a free world o un Love and only love que sirvió de inesperada prórroga. Al terminar el concierto andas aturdido de un lado a otro, preguntando qué hacer, a dónde ir. No era fácil, pero la Ben Miller Band, en el escenario Avalon, consiguieron colarnos en su particular fiesta a base de unas canciones inyectadas en country, bluegrass, rock y folk que beben hasta embriagarse de las mismísimas raíces de la música americana.

  • Fotos Pete Townshend y Ben Bridwell: Facebook Mad Cool
  • Foto Neil Young: Juan Pérez Fajardo

Que os follen

 

Con una pasión
desmesurada
de ley
pero injusta

Con el mango
de la hoz o el martillo

Con una rosa
de púas como escarpias

Que os metan
una gaviota
con las alas abiertas por el culo

Que os follen,
que sintáis lo que
a nosotros nos duelen
las violaciones repetidas
de las leyes inventadas e impuestas por el poder democrático
de vuestros símbolos

[Crónica] John Grant (Teatro Cervantes, Málaga, 20.06.16)

johngrant_malaga2016_foto_danielperezJohn Grant es un tipo grande, barbudo, nacido en Colorado en 1968. A finales de los noventa formó parte de The Czars, banda que echaría el cierre a finales de 2004 tras unos discos que casi siempre contaron con el beneplácito del público y la crítica. Grant comenzaría su carrera en solitario en 2010 con Queen of Denmark, al que le seguirían Pale green ghosts (2013), un directo junto a la Orquesta Filarmónica de la BBC (2014) y Grey tickles, black pressure (2015), última referencia hasta la fecha y coartada perfecta para una nueva gira que ha recalado en Málaga dentro del Festival Terral.

La sólida banda que respalda a Grant la componen Petur Hallgrimsson (guitarra), Chris Pemberton (teclados), Jakob Magnusson (bajo) y Budgie (batería). Tras comenzar con Geraldine, y en un castellano prácticamente sin fisuras, Grant recordó a Chus Lampreave –“el mundo es ahora un poco más oscuro”, comentó- y se lanzó a por Down here, uno de los temas claves de su último trabajo. It doesn’t matter to him y Marz daban paso al tramo más electrónico y experimental de la noche -aparecen las bases programadas, los sintetizadores, los bailes de Grant-, con unas Snug slacks y Guess how i know apabullantes.

Mientras que con la estremecedora Glacier se acordó de las víctimas de los recientes atentados en Orlando, Queen of Denmark y GMF  las dedicó a un público que iba calentándose por momentos: en Disappointing, y tras arrancarse un espontáneo en las primeras filas, los allí presentes se levantaron a sacudir el esqueleto. Grant, con sonrisa cómplice, se retiró. Volvió con Drug, festiva versión de los Czars, y una Caramel que finiquitó otra noche para el recuerdo. Queda mucho Festival Terral por delante, pero conciertos como el de Grant, pocos. Tal vez ninguno.

Foto: Daniel Pérez.

[Crónica] Ciclo Alternativos 2016 (Teatro Cervantes, Málaga, del 18 al 22 de mayo)

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Hace unos años, entre 2007 y 2009, algunos de los conciertos celebrados en el Teatro Cervantes incluyeron a Enrique Morente, Van der Graaf Generator, Big Star, José González, Tindersticks, Mogwai, Echo & The Bunnymen, Spiritualized, Jackson Browne, Animal Collective, Rufus Wainwright, Róisín Murphy, Hercules & Love Affair, Stereolab o Wilco. Ahora, tras leer semejante ristra de nombres, uno tiene que frotarse los ojos, pellizcarse alguna parte del cuerpo. Reír y/o llorar.

Luego, poco a poco, la cosa fue menguando y la música alternativa o indie, como prefieran llamarla -tal vez de ninguna de las maneras-, se fue concentrando, salvo contadas excepciones, en distintas salas repartidas por la ciudad. Parece ser que hasta este 2016. El director del Cervantes, Juan Antonio Vigar, afirmó en la presentación de la programación del primer semestre un nuevo ciclo de conciertos llamado Alternativos. Un espacio, según sus propias palabras, que pretende “ser un lugar de encuentro para el público joven que busca en la cultura una experiencia necesaria” y en donde habrá “nuevos sonidos y experiencias bastante contemporáneas”. Parece ser que esta tendencia continuará en la próxima edición del festival veraniego Terral.

