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[Teatro] Souvenir (Teatro Echegaray, Málaga, 16/06/2017)

El joven periodista Solomon Shereshevski nunca registraba en papel lo que escuchaba o veía. Son célebres sus anécdotas en la redacción donde trabajaba o en algunos de los discursos a los que asistía en Moscú a comienzos del siglo XX. Allí, en esas convocatorias colmadas siempre de palabras, varios de los presentes pedían a Solomon que no anotara lo que se decía. Una vez concluida la sesión, el ruso era capaz de repetir toda conferencia, charla o entrevista de forma precisa y sin recurrir a ninguna artimaña. Algo similar ocurrió en la primera cita que mantuvo con el neuropsicólogo Alexander Luria, uno de los fundadores de la neurociencia cognitiva. Shereshevski recitó en la consulta del doctor series de letras, fórmulas matemáticas y hasta poemas en otras lenguas, lo que hizo, junto al resultado de diversas pruebas realizadas, que Luria lo diagnosticara como el primer caso de hipermnesia conocido. Es decir, Solomon no podía olvidar nada de lo que le sucedía por un inquietante exceso de memoria.

Por si fuera poco, tenía ligado ese fenómeno a la sinestesia, una facultad que permite asociar olores y colores a las palabras, entremezclando los sentidos. La cabeza de Shereshevski era un tornado que arrastraba consigo los lazos de unión existentes con familia y amigos. Souvenir, texto de Pablo Díaz Morilla, intenta sumergirse en la enrevesada vida de Shereshevski; todo un reto sobre cuyas complicaciones parecen querer advertirnos desde las tablas, al referirse a esta historia de olvidos y recuerdos como un relato probablemente incompleto, inexacto e inútil.

El desafío se extiende también a la hora de poner en funcionamiento el montaje. Fran Perea, en su primera pieza como director teatral, centra su atención en el triángulo formado por Steven Lance (Doctor Luria), Ángel Velasco (Solomon) y Esther Lara, que encarna a Magda, la pareja del protagonista. Las distintas interacciones entre los tres personajes desembocan con frecuencia en sustanciosas conversaciones entre Lance y Velasco, que buscan con ahínco un remedio para eliminar o suavizar el mal de Shereshevski. La borrascosa relación con su mujer o el agradecido número circense, ya hacia el final, ejercen de necesarias válvulas, permitiendo avanzar a una narración que por momentos parece enquistarse en su propio punto de partida. Perea se ocupa también de la música, elemento esencial junto a los juegos de luces y a una admirable escenografía que remite a las primeras películas de Robert Wiene, Fritz Lang y Murnau, trío fundamental a la hora de conformar el denominado expresionismo alemán, movimiento cultural que nació, precisamente, en los años en los que se desarrollan los actos intermedios de Souvenir. El resto de la faena lo completa una notable labor actoral, feliz circunstancia —y acierto— que se ha venido repitiendo en las distintas producciones de Factoría Echegaray.

Souvenir ofrecerá pases hasta el domingo 18 esta primera semana, y del miércoles 21 al domingo 25 la segunda, con doble sesión el sábado 24 ya que habrá función del vermú a partir de las 12.30 horas. Factoría Echegaray, proyecto nacido de una iniciativa de los teatros municipales, estrenará entre octubre y diciembre sus tres próximos montajes: 37 Guernica 17, Curso de autoayuda para perversos y otros colectivos y Hécate y la frontera.

Foto: Álvaro Cabrera / Teatro Echegaray.

[Teatro] La presa (Teatro Echegaray, Málaga, 09.03.2017)

La presa, escrita por Pablo Bujalance y dirigida por Eduardo Velasco, conforma junto a Los puercosEl proceso Rama el primer cuarteto de montajes que desde septiembre de 2016 ha ofrecido Factoría Echegaray, proyecto nacido de una iniciativa de los teatros municipales y de la Moción institucional relativa a la elaboración de un modelo cultural de las artes escénicas en Málaga, que daba voz a toda la profesión malagueña a través del colectivo TEMA. Muchos son los objetivos que persigue. Entre ellos, crear y consolidar un centro de producción de espectáculos propios, promocionar la escena local o ayudar a sostener un tejido reconocible para atraer públicos.

