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Oasis: Supersonic

oasis_supersonic2016Ocurrió en los campos de Knebworth, al norte de Hertfordshire, Inglaterra, los días 10 y 11 de agosto de 1996. Oasis ofrecieron allí dos conciertos que congregaron cada jornada a 125.000 personas. Podrían haber tocado diez días consecutivos si así lo hubieran querido, ya que se contabilizaron más de dos millones y medio de solicitudes para conseguir entradas. El dato aún abruma. El arranque hacia el estrellato había comenzado poco antes con la edición de Definitely maybe en 1994, imprescindible álbum de debut que alcanzó el número uno en las listas de Reino Unido. Solo un año después llegaba a las tiendas su continuación, (What’s the story) Morning glory?, que despacharía casi treinta millones de copias gracias a canciones como Don’t look back in angerChampagne supernova o Wonderwall. Los de Mánchester sacaron pecho y se proclamaron la mejor banda del mundo. Nosotros, jaleando sin descanso, les creímos. La resaca fue memorable, y la salida de su siguiente trabajo, el aún denostado Be here now (1997), marcaría el inicio de la inevitable cuesta abajo.

Oasis: Supersonic comienza y acaba con los multitudinarios conciertos de Knebworth, decisión tomada por el director Mat Whitecross (Sex & drugs & rock & rollLa doctrina del shock) y el productor James Gay-Fees, uno de los responsables de Amy (2015), para celebrar el vigésimo aniversario del gigantesco evento. Junto a Whitecross y Gay-Fees, también han ejercido de productores los hermanos Gallagher. Pese a no existir, según palabras del propio Whitecross, líneas rojas por parte de Liam y Noel a la hora de seleccionar material, lo cierto es que se echa en falta un contexto social y político sobre el que proyectar las andanzas del grupo en los dos años y medio que duró aquel irrepetible entusiasmo por sus canciones. Tampoco se hace referencia a Blur, banda seleccionada por los medios británicos para enfrentarlos a los mancunianos en un intento de emular la supuesta lucha que mantuvieron en los sesenta los Beatles y los Rolling Stones. Eliminado queda igualmente cualquier atisbo del llamado britpop, escena musical —ficticia o no— que contó entre sus filas con formaciones tan relevantes como Suede o Pulp y en la que Oasis quedaron inscritos con letras doradas.

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El abundante material inédito —que abarca sus primeros ensayos, actuaciones en directo o entrevistas— acapara, junto a unas resultonas animaciones, la mayoría del metraje. Las voces de Paul ArthursTony McCarroll y Paul McGuigan —componentes de los primeros Oasis—, Peggy Gallagher —madre de las criaturas— o Alan McGee —descubridor de la banda y fundador del sello Creation Records— nos entretienen con peripecias de todos los colores y recuerdan, aquí algo más serios, las secuelas que el grupo dejó en sus vidas. Liam y Noel no coincidieron personalmente durante la grabación de la película: la banda se separó en 2009 tras una fuerte discusión en París y desde entonces apenas se han dirigido la palabra. Sin embargo, hay momentos en los que parecen estar sentados uno frente al otro mientras beben cerveza y se lanzan divertidas pullas. Entre anécdotas e imágenes siempre suculentas se cuelan las canciones que salpican la narración. Y son ellas, ya sea interpretadas en una habitación o frente a miles de seguidores, las que finalmente nos conmueven. Comprobamos, tras dos décadas, que los Gallagher siguen sonando frescos, intensos y espléndidamente arrogantes.

Noel Gallagher – Noel Gallagher’s High Flying Birds

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Tras la disolución de Oasis, el caudal artístico, inevitablemente, se dividió en dos. Mientras que Liam Gallagher presentaba rápidamente a Beady Eye, Noel se tomó su tiempo. Ya en pleno verano anunciaba todos los detalles de sus primeros ¡dos discos! en solitario, siendo este High’s Flying Birds (Sour Mash, 2011) el que inauguraba una carrera que muchos llevaban años reclamando a gritos –tal vez, y qué lástima, todos aquellos que su hermano ya no puede entonar en directo-.

