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Oasis: Supersonic

oasis_supersonic2016Ocurrió en los campos de Knebworth, al norte de Hertfordshire, Inglaterra, los días 10 y 11 de agosto de 1996. Oasis ofrecieron allí dos conciertos que congregaron cada jornada a 125.000 personas. Podrían haber tocado diez días consecutivos si así lo hubieran querido, ya que se contabilizaron más de dos millones y medio de solicitudes para conseguir entradas. El dato aún abruma. El arranque hacia el estrellato había comenzado poco antes con la edición de Definitely maybe en 1994, imprescindible álbum de debut que alcanzó el número uno en las listas de Reino Unido. Solo un año después llegaba a las tiendas su continuación, (What’s the story) Morning glory?, que despacharía casi treinta millones de copias gracias a canciones como Don’t look back in angerChampagne supernova o Wonderwall. Los de Mánchester sacaron pecho y se proclamaron la mejor banda del mundo. Nosotros, jaleando sin descanso, les creímos. La resaca fue memorable, y la salida de su siguiente trabajo, el aún denostado Be here now (1997), marcaría el inicio de la inevitable cuesta abajo.

Oasis: Supersonic comienza y acaba con los multitudinarios conciertos de Knebworth, decisión tomada por el director Mat Whitecross (Sex & drugs & rock & rollLa doctrina del shock) y el productor James Gay-Fees, uno de los responsables de Amy (2015), para celebrar el vigésimo aniversario del gigantesco evento. Junto a Whitecross y Gay-Fees, también han ejercido de productores los hermanos Gallagher. Pese a no existir, según palabras del propio Whitecross, líneas rojas por parte de Liam y Noel a la hora de seleccionar material, lo cierto es que se echa en falta un contexto social y político sobre el que proyectar las andanzas del grupo en los dos años y medio que duró aquel irrepetible entusiasmo por sus canciones. Tampoco se hace referencia a Blur, banda seleccionada por los medios británicos para enfrentarlos a los mancunianos en un intento de emular la supuesta lucha que mantuvieron en los sesenta los Beatles y los Rolling Stones. Eliminado queda igualmente cualquier atisbo del llamado britpop, escena musical —ficticia o no— que contó entre sus filas con formaciones tan relevantes como Suede o Pulp y en la que Oasis quedaron inscritos con letras doradas.

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El abundante material inédito —que abarca sus primeros ensayos, actuaciones en directo o entrevistas— acapara, junto a unas resultonas animaciones, la mayoría del metraje. Las voces de Paul ArthursTony McCarroll y Paul McGuigan —componentes de los primeros Oasis—, Peggy Gallagher —madre de las criaturas— o Alan McGee —descubridor de la banda y fundador del sello Creation Records— nos entretienen con peripecias de todos los colores y recuerdan, aquí algo más serios, las secuelas que el grupo dejó en sus vidas. Liam y Noel no coincidieron personalmente durante la grabación de la película: la banda se separó en 2009 tras una fuerte discusión en París y desde entonces apenas se han dirigido la palabra. Sin embargo, hay momentos en los que parecen estar sentados uno frente al otro mientras beben cerveza y se lanzan divertidas pullas. Entre anécdotas e imágenes siempre suculentas se cuelan las canciones que salpican la narración. Y son ellas, ya sea interpretadas en una habitación o frente a miles de seguidores, las que finalmente nos conmueven. Comprobamos, tras dos décadas, que los Gallagher siguen sonando frescos, intensos y espléndidamente arrogantes.

The Beatles – Eight days a week. The touring years

beatles_eight_days_week_poster_howard-209x300Eight days a week se pudo ver en algunos cines de nuestro país del 15 al 22 de septiembre. Días antes, y solo por una noche, se proyectó One more time with feeling (Andrew Dominik, 2016), relato de la gestación del espeluznante nuevo disco de Nick Cave. Por esas fechas también contó con un exclusivo pase nocturno Havana moon (Paul Dugdale, 2016), película sobre el histórico concierto que los Rolling Stones ofrecieron en Cuba el pasado 25 de marzo. No son muy comunes por aquí estrenos tan extraordinarios —también, ojo, en el precio de las entradas—, pero siempre son bienvenidos para un sector del público acostumbrado a consumir este tipo de productos directamente en formatos domésticos. Está por ver si se trata de una tendencia o, siendo sensatos, una feliz casualidad que nos ha traído el otoño.