El ciclo Alternativos, que ha ofrecido siete actuaciones entre el 18 y el 22 de mayo, ha contado en su primera edición con La Bien QueridaXoel LópezAutour de LucieThe Wedding PresentJay-Jay JohansonSr. ChinarroGrupo de Expertos Solynieve. Los precios se han repartido entre 15 € -artistas nacionales- y 20 € -internacionales-. Al notable cartel hay que sumar unos conciertos igualmente apreciables. Sin embargo, la respuesta del público no ha sido la esperada, especialmente en los directos de Sr. Chinarro, The Wedding Present o Autour de Lucie. Por tanto, no pondremos la mano en el fuego por la continuidad del ciclo. Tal vez el concentrar todos los conciertos en cinco días no haya sido una buena idea. Por otro lado, no estaría mal, de cara a futuras ediciones -seamos optimistas-, algún tipo de abono u oferta, ya que la única posibilidad existente era la de adquirir entradas de forma individual.

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Xoel López

Xoel López consiguió la mejor entrada del Cervantes con un espectáculo de más de dos horas en donde él solo se bastó para poner en pie al teatro. El gallego tocó guitarras varias, el piano y se apoyó constantemente en multitud de pedales, por lo que no sería descabellado presentarlo como un excelso hombre orquesta. En el repertorio, además de temas de su cada vez más respetada carrera en solitario, hubo cabida para canciones de proyectos anteriores como Deluxe y Lovely Luna. También sonó una versión recién parida de Yo vi un hombre desaparecer, deleitó con A serea e o mariñeiro y recordó a Paco Ibáñez y Lorca. Hacia el final, ya con el público jaleando, encadenó De piedra y arena mojada, Yo solo quería que me llevaras a bailar Tierra.

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The Wedding Present

Los semilegendarios The Wedding Present, como el propio David Edge se refirió a su banda, ofrecieron un frenético recital en donde repasaron casi una veintena de temas entre los que destacaron My favourite dress, de su aclamado primer disco, George Best (1987), Real thingBrassneck. Dentro de un concierto impecable, adelantaron temas de un nuevo trabajo que verá la luz en septiembre –Fifty six, Rachel y Broken bow– y se despidieron con Perfect blue, presentada como “la última canción. No hacemos bises”. Y así fue. Para pocas pantomimas andan estos.

Grupo de Expertos Solynieve fueron los encargados de cerrar el ciclo celebrando el décimo aniversario de la publicación de su primer álbum, Alegato meridional. Un trabajo de “tinto, jamón y queso”, como ellos mismos puntualizaron en su momento, y que en La balada de Buscando mi destino, versión del Ballad of Easy rider de Roger McGuinn, encuentra los versos precisos para definir la espléndida filosofía del grupo: “Lo que quería era estar en paz, y eso fue lo que pasó al final”. No todo el protagonismo fue para el disco homenajeado. En la hora y pico que estuvieron sobre el escenario repasaron parte de lo mucho y bueno que han venido grabando desde entonces, como Fandango de la libertad, La reina de Inglaterra o La nueva reconquista de Graná, convertidos a estas alturas en pequeños himnos de andar por casa, de bajar a tomarse unas cañas y una de salmorejo. Odas a la felicidad.

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Grupo de Expertos Solynieve

Fotos: Daniel Pérez (@danielperezfoto)

León Benavente – 2

leon_benavente_2_2016.jpegLa historia del grupo es ya bien conocida. En 2012, cuatro músicos de largo recorrido se reúnen bajo el mismo techo y un año después editan un primer trabajo de nombre homónimo: León Benavente (Marxophone, 2013). Abraham Boba y Luis Rodríguez vienen tocando desde hace años con Nacho Vegas, Edu Baos procede de Tachenko y el batería César Verdú de Schwarz. El álbum es muy bien recibido, pero son los conciertos, el boca a boca, lo que les convierte en poco tiempo en un reclamo para la mayoría de los festivales que inundan la península. Y el cliente lleva la razón: pocos rivales nacionales tuvieron sobre el escenario desde que la formación alcanzó su particular velocidad de crucero. No debe ser fácil reunir una nueva colección de canciones, un par de años después, tras semejante presentación. O tal vez sí, quién sabe. El pasado mes de abril publicaban 2 (Warner /Marxophone), que pocos días después se colaba entre los cinco discos más vendidos de nuestro país.