El álbum lleva el sello inconfundible del que fuera compositor y cantante ocasional de Oasis. Hay melodías y letras brillantes, épica no del todo forzada y potencia en una voz que ha mejorado con los años. Ahí están para corroborarlo The death of you and me, Broken arrow o un Everybody’s on the run que sorprende por demostrar que aún quedan en el mayor de los Gallagher ciertas ganas –y aptitudes- para intentar firmar momentos sin fecha de caducidad. Por el contrario, nos encontramos con el experimento fallido que es What a life, la alarmante intrascendencia de (Stranded on) the wrong beach y, sobre todo, con la decepción que suponen dos temas que llevaban años siendo candidatos a colarse en la discografía de Oasis; ambos, (I wanna live in my) record machine y Stop the clocks, se quedan en nada, vagando entre esa espesa niebla que ya aparecía en varias de las últimas composiciones de Noel, empezando por Little by little. El resto se completa con las correctísimas Soldier boys and Jesus freaks, If I had a gun –de rancia vestimenta- y un Dream on que lleva en la sangre algo de los suecos The Soundtrack of Our Lives.

Se podría decir que Noel ha optado en este debut en solitario por caminar por tierras ya sembradas y alejarse de territorios que nunca fueron de su incumbencia, algo que previsiblemente cambiará con su nueva entrega. Gustará a los fans y aburrirá a los de siempre. Ganará simpatías y perderá seguidores. El resto, si es que queda alguno por ahí, podrá disfrutar con algunos buenos temas y saltarse el resto. O viceversa, quién sabe.

Oasis – Dig out your soul

oasis_dig_out_your_soulTras las positivas sensaciones que nos dejó Don’t believe the truth (2005), muchos esperaban este disco con una ilusión que no se recordaba, salvando las distancias, desde los días previos al lanzamiento de Be here now (1997). El single de adelanto, The shock of the lightning, llegaba a finales de agosto; un explosivo pelotazo atiborrado de atractivos en donde se dan cita los rasgos sonoros más reconocibles de (los mejores) Oasis. Noel Gallagher comentaba días antes del lanzamiento de Dig out your soul (Big Brother/PIAS, 2008) que ”no es Britpop, dejemos eso de lado. No es lo que venimos haciendo normalmente. Es muy excitante; tres canciones tienen dos baterías, Zak y yo. Algunos de los sonidos son algo glam. No hay singles en él. Nos sorprendería que sonara algo más en la radio además del primer sencillo”.

En este séptimo disco, todos los integrantes de la banda continúan aportando canciones exceptuando al batería (Chris Sharrock reemplazó a Zak Starkey tras la grabación del álbum), algo que viene ocurriendo desde el flojísimo Heathen chemistry (2002). Por un lado, Andy Bell (bajo) cuela The nature of reality, un tema con ciertas reminiscencias glam y una batería que tiene incrustada el espíritu de John Bonham. Gem Archer (guitarra) nos obsequia con To be where there’s life, una pieza pretendidamente hipnótica, sin rastro de guitarras, y en donde la sección rítmica la componen el sitar (un zumbido constante que no termina de encontrar cuerpo) y una línea de bajo que recuerda a las genialidades de McCartney en Revolver. Ambas resultan interesantes en su concepto y suenan diferentes a cualquier cosa grabada por el grupo, pero difícilmente se considerarán hits de altura en años sucesivos (ni falta que hace, por otro lado). Podríamos decir lo mismo de Ain’t got nothing y Soldier on, ambas compuestas por el menor de los Gallagher. Mientras que la primera es un rock’n’roll pasable que mira directamente a los ojos de sempiternas referencias como los Who y los Sex Pistols, la segunda sirve para cerrar el álbum con acertados matices sónicos pero sin ningún tipo de alarde tal vez esperado. La tercera composición de Liam es I’m outta time, una pieza de dulce melodía y lacrimógenos textos (‘Cos if I am to go / In my heart you’d grow / And that’s where you belong) que cuenta en su parte final con un sample extraído de una entrevista a John Lennon (“As Churchill said its an Englishmans right to live where the hell he likes. What’s England going to do, vanish? It’s not going to be there when I get back?”).