Eight days a week. The touring years, dirigida por Ron Howard, se suma al inmenso material audiovisual existente sobre los Beatles. Centrado en la alocada carrera del grupo entre 1962 y 1966, la cinta muestra desde sus primeras actuaciones en The Cavern Club hasta su último concierto en San Francisco. Una de las consecuencias de aquel ajetreo, de aquella desatada Beatlemanía, fue el agotamiento físico de la banda. A la promoción de los nuevos lanzamientos, el rodaje de películas y los constantes desplazamientos, se sumaban unos conciertos en donde apenas se oían entre ellos. A partir del 67 se encerrarían en el estudio y abandonarían las giras. En Abbey Road continuarían alumbrando obras para el recuerdo —entre ellas, Sgt. Peppers o Let it be— hasta su disolución en 1970.

Las intervenciones de Sigourney Weaver, Whoopi Goldberg, Elvis Costello o Jon Savage, entre otros, se mezclan con las aventuras de los Fab four. Unas andanzas narradas siempre con un tono afable y luminoso si exceptuamos los convenientes apuntes sobre la segregación racial. No encontramos aquí, más allá de una leve mención a la marihuana, ni rastro de drogas, tan influyentes en el sonido del grupo —y en sus vidas personales— a partir del confinamiento en el estudio de grabación. Las abundantes imágenes inéditas se mezclan con soltura con lo ya conocido, dentro de un montaje en donde se suceden de forma vertiginosa actuaciones del grupo junto a los gritos histéricos de sus seguidoras. Hay que apuntar que tras el documental, y a modo de epílogo, se han proyectado treinta minutos de la actuación que ofrecieron el 15 de agosto de 1965 ante más de 55.000 espectadores en el Shea Stadium de Nueva York.

Producido por Apple Corps y rodado con la colaboración de Paul McCartney, Ringo Starr, Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison, Eight days a week no descubrirá nada nuevo a sus seguidores, pero el regocijo que supone repasar una vez más la vida del grupo en unas espléndidas condiciones técnicas es de agradecer. Por último, conviene alegrarse por aquellos jóvenes que en soledad o acompañados de sus padres, parejas o amigos, descubrirán por primera vez una historia abarrotada de humor, encanto y un excesivo número de canciones impecables.

[Crónica] XIX Festival de Málaga. Cine Español

La decimonovena edición del Festival de Málaga. Cine Español ha sido la última con su actual denominación. A partir del año que viene habrá que sumar la preposición “en” a su nombre. Cine en español. Es decir, el festival, en su sección oficial, podrá albergar películas latinoamericanas. Hasta el momento únicamente entraban a concurso dentro de la sección Territorio Latinoamericano o, en la principal, si se trataban de coproducciones. El director del evento desde 2012, Juan Antonio Vigar, no cree en una posible amenaza para otros certámenes como el de San Sebastián o el iberoamericano de Huelva. “Hay suficientes películas de veinte países como para que tengamos nuestro hueco”, comentó en una entrevista concedida a El País hace unos días.

Pensamos que el cambio será positivo. Las películas a concurso en la sección oficial han vuelto a mostrar un nivel discreto. La incorporación de material latinoamericano, además de un mayor aumento de la competencia, conformará una selección más acorde con las pretensiones de un festival que sigue creciendo en números y propuestas. Algunos datos: la recaudación de taquilla ha aumentado un 12,6% (se han vendido 2.648 entradas más que en 2015) y las sesiones programadas un 7,2%. La organización ha fijado ya sus fechas para la celebración de la vigésima edición, que tendrá lugar del 17 al 26 de marzo de 2017.