La presa nos zambulle en un almacén donde tres personas mantienen secuestrado a uno de los banqueros más poderosos del país. El jefe de los secuestradores es Saúl, un político que busca venganza tras salir de la cárcel. Pese a este último dato —escribir “político entre rejas” casi hace saltar el corrector automático del texto— hay que apuntar que no hablamos de una obra fantástica ni de ciencia ficción, sino de una realidad colorista y añeja descrita vivamente a través del local donde se encuentran encerrados los personajes. La obra parece estar anclada, eso sí, en un universo paralelo al nuestro: es la conclusión a la que podemos llegar tras escuchar en el noticiario las últimas consecuencias de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca o la narración de una fechoría sobresaliente cometida por un desenfrenado Pablo Bujalance. La presa es un thriller de tintes sociales bien planteado y mejor desarrollado que recordará inevitablemente a películas como Reservoir dogs (Quentin Tarantino, 1992), por citar aquí el ejemplo más sencillo y recurrente. La irrupción sobre las tablas de una descomunal Rocío Rubio (Fátima) inyectará nuevos dilemas éticos y morales a una trama que intenta zafarse tímidamente de lo que suelen brindar propuestas de similares características. El resto del reparto, siempre notable, lo completan Paco Inestrosa (Saúl), Virginia Nölting (Mara) y Miguel Zurita (Iván).

Monogamia, El último beso y Souvenir, dirigidas respectivamente por Nacho Albert, Jerónimo Cornelles y Fran Perea, serán las piezas con las que continuará la programación de Factoría Echegaray durante los meses de abril, mayo y junio.

Foto: Daniel Pérez (@danielperezfoto).

[Teatro] Los puercos

La primera convocatoria de Factoría Echegaray se realizó el pasado mes de febrero con la intención de incentivar la producción de espectáculos en Málaga. Hasta finales de marzo se presentaron propuestas que, en caso de ser elegidas, se exhibirían durante la temporada 2016-2017 en el Teatro Echegaray. Cinco proyectos, que cuentan con una dotación máxima de 25.000 € cada uno, fueron los escogidos por el Comité de Selección: Los puercos, RamaEl procesoLa presa y Souvenir.

Los puercos, de Ignacio Nacho, inauguró el 28 de septiembre Factoría Echegaray. Según su autor, la pieza está escrita de manera salvaje, colmada de cáustico humor. Y no anda descaminado, pero igualmente hay que apuntar que nos encontramos ante un texto en el que cuesta zambullirse de sopetón. Fernando Jiménez Salmerón -el chófer-, Juan Carlos Montilla -el padre-, y Andrés Suárez -el hijo-, los tres únicos y notables actores de Los puercos, se mueven dentro de una historia cuya escenografía -tenebrosa y minimalista- corre a cargo de la propia Factoría Echegaray. Elena Fernández Quadra se ha ocupado del vestuario y el guitarrista Ricky Vivar ha compuesto la música.

En la obra, los personajes regresan de la graduación del hijo en la universidad, pero tienen que detenerse debido a que la carretera está cortada porque un camión lleno de cerdos ha volcado. Tras discutirlo, deciden ir a dar caza a los marranos que se han escapado y andan sueltos por el bosque. Se desencadena entonces una sarta de diálogos que basculan entre la objetividad y la irrealidad, definiendo conceptos universales y filosóficos cuyas densas pretensiones no siempre terminan de cuajar. El humor que desprende de forma intermitente coincide con los mejores momentos de una obra asfixiante, atractiva y siempre reflexiva.

Los puercos permanecerá en cartelera de miércoles a sábado hasta el 15 de octubre, sumando un total de doce funciones. Las entradas para todas las representaciones tienen un precio único de 15 euros. Los próximos estrenos anunciados por la nueva factoría son Rama (del 2 al 19 de noviembre), El proceso (del 23 de noviembre al 10 de diciembre), La presa (del 22 de febrero al 11 de marzo) y Souvenir (del 27 de marzo al 8 de abril).

[Concierto] Javier Navas Quartet & Enrique Oliver (Teatro Echegaray, Málaga, 02.10.16)

javiernavas2016

El vibrafonista Javier Navas y su grupo aterrizaban en el Teatro Echegaray para presentar las canciones que componen Finally in my hands (Ambar Records, 2016), su primer trabajo discográfico. El álbum ha sido grabado en los Estudios FJR de Granada bajo la supervisión de Fernando J. Romero. A su banda habitual, compuesta por Juan Galiardo (piano), Bori Albero (contrabajo) y Dani Domínguez (batería), hay que sumar a Enrique Oliver (saxo tenor) que ha colaborado en tres de los diez temas que componen el disco. Oliver, además, se ha unido a los conciertos que han realizado en la última semana y que han concluido, de momento, con el directo ofrecido el pasado domingo en un Echegaray prácticamente lleno.

La actuación estuvo centrada por completo en la presentación de Finally in my hands. Tras el tema inaugural, Verdes curiosos, Navas invitó a subir a las tablas a Oliver, al que dio la bienvenida como “el quinto músico del cuarteto”. Inmediatamente atacaron El encanto del caos, acertado título, según palabras de Javier, para definir lo vivido en esas giras casi milagrosas, sin apenas descanso pero plenamente satisfactorias y llenas de improvisación también bajo los escenarios. La mezcla entre lo tradicional y lo contemporáneo arrastra su particular aroma incluso en Sky dive, pieza compuesta por el trompetista estadounidense Freddie Hubbard. En los numerosos solos destacan, además del saxo de Oliver, las notas de Galiardo y los golpes de Dani Domínguez, última incorporación a un cuarteto, por momentos quinteto, al que es harto complicado encontrarle fisuras.