 

Por otro lado, demostrado queda, una vez más, la distancia cualitativa a la hora de escribir canciones que separa a Noel del resto de sus compañeros. El Jefe de todo esto firma seis composiciones más que notables, comenzando con la psicodelia machacona de Bag it up, una sorprendente y apabullante apertura para este Dig out your soul. The turning se destapa con un estribillo demoledor y en Waiting for the rapture (que cuenta con un inicio calcado al Five to one de los Doors) Noel nos descubre lo apasionado que puede llegar a ser un hijo nacido de las entrañas del glam y la psicodelia. En (Get off your) high horse lady juguetea con el blues (lisérgico) sin llegar a brillar, algo que si consigue en Falling down, un tema donde mezcla con acierto sus experiencias electrónicas junto a los Chemical Brothers y su consabida pasión por los Beatles. Además, le da tiempo a firmar uno de los mejores singles en años (la ya citada The shock of the lightning) e incluir meritorios textos llenos de matices oscuros, enigmáticos y algo psicotrópicos en sus canciones. Por tanto, ¿es buena la democracia compositiva dentro del grupo?

 

“Oasis han hecho el tercer mejor disco de su carrera. Así de claro. Cuando ya no hay grupos nuevos que peten. Cuando todo es políticamente correcto. Cuando ya no queda mala hostia en el rock. Cuando ya no queda emotividad en el pop. Es entonces cuando vienen los Gallagher y se hacen un discazo que suena como un elefante cayendo del cielo justo en el centro de la piscina de tu barrio. Cuando vuelven los hits. Cuando vuelven a ser “Supersónicos”. Cuando les vuelven a remezclar los Chemical Brothers y el temón se lo baila hasta un muerto. Cuando más hacían falta. ¡Ahora es cuando!” (Discos Revolver). ¿Tercer mejor disco de su carrera? ¡Por supuesto!

The Brit Box

brit_boxMás o menos todos conocemos los suculentos Boxed Sets con los que nos deleita Rhino cada cierto tiempo. Ahí están algunos ya clásicos y preferidos del que escribe como The Last Waltz (The Band), The Look Of Love: The Burt Bacharach Collection o el brutal Five Guys Walk Into a Bar… de los Faces (podríamos seguir babeando con el de Ray Charles, por ejemplo, o con las distintas ediciones de los famosos nuggets). Sin embargo hoy nos centramos en The Brit Box, un delicioso box-set editado a finales del año pasado.

The Brit Box: U.K. Indie, Shoegaze And Brit-Pop Gems Of The Last Millenium (Rhino, 2007) consta de cuatro compactos repletos de parte de la música más representativa en el Reino Unido durante los quince años que van desde 1984 a 1997. Un total de 78 canciones, ordenadas cronológicamente, que tiene paradas obligatorias en corrientes tan representativas de la época como el shoegaze o el brit-pop. Dentro de la selección nos encontramos a grupos con gran repercusión comercial (The Smiths, Oasis), otros que pasaron con mayor pena que gloria (Eugenius, The Family Cat) y aquellos que flotaron en algún espacio intermedio.

Cada cd se centra en un periodo y sonido en concreto. En el primero (1984-1990) podemos escuchar a grupos seminales como The Jesus And Mary Chain o The Stone Roses y parte de la escena Madchester (Primal Scream, Happy Mondays). El segundo (1990-1993) se mete de lleno en bandas como My Bloody Valantine mientras que el tercero (1994-1995) nos recuerda que el brit-pop valió la pena (Blur, Pulp, Suede, etc). En el cuarto y último disco (1996-1997) se hace un repaso a la escena que señalaría el camino a seguir a partir de entonces (The Verve, Spiritualized o Super Furry Animals son algunos de los invitados).