 

toroToro, fuera de concurso, abrió el festival. Kike Maíllo, su director, nos presenta un thriller sobre la familia -en todos los sentidos- con un José Sacristán en el papel de insípido Padrino. Toro cae en uno de los mayores males de nuestro cine: la previsibilidad. Todo lo que vemos ha pasado antes por nuestros ojos una y mil veces. Incluso los títulos introductorios fusilan sin atisbo de piedad los de True detective. Algo similar ocurre con Acantilado, dirigida por Helena Taberna. En ella, Gabriel (Daniel Grao) busca a su hermana pequeña tras el suicidio colectivo de una secta en Canarias de la que ella era adepta. Y es una lástima que todo transcurra plácidamente y sin sorpresa alguna, ya que el arranque de la historia, su notable fotografía o el plantel de actores -que no de personajes- merecían mejor suerte.

La situación económica en nuestro país sigue salpicando muchos guiones, libros, canciones. La sección oficial ha contado con hasta cuatro películas centradas en las consecuencias de la crisis. En La punta del iceberg, Sofía Cuevas (Maribel Verdú) es la encargada de realizar un informe sobre el suicidio de tres empleados de una multinacional. Basada en hechos reales -entre los años 2008 y 2009 se registraron un total de treinta y cinco suicidios en France Télécom-, la cinta de David Cánovas, en un grato ejemplo de contención, consigue atrapar al espectador y encerrarlo entre frías paredes llenas de trabajadores aterrados. “El fin justifica los medios” o “vivir para trabajar”, entre otras lindezas, podrían resumir con acierto algunas de las sensaciones que deja el filmePor otro lado, El rey tuerto traslada a la pantalla la obra teatral de Marc Crehuet. Dirigida por él mismo y con el reparto original, la película relata el encuentro entre un un policía antidisturbios y un documentalista social que pierde un ojo en una manifestación. Tal vez desconcertante sea una de las palabras adecuadas para definir esta comedia dramática trufada de lugares comunes pero acertada en la idea global que plantea: ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Conviene recordarlo.

El año pasado, Techo y comida, de Juan Miguel del Castillo, se alzaba con el premio del público y Natalia de Molina, su protagonista, recibía la Biznaga de Plata a la mejor actriz. En ella una madre soltera y sin trabajo y su hijo de ocho años intentaban salir adelante con la constante amenaza de quedarse sin un sitio donde vivir. Ahora es Zoe, de Ander Duque, la película que recoge el testigo con una historia similar. Se diferencia de aquella en la imagen -aquí, por momentos, con tratamiento documental- y un presupuesto mucho menor. Si termina conmoviendo es gracias a la naturalidad de la pequeña y encantadora Zoe Gavira.

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Sílvia Pérez Cruz y Eduard Cortés

Los desahucios están igualmente presentes en Cerca de tu casa, dirigida por Eduard Cortés y protagonizada por una novata en esto de actuar como es Sílvia Pérez Cruz, que también ha compuesto e interpretado las canciones que aparecen en la película. Es innegable su fijación por Bailar en la oscuridad (Lars von Trier, 2000), pero se mantiene lo suficientemente alejada de ella como para crear un discurso propio que, si bien no descubre nada nuevo -tal vez ni lo intente-, se muestra emotiva a la par que evita caer en cualquier tipo de maniqueísmo. Días después, Sílvia Pérez Cruz, ya descalza y con la melena suelta, cerró el festival con un memorable concierto en el Teatro Cervantes.

Las raciones de humor -tapas en algunos casos- no podían faltar. La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París, abrió con brío y risas la sección oficial: creo que nunca escuché al Teatro Cervantes soltar tanta carcajada. De eso se trata. Un consejo válido para este y casi todos los estrenos actuales: huyan de las imágenes de promoción y de las sinopsis con ínfulas de relatos. Por su parte, El futuro ya no es lo que era, dirigida por Pedro Barbero y protagonizada por Dani Rovira y Carmen Maura, es todo lo contrario: un insulto para el espectador. En Rumbos, de Manuela Burló Moreno, las risas están combinadas con el llanto y el azúcar dentro de un relato que coge de aquí y allá, recordando en su esqueleto a producciones como Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006), para quedarse finalmente en un producto amable y bien hecho, que no es poco. Quatretondeta, de Pol Rodríguez y con Sacristán a la cabeza del reparto, opta por un comienzo surrealista y prometedor al que poco le falta en su parte final para terminar ahogándose en sus propias piruetas.