Los nueve cortes que componen parecen pensados y compuestos para golpear desde sus primeras estrofas, y no sólo musicalmente hablando: los textos siguen siendo uno de sus mayores atractivos. Letras, muchas de ellas, que nos hablan de una búsqueda, tal vez huida, que difícilmente tendrá éxito. También seguimos encontrando precisas e irónicas diatribas que podemos aplicarnos nosotros, vosotros y ellos -“aquí la cosa está que arde, por increíble que parezca no hemos tenido bastante”, cantan en La ribera– dentro de un conjunto de canciones que muestran una pizca más de optimismo que su antecesor. Siguen funcionando las enumeraciones –Tipo D– y los temas que rozan el llamado spoken word como Gloria -que se dibuja en tu cabeza desde los primeros escarceos- o Habitación 615, admirable e irresistible síntesis de una de sus visitas a México con la que Kozelek, de feliz aparición en la canción, escupiría de alegría. El krautrock, presente en el grupo desde sus inicios, cristaliza aquí en una Nuevas tierras donde Banin Fraile, componente de Los Planetas y Los Pilotos, acumula hasta ocho pistas de sintetizador.

León Benavente consolidan con una propuesta en la que no se atisban señales de agotamiento. Es más, encontramos mimbres suficientes para seguir indagando en la fórmula, si es que la hay. Apostamos a que los conciertos, con un repertorio de aúpa, harán el resto. Por ahora es todo lo que os podemos contar, quizá en un par de años podamos continuar.

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[Crónica] XIX Festival de Málaga. Cine Español

La decimonovena edición del Festival de Málaga. Cine Español ha sido la última con su actual denominación. A partir del año que viene habrá que sumar la preposición “en” a su nombre. Cine en español. Es decir, el festival, en su sección oficial, podrá albergar películas latinoamericanas. Hasta el momento únicamente entraban a concurso dentro de la sección Territorio Latinoamericano o, en la principal, si se trataban de coproducciones. El director del evento desde 2012, Juan Antonio Vigar, no cree en una posible amenaza para otros certámenes como el de San Sebastián o el iberoamericano de Huelva. “Hay suficientes películas de veinte países como para que tengamos nuestro hueco”, comentó en una entrevista concedida a El País hace unos días.

Pensamos que el cambio será positivo. Las películas a concurso en la sección oficial han vuelto a mostrar un nivel discreto. La incorporación de material latinoamericano, además de un mayor aumento de la competencia, conformará una selección más acorde con las pretensiones de un festival que sigue creciendo en números y propuestas. Algunos datos: la recaudación de taquilla ha aumentado un 12,6% (se han vendido 2.648 entradas más que en 2015) y las sesiones programadas un 7,2%. La organización ha fijado ya sus fechas para la celebración de la vigésima edición, que tendrá lugar del 17 al 26 de marzo de 2017.

 

toroToro, fuera de concurso, abrió el festival. Kike Maíllo, su director, nos presenta un thriller sobre la familia -en todos los sentidos- con un José Sacristán en el papel de insípido Padrino. Toro cae en uno de los mayores males de nuestro cine: la previsibilidad. Todo lo que vemos ha pasado antes por nuestros ojos una y mil veces. Incluso los títulos introductorios fusilan sin atisbo de piedad los de True detective. Algo similar ocurre con Acantilado, dirigida por Helena Taberna. En ella, Gabriel (Daniel Grao) busca a su hermana pequeña tras el suicidio colectivo de una secta en Canarias de la que ella era adepta. Y es una lástima que todo transcurra plácidamente y sin sorpresa alguna, ya que el arranque de la historia, su notable fotografía o el plantel de actores -que no de personajes- merecían mejor suerte.

La situación económica en nuestro país sigue salpicando muchos guiones, libros, canciones. La sección oficial ha contado con hasta cuatro películas centradas en las consecuencias de la crisis. En La punta del iceberg, Sofía Cuevas (Maribel Verdú) es la encargada de realizar un informe sobre el suicidio de tres empleados de una multinacional. Basada en hechos reales -entre los años 2008 y 2009 se registraron un total de treinta y cinco suicidios en France Télécom-, la cinta de David Cánovas, en un grato ejemplo de contención, consigue atrapar al espectador y encerrarlo entre frías paredes llenas de trabajadores aterrados. “El fin justifica los medios” o “vivir para trabajar”, entre otras lindezas, podrían resumir con acierto algunas de las sensaciones que deja el filmePor otro lado, El rey tuerto traslada a la pantalla la obra teatral de Marc Crehuet. Dirigida por él mismo y con el reparto original, la película relata el encuentro entre un un policía antidisturbios y un documentalista social que pierde un ojo en una manifestación. Tal vez desconcertante sea una de las palabras adecuadas para definir esta comedia dramática trufada de lugares comunes pero acertada en la idea global que plantea: ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Conviene recordarlo.