El box-set incluye un libreto de 80 páginas con entrevistas, biografías y ensayos de productores de la época como Alan McGee, fundador de Creation Records y descubridor de bandas tan relevantes como The Jesus And Mary Chain, Oasis o Primal Scream. La presentación, como podéis observar en la foto, está muy cuidada. Al fin y al cabo, estamos hablando de Rhino Records.

Oasis – Stop the clocks

oasis_stoptheclocksStop the clocks (Sony, 2006) se presenta como el primer disco recopilatorio de Oasis, si obviamos aquel compendio de caras-b llamado The masterplan editado en 1998. Los Gallagher se han visto obligados a reunir algunas de sus canciones preferidas en un doble álbum ya que Sony, discográfica con la que terminaban contrato, no se iba a quedar de brazos cruzados mientras veía cómo se alejaban definitivamente. El caso es que, ya sea por joder o bien porque el criterio de los hermanos es oscuro y algo retorcido, aquí no está lo mejor de los británicos ni lo más vendido. Es decir, se entiende que lo más vendido no coincida con lo más lustroso del grupo, pero es incomprensible que temas como Whatever se queden fuera mientras dos canciones de su último disco se cuelan. De todas formas, casi siempre ocurre lo mismo con esto de los recopilatorios: es difícil que todo el mundo quede satisfecho, y más tratándose de una banda que cuenta con bastante material aprovechable. ¡Pero es que tampoco se entiende muy bien que cada compacto dure menos de cuarenta y cinco minutos! Algunos incluso se preguntan por qué no hay ninguna canción nueva, algo totalmente comprensible viendo cómo está el mercado actualmente (que si canciones extras, que si remasterizaciones, ediciones “de lujo” con DVD a precio desorbitado -como es el caso-, etc…). Todo ello no es obstáculo para que, en estos casi noventa minutos de música (como un partido de fútbol, sólo que sin descuento), podamos gozar con piezas que, en algunos casos, representan a una de las bandas británicas de mayor relevancia de los 90.

Todos sabemos cuáles son los mejores momentos del grupo, y ellos también: se incluyen hasta diez temas de sus dos primeros discos (Definitely maybe y Morning glory), y otros cuatro que se editaron como caras-b en el mismo período. Y es que Oasis, en esos tres años mágicos (del 94 al 96), podrían haber hecho un par de discos más sin temor a repetirse o a parecer mediocres. Había poco que desechar y mucho que editar, algo que hicieron pero dentro de los singles oficiales, cuando, además del exitazo, se incluía material inédito y no remezclas para olvidar una y otra vez. Junto a clásicos como Live forever, Wonderwall o Champagne supernova encontramos esas cuatro brillantes caras-b de las que hablamos, todas cantadas por Noel excepto Acquiesce, donde comparte protagonismo con su hermano. Es increíble cómo estos temas han conseguido el estatus de “clásicos” dentro del repertorio de la banda: Talk tonight, The masterplan y Half the world away probablemente conforman los momentos más emocionantes, junto a Don’t look back in anger, cuando la voz es de Noel. No faltan los momentos más guitarreros (Rock’n’roll star, Some might say, Supersonic o Morning glory), ni la mejor composición de Liam (Songbird), ni tampoco uno de mis temas favoritos del grupo, Slide away (el preferido de Paul McCartney, al menos hace unos añitos). Sin embargo, Noel nos demuestra una vez más su aplastante desprecio a Be here now (Sony Music, 1997) no incluyendo nada de nada. “Cuando eres un cocainómano, cada guitarrazo que das te parece que es magnífico”. Pues muy bien que diga eso, pero Don’t go away, incluida en aquel apabullante álbum (en todos los sentidos), es una de las mejores baladas del grupo.

Stop the clocks es un álbum muy prescindible para la parroquia Gallagher, si bien es cierto que los ateos pueden encontrar canciones con las que entretenerse en los próximos días, meses e incluso años. O no. Por cierto, los japoneses sí que tienen descuento, ya que al final del segundo CD pueden escuchar Roll with it y Let there be love. Bien por ellos.