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Bárbara Goenaga, María Valverde, Koldo Serra, Ingrid García Jonsson y Julián Villagrán durante la rueda de prensa de “Guernika”

Guernika, de Koldo Serra, y Kóblic, de Sebastián Borensztein, tienen puntos en común. Ambas parten de oscuros sucesos históricos, destacan en el apartado técnico y sus relatos giran en torno a la relación amorosa de sus protagonistas. En el caso de Kóblic, casi un western crepuscular, no llega a molestar del todo, pero en Guernika empaña un fantástico trabajo que tiene su punto culminante, como no podía ser de otra manera, en el bombardeo que sufrió la población vasca por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana en abril de 1937 durante la Guerra Civil Española. En Kóblic echamos en falta una mirada más profunda sobre los llamados “vuelos de la muerte” que se llevaron a cabo en la última dictadura argentina, denominados así ya que desde el avión, a cientos de pies de altitud, arrojaban vivos a los detenidos al Río de la Plata. Es necesario resaltar el buen trabajo de María Valverde en Guernika y de la pareja formada en Kóblic por Inma Cuesta y un Ricardo Darín, aquí encarnado en un ex capitán de la Armada, alejado de sus últimos papeles. Tampoco podemos olvidar a Óscar Martínez, que ha obtenido en el festival el premio a mejor actor de reparto.

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Hubo tímidos gritos de sorpresa en la sala del cine Albéniz donde se leyó el palmarés: Callback, de Carles Torras, conseguía la Biznaga de Oro a la mejor película en detrimento de La próxima piel, preferida de la crítica. Ambas merecen reconocimiento. En Callback se narran las aburridas vivencias de Larry, un inmigrante latino en Nueva York. Pero en algún punto la rutina se quiebra. No sólo la de Larry: el público, en sus butacas, se ve igualmente sacudido. Ello, unido a un inquietante e inolvidable Martin Bacigalupo, entre otras virtudes y defectos, le ha valido para triunfar dentro de una sección oficial donde lo imaginable, lo presumible, suele ser lo que finalmente vemos en la pantalla. Pero a La próxima piel no le ha ido nada mal. La cinta de Isaki Lacuesta e Isa Campo ha conseguido el premio especial del jurado, el de mejor actriz (Emma Suárez), montaje y dirección. En ella, el regreso de un joven a casa tras ocho años desaparecido pondrá la vida de sus familiares y conocidos patas arriba. Nosotros, atentos observadores de todo ello, seremos los únicos encargados de responder a la pregunta que desde el comienzo nos ronda la cabeza.

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Las secciones Territorio Latinoamericano, Documentales y Zonazine siguen deparando sorpresas y alegrías. Sin olvidarnos de interesantes propuestas como Kauflanders, de Olaia Sendón, o Estirpe, de Adrián López (hermano de Xoel López), nos quedamos con la fresca mezcla de géneros que se dan cita alrededor de la mesa y el teatro en Los comensales, de Sergio Villanueva, y con El perdido. La película de Christophe Farnarier se basa, por un lado, en el Walden (1854) de Henry D. Thoreau, y por otro en el caso real de un hombre que desapareció en Jaén en 1994. Catorce años después le detuvieron robando en una finca y se supo que, tras no haber podido suicidarse al marcharse de casa, vivió en un cubo hueco de piedra y hormigón de cuatro metros de alto y siete de ancho que se había construido en plena naturaleza. Y eso es lo que Farnarier cuenta de forma admirable en El perdido. No hay diálogos ni apenas música más allá de los sonidos propios de esta aventura. Durante hora y media solo vemos a Adri Miserachs andar de un lado a otro, alimentarse, bañarse. Sobrevivir. Tal vez vivir. Contó Farnarier en la rueda de prensa posterior a la proyección que Miserachs, al que ya conocía, le dijo en una ocasión “que tenía muchas ganas de construirse una cabaña en el bosque y pasar allí un verano. Yo le dije que cuando lo hiciese me dejase acompañarle con mi cámara”. El filme se rodó durante treinta y cinco días a lo largo de un año y sin ensayos previos. El perdido ha obtenido los premios a mejor película, actor y director dentro de la sección Zonazine.