El año pasado, Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo, se alzaba con el premio del público y Natalia de Molina, su protagonista, recibía la Biznaga de Plata a la mejor actriz. En ella una madre soltera y sin trabajo y su hijo de ocho años intentaban salir adelante con la constante amenaza de quedarse sin un sitio donde vivir. Ahora es Zoe, de Ander Duque, la película que recoge el testigo con una historia similar. Se diferencia de aquella en la imagen -aquí, por momentos, con tratamiento documental- y un presupuesto mucho menor. Si termina conmoviendo es gracias a la naturalidad de la pequeña y encantadora Zoe Gavira.

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Sílvia Pérez Cruz y Eduard Cortés

Los desahucios están igualmente presentes en Cerca de tu casa, dirigida por Eduard Cortés y protagonizada por una novata en esto de actuar como es Sílvia Pérez Cruz, que también ha compuesto e interpretado las canciones que aparecen en la película. Es innegable su fijación por Bailar en la oscuridad (Lars von Trier, 2000), pero se mantiene lo suficientemente alejada de ella como para crear un discurso propio que, si bien no descubre nada nuevo -tal vez ni lo intente-, se muestra emotiva a la par que evita caer en cualquier tipo de maniqueísmo. Días después, Sílvia Pérez Cruz, ya descalza y con la melena suelta, cerró el festival con un memorable concierto en el Teatro Cervantes.

Las raciones de humor -tapas en algunos casos- no podían faltar. La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París, abrió con brío y risas la sección oficial: creo que nunca escuché al Teatro Cervantes soltar tanta carcajada. De eso se trata. Un consejo válido para este y casi todos los estrenos actuales: huyan de las imágenes de promoción y de las sinopsis con ínfulas de relatos. Por su parte, El futuro ya no es lo que era, dirigida por Pedro Barbero y protagonizada por Dani Rovira y Carmen Maura, es todo lo contrario: un insulto para el espectador. En Rumbos, de Manuela Burló Moreno, las risas están combinadas con el llanto y el azúcar dentro de un relato que coge de aquí y allá, recordando en su esqueleto a producciones como Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), para quedarse finalmente en un producto amable y bien hecho, que no es poco. Quatretondeta, de Pol Rodríguez y con Sacristán a la cabeza del reparto, opta por un comienzo surrealista y prometedor al que poco le falta en su parte final para terminar ahogándose en sus propias piruetas.

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Bárbara Goenaga, María Valverde, Koldo Serra, Ingrid García Jonsson y Julián Villagrán durante la rueda de prensa de “Guernika”

Guernika, de Koldo Serra, y Kóblic, de Sebastián Borensztein, tienen puntos en común. Ambas parten de oscuros sucesos históricos, destacan en el apartado técnico y sus relatos giran en torno a la relación amorosa de sus protagonistas. En el caso de Kóblic, casi un western crepuscular, no llega a molestar del todo, pero en Guernika empaña un fantástico trabajo que tiene su punto culminante, como no podía ser de otra manera, en el bombardeo que sufrió la población vasca por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana en abril de 1937 durante la Guerra Civil Española. En Kóblic echamos en falta una mirada más profunda sobre los llamados “vuelos de la muerte” que se llevaron a cabo en la última dictadura argentina, denominados así ya que desde el avión, a cientos de pies de altitud, arrojaban vivos a los detenidos al Río de la Plata. Es necesario resaltar el buen trabajo de María Valverde en Guernika y de la pareja formada en Kóblic por Inma Cuesta y un Ricardo Darín, aquí encarnado en un ex capitán de la Armada, alejado de sus últimos papeles. Tampoco podemos olvidar a Óscar Martínez, que ha obtenido en el festival el premio a mejor actor de reparto.