Oasis – Heathen chemistry

oasis_heathenTras la decepción que supuso para muchos Standing on the shoulder of giants (2000), la banda de los hermanos Gallagher edita Heathen chemistry (2002). Un álbum que deja a un lado la experimentación y la oscuridad de su anterior trabajo para centrarse en los sonidos de sus dos primeros y más aclamados discos. Sin embargo la fórmula no funciona correctamente, y lo que encontramos son piezas que nos hacen añorar aquella gloriosa temporada de mediados de los noventa. Por otro lado, una de las grandes novedades es la aportación de temas por parte de todos los integrantes de la banda (exceptuando al batería Alan White).

The hindu times abre fuego de forma contundente. Una canción que gira de forma constante alrededor de un pegajoso riff y que Noel compuso, según sus propias declaraciones, para que alcanzara el número uno en las listas de ventas (algo que consiguió). Pese al esperanzador comienzo, tras Force of nature (que ya apareció en la película Love, honour & obey del 99) y Hung in a bad place (de Gem Archer) las vibraciones empeoran de forma considerable, al tratarse ambos de ese tipo de temas que se componen y graban con el piloto automático encendido.

Para Stop crying your heart out, el baladón del álbum, Oasis se apoyan en letras esperanzadoras y en unos efectivos arreglos de cuerda a cargo de Will Malone (que ha trabajado, entre otros, para gente como Massive Attack o Faithless), con un resultado más que notable y que la convierte en una de las preferidas desde las primeras escuchas. Lo mismo ocurre con Songbird, la primera de las tres composiciones de Liam. Un precioso tema practicamente acústico que deja en pañales a la caprichosa e infantil Little James(su primera aportación incluida en el Standing on the shoulder of giants). Dos escasos minutos donde muestra -una vez más- su intensa obsesión por Lennon, y la jugada le sale redonda.

A partir de aquí, la cuesta abajo es inevitable. Little by little, el highlight de Noel, no pasa de ser un medio tiempo previsible, típico y poco inspirado musicalmente, al igual que la instrascendente pieza instrumental que es A quick peep de Andy Bell. La luminosa(Probably) all in the mind cuenta con la colaboración de Johnny Marr en el solo de guitarra sin aportar nada sustancial, y She is love, acústica compuesta por Noel, no pasaría de ser una cara b aceptable hace solo unos años. Para el final quedan las otras dos aportaciones del menor de los Gallagher. Born on a different cloud insiste en su acercamiento a su beatle fetiche pero de forma más oscura y psicodélica que en anteriores ocasiones, con un resultado que no termina de cuajar. Better man, sin embargo, se basta de guitarras más stonianas y un par de versos chulescos para convencer sin artificios.

Heathen chemistry es un álbum que no sorprende prácticamente nada (Be here now y Standing on the shoulder of giants, a su modo, sí lo hacían) y que busca, tal vez, el no perder más seguidores, algo que ha venido ocurriendo con sus dos anteriores trabajos. Una vez vale, pero esperemos que no sea el disco a grabar en futuras ocasiones y de forma recurrente.

Oasis – Don’t believe the truth

oasis_dontbelievethetruthDespués de aquel pequeño paso hacia el camino de siempre que fue Heathen chemistry (Sony-BMG, 2002), Oasis editan Don’t believe the truth (Sony-BMG, 2005), sexto álbum de estudio que trae consigo la novedad de Zak Starkey -hijo de Ringo- como nuevo batería tras la marcha de Alan White. Dave Sardy se ha ocupado finalmente de la producción, tras no cuajar la colaboración de los Gallagher con Death in Vegas. Las aportaciones por parte de toda la banda aumentan en cantidad y calidad, dejando a Noel con solo cinco temas suyos de los once que componen el álbum. Lo que hace años podría haber sido algo impensable y tal vez negativo, ahora se confirma como el principal factor del sonido actual del grupo, más compactado y definido pese a aportar poco a lo hecho hasta el momento.