El concierto de Javier Navas y compañía sirve de primer aperitivo a la trigésima edición del Festival Internacional de Jazz de Málaga, que se celebra en el Teatro Cervantes entre el 7 y el 13 de noviembre. Stanley Clarke, Al Di Meola, Lee Konitz o The Bad Plus son algunos de los nombres confirmados. Días antes podremos disfrutar, también en el Cervantes, de las actuaciones de Ernesto Aurignac recordando a Charlie Parker (21 de octubre) y la de Chucho Valdés junto al saxofonista Joe Lovano (25 de octubre).

[Crónica] Fee Reega Trío (Teatro Echegaray, Málaga, 18.07.16)

Fee Reega nació en la localidad de Balingen, perteneciente a Baden-Württemberg, estado federado del sur de Alemania. No muy lejos se sitúan ciudades emblemáticas como Ulm, al este, o Stuttgart, hacia el norte. Tübingen, donde estudió, vivió y murió el poeta Hölderlin, queda a unos pasos. Al oeste encontramos el excelente Biergarten Rauschbart de Horb am Neckar, Glatt y sus sabrosas tartas servidas en un castillo o la aburrida Freudenstadt. Finalmente nos topamos con la Selva Negra. Por aquellas tierras creció una Reega que, antes de instalarse hace unos años en Asturias, pasó por Berlín y Madrid siempre con proyectos musicales bajo el brazo. Además de su carrera más o menos en solitario, Fee canta y compone en Captains y Dead Hands, grupos donde encontramos folk, punk y rock ya sea en castellano, inglés o alemán. En 2014 editó el espléndido La raptora. Un año más tarde colaboró con Nacho Vegas en Mi novio es bobo y grabó Shoot, álbum compuesto de “canciones sobre disparos”, como ella misma lo definió durante su concierto en el Teatro Echegaray.

Un teatro para nosotros solos. Es lo que pudimos llegar a pensar tanto la banda como la treintena de personas que nos reunimos allí para presenciar un espectáculo incluido en la sección Márgenes del Festival Terral. Fee se presentó en Málaga en formato trío: Javier Bejarano -guitarras eléctrica y con arco- y Dani Donkeyboy -electric guitar- le acompañaron en todo momento, incluso en la inesperada Pito morado que alguien pidió desde el público y en donde canta que “todo lo que tienes que se puede chupar, yo lo he chupado”. Ambos crean las atmósferas necesarias para vestir y adornar unas canciones a las que Fee cuelga la etiqueta de “folk problemático”. Coplas que hablan del amor hasta las lágrimas –La cueva, Varsovia– pero también de niños asesinados –La raptora, su particular vampiro de Düsseldorf- y suicidios –La automuerte-.

Notable es su capacidad en nuestro idioma para, en pocas pinceladas, crear historias pobladas de inolvidables personajes. Es el caso de Wenedikt Eerofeev, el gran bebedor: “Es un fuerte bebedor, pero le quiero. Es un gran pensador, le respeto. Un hombre que sabe expresar sus dolores se merece que alguien le perdone sus errores […] Cuando me pega le pego yo también, y a veces se nos da muy muy bien […] Bebe como un agujero y habla como un cerdo, pero escribe que te quieres morir por ello”. A estas virtudes hay que añadir un carisma no muy habitual a la hora de llenar los vacíos entre canciones. Su acento ayuda. Nos cuenta que tienen copas -la levanta y bebe-, que en nuestra ciudad hace un “puto calor” y que ella no es asturiana como nos pretendía hacer creer en un principio. ¡Qué pilla! Siempre riza los pies al cantar. Y llega un momento en que es difícil apartar los ojos de ella.

Theo Travis y Robert Fripp (Teatro Echegaray, Málaga, 29-04-10)

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Hay una expresión directa y vulgar –elegida para cerrar este texto- que podría definir perfectamente el concierto de Travis y Fripp. El disco que publicaron hace ahora un par de años bajo el nombre de Thread se presentaba como “una colección de nuevas piezas improvisadas por Theo Travis, fundamental en la escena del proj-jazz, y Robert Fripp, pionero del ambient”. Desconozco la importancia del saxofonista inglés dentro de ciertas esferas, pero dudo de la última afirmación y tacho de falsa la primera. De improvisado no hay nada, ni siquiera a la hora de trasladar esos sonidos al escenario: una sucesión de anomalías pretendidamente evocadoras con un Fripp, estrella del show, en segundo plano, apático y tremendamente autocomplaciente -todo ello en poco más de una hora-. ¡Menudo coñazo!