Fotos: Lorena Rodríguez (@lorena_twittea)

Conciertos, conciertos, conciertos

En estas dos últimas semanas, junto al Festival de Cine -del que en unos días algo publicaremos por aquí-, hemos disfrutado de un buen manojo de conciertos. Empezamos el pasado 15 de abril en La Cochera Cabaret con M-Clan, que presentaban su gira acústica Desarmados. Seguimos dos días después en el Teatro Cervantes con el memorable recital de Juan Perro junto a Joan Vinyals y Gabriel Amargant.

Durante abril se celebró el MaF 2016, que en esta ocasión ha contado con 178 actividades culturales repartidas en 80 espacios. La proyección en el Albéniz de En Granada es posible, la charla que Andrés Trapiello ofreció en el Centro Cultural Provincial, o una simpática cata de vinos literaria en la librería Proteo fueron algunas a las que asistimos. El MaF se despidió el día 21 en el Teatro Echegaray con el concierto Spanish Crooners, un proyecto que reúne a Javier Corcobado y Conde versionando a Scott Walker, Raphael, Serge Gainsbourg, Nino Bravo o Frank Sinatra junto a temas de sus respectivas carreras en solitario. La colaboración surgió hace unos años tras una edición de La Música Contada (¿recuerdan?) y tendrá continuación próximamente en una serie de actuaciones aún sin fechas confirmadas.

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Niño de Elche + Los Voluble: RaVerdial

Un día antes, Francisco Contreras (Niño de Elche) y Los Voluble presentaron RaVerdial en el Auditorio Edgar Neville dentro del ciclo La ciudad demudada organizado por La Térmica. La RaVerdial es definida como “una mezcla de rave (con toda la carga política y social de los orígenes de las fiestas underground) y verdiales (palo flamenco indisociable de la fiesta)”. Junto a Contreras y Los Voluble, encargados de las proyecciones y pirotecnias sonoras varias, encontramos sobre el escenario a Raúl Cantizano a la guitarra y a Pablo Peña, componente de los geniales Pony Bravo, manejando la caja de ritmos. En los apenas sesenta minutos que dura RaVerdial asistimos a una asombrosa combinación audiovisual del folclore más o menos popular -el flamenco, la Semana Santa, las fiestas de verdiales, el Rocío- con la política más actual, que es la del presente pero también la del pasado y, probablemente, la del futuro. Un espectáculo experimental a la par que emocional. Niño de Elche: escuchar y ver para creer.

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Sílvia Pérez Cruz. Foto: Ana Belén Fernández

El concierto de Sílvia Pérez Cruz en el Teatro Cervantes el pasado 1 de mayo sirvió para cerrar la 19 edición del Festival de Cine. Con todas las butacas ocupadas, Sílvia presentó su nuevo disco, Domus, que contiene las canciones que ha compuesto e interpretado para Cerca de tu casa, la película dirigida por Eduard Cortés sobre los desahucios ocurridos en España con motivo de la crisis económica.

Nuevos temas como Duérmete, VerdeNo hay tanto pan -himno instantáneo- se mezclaron en el repertorio con Pequeño vals vienés, una versión de Lluis Llach o la adaptación de un poema de Ana María Moix. Jazz, flamenco, rancheras o habaneras: parece ser que nada se le resiste. Notable y merecido protagonismo para su banda de acompañamiento, compuesta por violines, violonchelo, contrabajo, guitarra, percusión y hasta un arpa.  Hacia el final se embarcó en una extensa improvisación que aunó a Los del Río, María del Monte, Beyoncé, Amy Winehouse o Mercedes Sosa. Su estremecedora versión de Gallo rojo, de Chicho Sánchez Ferlosio, sirvió para cerrar más de dos horas de un concierto mayúsculo.