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Hubo tímidos gritos de sorpresa en la sala del cine Albéniz donde se leyó el palmarés: Callback, de Carles Torras, conseguía la Biznaga de Oro a la mejor película en detrimento de La próxima piel, preferida de la crítica. Ambas merecen reconocimiento. En Callback se narran las aburridas vivencias de Larry, un inmigrante latino en Nueva York. Pero en algún punto la rutina se quiebra. No sólo la de Larry: el público, en sus butacas, se ve igualmente sacudido. Ello, unido a un inquietante e inolvidable Martin Bacigalupo, entre otras virtudes y defectos, le ha valido para triunfar dentro de una sección oficial donde lo imaginable, lo presumible, suele ser lo que finalmente vemos en la pantalla. Pero a La próxima piel no le ha ido nada mal. La cinta de Isaki Lacuesta e Isa Campo ha conseguido el premio especial del jurado, el de mejor actriz (Emma Suárez), montaje y dirección. En ella, el regreso de un joven a casa tras ocho años desaparecido pondrá la vida de sus familiares y conocidos patas arriba. Nosotros, atentos observadores de todo ello, seremos los únicos encargados de responder a la pregunta que desde el comienzo nos ronda la cabeza.

elperdido

Las secciones Territorio Latinoamericano, Documentales y Zonazine siguen deparando sorpresas y alegrías. Sin olvidarnos de interesantes propuestas como Kauflanders, de Olaia Sendón, o Estirpe, de Adrián López (hermano de Xoel López), nos quedamos con la fresca mezcla de géneros que se dan cita alrededor de la mesa y el teatro en Los comensales, de Sergio Villanueva, y con El perdido. La película de Christophe Farnarier se basa, por un lado, en el Walden (1854) de Henry D. Thoreau, y por otro en el caso real de un hombre que desapareció en Jaén en 1994. Catorce años después le detuvieron robando en una finca y se supo que, tras no haber podido suicidarse al marcharse de casa, vivió en un cubo hueco de piedra y hormigón de cuatro metros de alto y siete de ancho que se había construido en plena naturaleza. Y eso es lo que Farnarier cuenta de forma admirable en El perdido. No hay diálogos ni apenas música más allá de los sonidos propios de esta aventura. Durante hora y media solo vemos a Adri Miserachs andar de un lado a otro, alimentarse, bañarse. Sobrevivir. Tal vez vivir. Contó Farnarier en la rueda de prensa posterior a la proyección que Miserachs, al que ya conocía, le dijo en una ocasión “que tenía muchas ganas de construirse una cabaña en el bosque y pasar allí un verano. Yo le dije que cuando lo hiciese me dejase acompañarle con mi cámara”. El filme se rodó durante treinta y cinco días a lo largo de un año y sin ensayos previos. El perdido ha obtenido los premios a mejor película, actor y director dentro de la sección Zonazine.

Fotos: Lorena Rodríguez (@lorena_twittea)

Conciertos, conciertos, conciertos

En estas dos últimas semanas, junto al Festival de Cine -del que en unos días algo publicaremos por aquí-, hemos disfrutado de un buen manojo de conciertos. Empezamos el pasado 15 de abril en La Cochera Cabaret con M-Clan, que presentaban su gira acústica Desarmados. Seguimos dos días después en el Teatro Cervantes con el memorable recital de Juan Perro junto a Joan Vinyals y Gabriel Amargant.

Durante abril se celebró el MaF 2016, que en esta ocasión ha contado con 178 actividades culturales repartidas en 80 espacios. La proyección en el Albéniz de En Granada es posible, la charla que Andrés Trapiello ofreció en el Centro Cultural Provincial, o una simpática cata de vinos literaria en la librería Proteo fueron algunas a las que asistimos. El MaF se despidió el día 21 en el Teatro Echegaray con el concierto Spanish Crooners, un proyecto que reúne a Javier Corcobado y Conde versionando a Scott Walker, Raphael, Serge Gainsbourg, Nino Bravo o Frank Sinatra junto a temas de sus respectivas carreras en solitario. La colaboración surgió hace unos años tras una edición de La Música Contada (¿recuerdan?) y tendrá continuación próximamente en una serie de actuaciones aún sin fechas confirmadas.

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Niño de Elche + Los Voluble: RaVerdial

Un día antes, Francisco Contreras (Niño de Elche) y Los Voluble presentaron RaVerdial en el Auditorio Edgar Neville dentro del ciclo La ciudad demudada organizado por La Térmica. La RaVerdial es definida como “una mezcla de rave (con toda la carga política y social de los orígenes de las fiestas underground) y verdiales (palo flamenco indisociable de la fiesta)”. Junto a Contreras y Los Voluble, encargados de las proyecciones y pirotecnias sonoras varias, encontramos sobre el escenario a Raúl Cantizano a la guitarra y a Pablo Peña, componente de los geniales Pony Bravo, manejando la caja de ritmos. En los apenas sesenta minutos que dura RaVerdial asistimos a una asombrosa combinación audiovisual del folclore más o menos popular -el flamenco, la Semana Santa, las fiestas de verdiales, el Rocío- con la política más actual, que es la del presente pero también la del pasado y, probablemente, la del futuro. Un espectáculo experimental a la par que emocional. Niño de Elche: escuchar y ver para creer.