Liam no llega al nivel de Songbird pero cumple con sus tres composiciones. Love like a bomb, con la voz a lo Lennon (y van…), es lo más parecido a sus anteriores piezas: corta, de letra apacible y con una parte final que saca a la canción de la mediocridad. En The meaning of soul, estrenada hace ya un año en Glastonbury, el ritmo lo marcan unas guitarras acústicas y batería que acompañan a un Liam empeñado, tal vez, en sonar a una especie de Elvis enloquecido. Fascinante mezcla para un tema que se disfrutará, seguro, más en directo. Guess God thinks I’m Abel, de tremendo título, sirve para confirmar los derroteros del álbum en general (adios a los muros de guitarra), ayudados de una melodía campestre y reconciliadora que, hacia el último minuto, incluye un drástico cambio de dudoso gusto.

A bell will ring, de Gem Archer, pasa sin pena ni gloria. Se agradecen, eso si, las guitarras eléctricas que, como hemos comentado, no tienen mucho protagonismo a lo largo del disco. Turn up the sun y Keep the dream alive son las dos aportaciones del bajista Andy Bell. La primera supera la prueba con nota, encajando perfectamente como contundente y sobresaliente apertura del disco. La segunda, sin embargo, se pierde en un excesivo minutaje siendo una de esas canciones que gustará a los fans del típico sonido de la banda pero que dejará algo indiferentes a otros. A destacar la magnífica interpretación de Liam.

El trabajo más representativo de Noel Gallagher para Don’t believe the truth se sostiene en las cinco canciones que ha compuesto. El single, Lyla, de nuevo perfecto para convertirse en un nuevo número uno, hace gala de aquel sonido loco y esquizofrénico de Be here now (Sony-BMG, 1997) pero apoyado en una banda que toca mejor y con la cabeza no tan llena de pajaritos. Desde los Who a los Beatles, pasando por los Stones, Velvet o Dylan, Noel no esconde sus influencias, cogiendo de aquí y allá para hacer cosas sorprendentes como Mucky fingers, tal vez el mejor corte del álbum. Partiendo de un ritmo similar al de I’m waiting for the man de la Velvet, Noel se desmarca con un pieza redonda, culminada con una de las mejores letras que ha escrito en años (junto a las otras dos que canta) y un solo de armónica totalmente excitante y desafinado. Part of the queue, con la colaboración del percusionista cubano Lenny Castro, y The importance of being idle -de lo más destacado-, completan un triplete difícil de superar para el mayor de los Gallagher.

Como colofón final se incluye Let there be love, conocida ya gracias a las demos del Standing on the shoulder of giants (Sony-BMG, 2000). El tema, con la voz de Liam en estado de gracia, cuenta con la intervención de su hermano hacia la parte central (algo que no ocurría desde Aquiesce). Las guitarras acústicas y el piano revolotean lánguidamente en el tema más beatle del disco. Buen broche final.

Don’t believe the truth se nos presenta como un trabajo diferente dentro de la discografía de Oasis. Menos guitarras eléctricas y más percusión y guitarras acústicas. Todo ello dentro de un sonido menos británico, más sosegado y compacto, pese a las notables diferencias existentes entre las canciones que incluye. El resultado es bueno y nos hace mirar al futuro del grupo con más esperanzas que hace tres años.

Oasis en Madrid

El sábado por la noche estuve viendo a Oasis en el Palacio de Deportes de Madrid. Como telenores traían a The Coral, grupo al que sigo desde su primer trabajo. Tocaron algunas del último disco y cosas más conocidas como Goodbye, Dream of you o Pass it on. La verdad es no me esperaba un sonido tan correcto como el que tuvieron. Tenía interés en ver y escuchar como sonaban las canciones en directo, ya que contienen arreglos y sonidos muy vistosos. Y no me defraudaron, todo lo contrario. Como curiosidad, comentar que utilizaron un arco de violín para tocar la guitarra eléctrica al estilo Jimmy Page (no recuerdo en que tema, la verdad). El ambiente estaba propicio para la salida de los Gallagher, mientras nos ponían cosas como el Dear Mr. Fantasy de Traffic o Be my baby.