 

De vidas ajenas: Emmanuel Carrère y Eduard Limónov

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Emmanuel Carrère

Descubrí al escritor Emmanuel Carrère hace unos meses. Había leído buenas referencias a su obra en distintas publicaciones y finalmente me decidí a darle una oportunidad. Comencé con De vidas ajenas (2009), continué con El adversario (1999) y cerré mi particular trilogía hace unos días con Limónov (2011). Carrère parte de hechos reales para construir una gran investigación periodística. Para ello, cuando así lo cree conveniente, convierte en novela lo que cuenta, mientras relata con maestría como ha ido tejiéndose el libro a través de sus propias experiencias. Finalmente se llega a algún tipo de conclusión que suele ser difícil de rastrear y no siempre resulta complaciente. No es de extrañar si nos atenemos a las historias que encierran sus palabras.

Cómo él mismo escribe sobre De vidas ajenas, “fui testigo de dos de los acontecimientos que más temo en la vida: la muerte de un hijo para sus padres y la muerte de una mujer joven para sus hijos y su marido. Alguien me dijo entonces: eres escritor, ¿por qué no escribes nuestra historia?”. Con semejante arranque es complicado no dudar, recular, pensárselo una y diez veces. Carrère consigue salir airoso, algo que tampoco sorprende si antes uno ha leído -devorado- El adversario. Comparado de forma recurrente con A sangre fría (Truman Capote, 1966), Carrère nos relata aquí la historia de Jean-Claude Romand, que el 9 de enero de 1993 mató a su familia -mujer, hijos y padres-, para luego intentar suicidarse sin llegar a conseguirlo. “La investigación”, copio de la sinopsis, “reveló que no era médico, tal como pretendía y, cosa aún más difícil de creer, tampoco era otra cosa. Mentía desde los dieciocho años. A punto de verse descubierto, prefirió suprimir a aquellos cuya mirada no hubiera podido soportar. Fue condenado a cadena perpetua”. No hay desperdicio en este espantoso relato, aunque sus entrevistas con Romand, sobre todo hacia el final, resultan especialmente esclarecedoras.

Hay dos películas basadas en El adversario. La primera es El empleo del tiempo (Laurent Cantet, 2001), que termina cogiendo elementos del relato original excepto lo más desgarrador -no diremos el qué, aunque ya se pueden imaginar-. Un año más tarde se presentaba en Cannes El adversario (Nicole Garcia, 2002), fiel al original a pesar de que el protagonista es rebautizado como Jean-Marc Fauré. La de Cantet os la puedo recomendar, la de Garcia aún no he tenido ocasión de verla.

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Eduard Limónov

De los tres libros de Carrère que se citan en este texto, tal vez sea Limónov el más complejo. No por su prosa, siempre cristalina y accesible, si no más bien por tratarse de una biografía rica en datos, aventuras, matices. Eduard Limónov es un político y escritor ruso. Nació en Dzerzhinsk en 1958, se mudó a Moscú en 1967 junto a su primera novia, Anna Moiséyevna, y en 1974 se traslada a Nueva York, en esta ocasión junto a Yelena Shchápova, con quién se había casado un año antes. Desde allí consiguió publicar su primera novela en Francia (El poeta ruso prefiere los negros grandes, 1980). Después llegarían Historia de su servidor y Diario de un fracasado. En 1982 se muda a París con su nueva pareja, la escritora y cantante Natalia Medvédeva. Luego llegarían las colaboraciones en periódicos comunistas y nacionalistas, la fundación de su propio periódico en Rusia tras la caída de la URSS y el apoyo a los serbios de Bosnia durante la guerra de los Balcanes. En 2001 fue encarcelado acusado de terrorismo. Su pena, inicialmente de catorce años, terminó reducida a cuatro. En las distintas prisiones por las que pasó escribió libros y consiguió el reconocimiento de sus compañeros.