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Sílvia Pérez Cruz. Foto: Ana Belén Fernández

El concierto de Sílvia Pérez Cruz en el Teatro Cervantes el pasado 1 de mayo sirvió para cerrar la 19 edición del Festival de Cine. Con todas las butacas ocupadas, Sílvia presentó su nuevo disco, Domus, que contiene las canciones que ha compuesto e interpretado para Cerca de tu casa, la película dirigida por Eduard Cortés sobre los desahucios ocurridos en España con motivo de la crisis económica.

Nuevos temas como Duérmete, VerdeNo hay tanto pan -himno instantáneo- se mezclaron en el repertorio con Pequeño vals vienés, una versión de Lluis Llach o la adaptación de un poema de Ana María Moix. Jazz, flamenco, rancheras o habaneras: parece ser que nada se le resiste. Notable y merecido protagonismo para su banda de acompañamiento, compuesta por violines, violonchelo, contrabajo, guitarra, percusión y hasta un arpa.  Hacia el final se embarcó en una extensa improvisación que aunó a Los del Río, María del Monte, Beyoncé, Amy Winehouse o Mercedes Sosa. Su estremecedora versión de Gallo rojo, de Chicho Sánchez Ferlosio, sirvió para cerrar más de dos horas de un concierto mayúsculo.

 

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[Concierto] Juan Perro Trío (Teatro Cervantes, 17.04.16)

En su libro El ritmo perdido (Península, 2012), Santiago Auserón ahondaba en un descubrimiento que cambió para siempre, tras una visita a Cuba, su forma de escuchar y componer canciones: la africanidad del rock tenía aquí, en nuestro país, precedentes. “Todo el folclore peninsular”, comentaba hace unos años en una entrevista para El País, “ha estado bajo el signo de la negritud, sin menospreciar las influencias musulmanas y judías. Esa riqueza explica la enorme capacidad de irradiación de la música popular española sobre otros países europeos y, desde luego, sobre América”. Un rastro musical que él comienza a seguir desde los tiempos de la invasión musulmana. Posteriormente terminará popularizándose, adoptando diferentes formas, en el Siglo de Oro gracias a Quevedo, Cervantes, Góngora o Lope de Vega.

Un asombroso viaje que, de alguna forma, es lo que viene proponiendo Auserón desde hace años, especialmente en Río Negro (2011) y Juan Perro & La Zarabanda (2013), sus dos últimas referencias hasta la fecha. Un periplo que también traslada a sus conciertos, mezclando una vasta gama de sonoridades con relatos que contextualizan lo que canta mientras descubren también, para el que aún lo ignore, a un formidable orador. De esta forma visitamos Cuba, Nueva Orleans, México o cruzamos el Misisipi mientras Compay Segundo, Louis Armstrong, Marilyn Monroe o Dostoievski se pasean por las distintas e impagables historias -ficción o realidad, qué más da- que nos cuenta entre canción y canción. Saboreamos, entre risas, el jazz y el blues, pero también el tango y el mar Mediterráneo. Una panorámica amalgama que desde el primer momento consigue maravillar al público del Cervantes.

En el repertorio incluido en las más de dos horas de concierto encontramos temas de sus discos en solitario –Río negro, Pies en el barroReina Zulú-, otras en proceso de gestación –Los inadaptados, Nada– y alguna concesión a épocas más juveniles –Semilla negra-. No podemos olvidarnos de sus dos escuderos, personajes primordiales en sus recitales en formato trío: Joan Vinyals -guitarras y coros- y Gabriel Amargant -saxofón y clarinete-, ambos espléndidos, se antojan imprescindibles en la propuesta actual de un Auserón que, con o sin micro, aulló en una noche para el recuerdo. Cuando desde el patio de butacas le gritaron “¡Santi, eres grande!”, él, afinando su guitarra, respondió “regular”. Tras lo vivido anoche ambos se quedaron cortos: Santi es un gigante.