Oasismadrid

Liam Gallagher

El grupo hizo su aparición como viendo siendo habitual desde hace algunos años con Fuckin’ in the bushes. Del último disco tocaron Turn up the sun (ideal para comenzar el concierto), Lyla, A bell will ring (esta gana en vivo), Guess God thinks I’m Abel y The meaning of soul (estas dos últimas en los bises). Y las que viene realizando Noel en la última gira: Mucky fingers y The importance of being idle. Desgraciadamente, estas dos últimas no estuvieron a la altura y es evidente que pierden fuelle respecto a sus respectivas versiones de estudio. Además, se notaba que Noel tenía algún problema a la hora de cantar. Cosa que no se apreció (o no nos dimos cuenta) en The masterplan, una de las mejores canciones del grupo y de lo mejor del concierto para el que escribe. También rescataron Aquiesce una que tendría que ser fija en sus actuaciones (y donde todo el grupo estuvo espléndido).

El resto de canciones fueron algunos clásicos. Y es que de los tres discos restantes pasan totalmente, una decisión algo errática a mi entender. Morning glory o Cigarettes & alcohol suenan bien y siguen enganchando igual, pero no estaría mal dejar fuera de vez en cuando Wonderwall (al menos la versión eléctrica), Champagne supernova o Live forever (aunque esta, por la guitarra, que se quede). Se disfrutó, pero hay muchos temas que en directo tienen que sonar mucho mejor. Además, serviría para darle un poco de movilidad al setlist (apenas tres o cuatro variaciones desde que comenzaron la gira en abril o mayo, no recuerdo bien). Para el final dejaron Don’t look back in anger y la versión del My generation de los Who que Liam Gallagher dedicó a los mods.

Foto: El País

Diez años de Morning Glory

oasis1El 3 de octubre de 1995 se editaba What’s the story (morning glory)? de Oasis. Un disco esencial para entender aquel movimiento que se denominó brit-pop y del que ahora, por lo visto, se reniega bastante. Gente como Blur, Pulp o los propios Oasis hicieron que Inglaterra gozara de nuevo del prestigio perdido tras el grunge, Nirvana y el suicidio de Kurt Cobain.

Los hermanos Gallagher habían triunfado ya con su primer disco, Definitely maybe (1994), gracias sobre todo a un buen puñado de singles arrebatadores como Supersonic, Live forever o Shakermaker. Para navidades llegaría la inédita Whatever (con sonido más beatle que nunca) y posteriormente se meterían de nuevo en el estudio para grabar su segundo álbum, que llevaría al grupo a la conquista del mundo entero durante el año 96.

En la grabación de Morning glory hubo peleas y problemas (Noel persiguiendo a Liam con un bate, por ejemplo), pero el resultado final resultó sobresaliente. Había más pop y menos distorsiones, las influencias de siempre (Beatles, Stones, T-Rex, Neil Young, Sex Pistols…) y muchas canciones redondas.

oasis2Además de las más conocidas como Wonderwall o Don’t look back in anger, el disco cuenta con pildorazos energéticos instantáneos (Hello, Roll with it y Morning glory), alguna balada (Cast no shadow, dedicada a Richard Ashcroft) y alguna concesión al sonido brit-pop (She’s electric). Por encima en cuanto a calidad pondría a Some might say y Champagne supernova. La primera es una pieza algo psicodélica y que cuenta con unas guitarras marca de la casa (además de una extraña y evocadora letra). La segunda cierra el disco de forma apabullante con la participación de Paul Weller a la guitarra. De mis preferidas no solo del disco, sino también de toda la carrera del grupo.

Casi nunca me decido entre este y el Definitely maybe, ambos están muy bien. Lo cierto es que en Morning glory el sonido se suaviza algo y todo resulta más “comercial” (aunque no me guste el termino), nada malo por otro lado. En definitiva, una gran colección de canciones para disfrutar una y otra vez.