La biografía escrita por Carrère termina en el momento en que Eduard abandona la cárcel. Le cuesta encontrar un final adecuado para semejante historia, llena de escaramuzas por todo el mundo. En las últimas páginas asistimos a una escena en la que Limónov pregunta a Carrère el por qué de escribir un libro sobre él. “Porque tiene -o porque ha tenido-“, responde, “una vida apasionante. Una vida novelesca, peligrosa, una vida que ha arrostrado el riesgo de participar en la historia”. Limónov, con una risa seca, dice: “Sí, una vida de mierda”. A Carrère no le convence este cierre y busca consejo en su hijo mayor, Gabriel. “En el fondo”, le dice a su padre, “lo que te molesta es que le retratas como a un perdedor”. Y pienso que Gabriel tiene bastante razón.

Podrán sacar sus propias conclusiones a condición de que terminen leyendo este exquisito y recomendable retrato que Carrère hace de Eduard. Un personaje que mezcla, según sus propias palabras, a Houellebecq, Cohn-Bendit y Lou Reed. Lo que viene siendo un auténtico animal del rock´n´roll.

Semáforo Cinematográfico (abril / mayo 2015)

Una semana (Buster Keaton, Edward F. Cline, 1920) 8

El año más violento (J.C. Chandor, 2014) 8

Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007) 7.5

Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, 2011) 7.5

Mommy (Xavier Dolan, 2014) 7

Los peces rojos (José Antonio Nieves Conde, 1955) 7

Margin call (J.C. Chandor, 2011) 7

La regla del juego (Jean Renoir, 1939) 7

Viaje a Sils Maria (Olivier Assayas, 2014) 7

Lo que queda del día (James Ivory, 1993) 7

El bosque animado (José Luis Cuerda, 1987) 7

Enemy (Denis Villeneuve, 2013) 7

Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) 7

El empleo del tiempo (Laurent Cantet, 2001) 7

Casado y con suegra (Sam Taylor, Fred C. Newmeyer, 1924) 7

Siempre Alice (Richard Glatzer, Wash Westmoreland, 2014) 7

La venganza (Stephen Frears, 1984)  7

El Ministerio del Tiempo (Javier Olivares, Pablo Olivares, 2015) 6.5

Big fish (Tim Burton, 2003) 6

La canción del mar (Tomm Moore, 2014) 6

El acorazado Potemkin (Sergei M. Eisenstein, 1925) 6

El truco final (Christopher Nolan, 2006) 6

La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953) 6

Planes para mañana (Juana Macías, 2010) 5

Semáforo Cinematográfico (marzo 2015)

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2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) 9.5

Interstellar (Christopher Nolan, 2014) 8.5

Cuando pasan las cigüeñas (Mijaíl Kalatozov, 1957) 8

Furia (Fritz Lang, 1936) 8

El globo rojo (Albert Lamorisse, 1956) 7

Roma (John Milius, William Macdonald, 2005) 7

Más allá del jardín (Patrick McHale, 2014) 7

Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) 7

The song remains the same (Peter Clifton, Joe Massot, 1976) 7

Lucky Louie (Louis C.K., 2006) 7

Eligiendo morir (Charlie Russell, 2011) 7

Loreak (José María Goneaga, Jon Garaño, 2014) 6.5

Nuestro último verano en Escocia (Andy Hamilton, Guy Jenkin, 2014) 6

Iván el Terrible. Parte I (Sergei M. Eisenstein, 1944) 6

The imitation game (Morten Tyldum, 2014) 6

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (Peter Jackson, 2014) 5

Semáforo Cinematográfico (febrero 2015)

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Siete ocasiones (Buster Keaton, 1925) 8.5

El moderno Sherlock Holmes (Buster Keaton, 1924) 8.5

Adivina quién viene esta noche (Stanley Kramer, 1967) 8

Fargo (Noah Hawley, 2014) 7.5

Magical girl (Carlos Vermut, 2014) 7.5

The Rolling Stones: Sweet summer sun from Hyde Park 7.5

Esa pareja feliz (Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, 1951) 7

La teoría del todo (James Marsh, 2014) 7

Puro vicio (Paul Thomas Anderson, 2014) 7

La ley de la hospitalidad (Buster Keaton, John G. Blystone, 1923) 7

El niño (Daniel Monzón, 2014) 7

Hermosa juventud (Jaime Rosales, 2014) 7

Camino de la cruz (Dietrich Brüggemann, 2014) 7

Beautiful girls (Ted Demme, 1996) 7

Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014) 6.5

La conciencia vengadora (D.W. Griffith, 1914) 6

El comparsa (Buster Keaton, Edward Sedgwick, 1929) 6

Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014) 6

Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014) 6

 

The Rolling Stones: Sweet summer sun from Hyde Park

The_Rolling_Stones_Sweet_Hyde_Park_2013Cuarenta y cuatro años y un día después, los Rolling Stones volvían a tocar en Hyde Park. Cuando se celebró aquel concierto, el del 69, sólo habían transcurrido dos días de la extraña muerte de Brian Jones, extraordinario músico y fundador de la banda junto a Mick Jagger, Keith Richards y el teclista Ian Stewart. De ahí que antes de comenzar, Jagger leyera un fragmento del Adonais de Shelley en su memoria. Al de 2013, por el contrario, llegaban lanzados tras completar una gira de dos meses por Estados Unidos y una triunfante actuación en el Festival de Glastonbury, donde compartieron cartel con Nick Cave, Primal Scream, Portishead y tantísimos otros.

 

Con medio siglo a sus espaldas, los Stones se muestran incansables sobre el escenario. Especialmente Jagger, que llega a bromear sobre su excelente estado de forma al vestir durante un tramo del concierto el mismo modelo que lució en 1969. “Lo he cogido de mi armario”, dice, mientras se contonea y jalea a un público también protagonista si nos referimos a la edición que aquí comentamos, un Blu-ray impecable donde llama la atención las constantes y espectaculares panorámicas desde el escenario. La entrega de una audiencia que no entiende de edades otorga al conjunto de una inesperada emotividad.

 

Del repertorio poco podemos decir. Se trata de la recurrente ristra de éxitos donde cabe destacar la aparición de Mick Taylor en Midnight rambler y Satisfaction, las dos canciones con Richards al mando –You’ve got the silver y Happy– y un Ronnie Wood tras el que se nos siguen yendo los ojos mientras se derriten las orejas. También merecen cariñosas menciones Lisa Fisher, el discurso -¡ejem!- de Charlie Watts y un admirable You can’t always get what you want acompañado por el Voce Choir y miembros del London Youth Choir.  ¿Que si necesitan bastones a su edad? Sí, tal vez para arrojarlos encima de tanto botarate con ganas de enterrar legados de este calibre.

 

The Rolling Stones: Sweet Summer Sun from Hyde Park
Formato: DVD / Blu-ray
Año: 2013
Director: Paul Dugdale
Música: The Rolling Stones
Fotografía: Brett Turnbull

Semáforo Cinematográfico (enero 2015)

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La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) 

Louie (Louis C.K., 2010) 8

Olive Kitteridge (Lisa Cholodenko, 2014) 8

La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014) 7.5

Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961) 7

Whiplash (Damien Chazelle, 2014) 7

La carta (William Wyler, 1940) 7

La tapadera (Martin Ritt, 1976) 7

El verano de Kikujiro (Takeshi Kitano, 1999) 7

Leviatán (Andrei Zvyagintsev, 2014) 7

Oasis: … There and then (Dick Carruthers, Mark Szaszy, 1996) 7

Los fabulosos Baker Boys (Steve Kloves, 1989) 7

Oasis: Familiar to millions (Dick Carruthers, 2000) 6

A 20 pasos de la fama (Morgan Neville, 2013) 6

Maps to the stars (David Cronenberg, 2014) 4

Torrente 5: Operación Eurovegas (Santiago Segura, 2014) 3