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[Crónica] Franco Battiato (Plaza de toros de La Malagueta, Málaga, 13/07/2017)

Junto a la humedad, se percibía en el ambiente el aire de las grandes citas. El mismo que podemos reconocer minutos, horas e incluso días antes de ver y escuchar a figuras esenciales de la música; personajes que contribuyeron, cada uno a su manera, a definir las distintas corrientes estilísticas que surgieron y se desarrollaron a lo largo del siglo pasado. Son palabras grandes y rimbombantes, pero hoy no desentonan: hablamos de Franco Battiato, que inició el pasado jueves 13 de julio en Málaga una gira veraniega por nuestro país que desfilará por el Festival Pirineos Sur de Huesca, las Noches del Botánico madrileñas, La Mar de Músicas de Cartagena, el Festival Castell de Peralada de Girona y A Coruña, donde finalizará el día 24. Todo un referente, experimentador, ¡emblema!, que aterrizaba en la plaza de toros de La Malagueta dentro del Festival Terral.

Fue el propio Battiato quien presentó a su telonero, Juri Camisasca, músico que le acompañó en sus primeras grabaciones de los setenta a la par que registraba el escurridizo La finestra dentro y colaboraba con los inclasificables Telaio Magnetico. Los tres temas que interpretó Camisasca instalaron entre el público una atmósfera sosegante que se mantendría hasta la conquista de las primeras filas por parte de los más desenvueltos en la recta final de la noche. Pero antes, ya decimos, reinó la calma. Battiato se rodea en esta ocasión de dos pianistas en los laterales, Angelo PriviteraCarlo Guaitoli, y el Nuovo Quartetto Italiano a sus espaldas, compuesto por la viola de Demetrio Comuzzi, el violonchelo de Luca Simoncini y los violines de Alessandro Simoncini y Luigi Mazza. Distinguido grupo, sin duda, pese a que en su exquisita y solvente ejecución extravía migajas de espontaneidad y entretenimiento. Peccata minuta. Battiato, sentado la mayor parte del concierto y leyendo las letras de las canciones desde un respetable monitor, comenzó con Stati di gioia y Le sacre sinfonie del tempo, que sirvieron para solventar algún escollo técnico y comprobar el buen provecho que Privitera es capaz de obtener de su teclado y sintetizador.

Aumentó la temperatura corporal y emocional con una conmovedora Fornicazione / No time no space y Un irresistibile richiamo, única composición interpretada en español junto a La stagione dell’amore. Hacia la mitad del repertorio se sitúan versiones de Sergio Endrigo (Te lo leggo negli occhi) y Jacques Brel (La canzone dei vecchi amanti), que dan paso a un imbatible tramo que incluye Prospettiva Nevski, La cura y Summer on a solitary beach. Es aquí donde muchos de los asistentes ocuparon los metros de pista que separan el escenario de las butacas, jaleando a un Battiato que se levantó de la alfombra y caminó tímidamente mientras saludaba, sonreía y escuchaba las peticiones y piropos de los espectadores. La improvisada jarana desembocó en una Voglio vederti danzare, ya en los bises, donde, a raíz de un inocente embrollo de Battiato con el cable de su micrófono, la banda tiró para un lado y el cantante por otro diferente. El público, ya hechizado, continuaba a lo suyo. El siciliano, visiblemente cansado y algo desorientado tras dos horas de concierto, interpretó como pudo la festiva Cuccurucucu, agradeció los aplausos y se marchó sin fuerzas para enfrentarse a un anhelado Centro di gravità permanente. Nos quedamos sin ella y también sin palabras: él las tiene todas.

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Foto: Francisco J. Fernández.

[Crónica] Weekend Beach Festival 2017 (Torre del Mar, del 5 al 8 de julio)

Monumental éxito el alcanzado por Weekend Beach en tan solo cuatro ediciones. Tal vez ayude a entender la envidiable salud que exhibe si reparamos en su oferta, que aúna corrientes musicales poco dadas a coincidir en acontecimientos de esta envergadura. También el entorno y la semana escogida para su celebración son esenciales; entre finales de junio y los primeros días de julio se percibe una dichosa liberación en aquellos jóvenes que se disponen a comenzar las vacaciones de verano tras meses entre aulas y exámenes. Son ellos el público mayoritario que acude al festival, pero no el único: la ecléctica lista de grupos y artistas se revela como baza fundamental para atraer a sectores de distintas edades y preferencias. Esta diversidad de estilos —hablamos de rock, pop, rap, flamenco o rumba— encuentra acomodo en los cuatro escenarios repartidos por el recinto, denominados Brugal, TorreMar, Sunrise y uno matinal, El Faro. A escasos metros de ellos se extiende el mar Mediterráneo, el Paseo Marítimo de Poniente y una espaciosa zona de acampada y aparcamientos. Según la organización se han vendido unos 35.000 abonos, lo que arroja un balance sobresaliente y la promesa de volver en 2018 para festejar el quinto aniversario.

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Grises

Tras la bienvenida del miércoles 5, que contó con Kase.O y Mago de Oz, iniciamos nuestra ruta el jueves frente al escenario Brugal con Grises, que en un par de ocasiones comentaron lo insólito que era para ellos tocar a la luz del día. Sonidos tropicales, electrónica y guitarras se mezclan en la propuesta de los guipuzcoanos; tres etiquetas válidas pero insuficientes si nuestra pretensión es intentar clasificar a una formación inquieta tanto dentro como fuera del estudio de grabación. El sonido no les hizo justicia del todo, pero poco importó a un público que siempre se moverá y cantará al ritmo de ParfaitAnimal. Tras ellos aparecieron Lori Meyers, que han reforzado su espectáculo visual para encarar la gira de presentación de En la espiral, un disco que se crece en los arrebatos progresivos de Evolución o Vértigo I, precisamente dos de los temas elegidos para iniciar su renovado repertorio en directo. A lo largo de los años —qué lejos se ve ya por el retrovisor aquel Viaje de estudios de 2004— los de Loja han acumulado una notable colección de canciones que consiguen, desde sus primeros acordes, alentar a todo el que se ponga por delante. Nos referimos sobre todo a Mi realidad o Emborracharme, sin olvidar Luces de neón, Alta fidelidad o la incorporación más reciente, Siempre brilla el sol. Si a semejante catálogo sumamos una destilada solvencia sobre las tablas, no es de extrañar que sus conciertos se correspondan con el placer que produce un bocado suculento y de fácil digestión. León Benavente cerraron nuestra primera noche con una actuación que fue de menos a más y que confirmó a Gloria y Ser brigada, una vez más, como sus dos zambombazos definitivos.

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La Pegatina

El viernes era el día de Iván Ferreiro, cuya carrera en solitario sigue deparando coartadas a las que aferrarse. Las hay en su nuevo álbum (Casa, El pensamiento circular) y las había en anteriores (Turnedo, El viaje de Chihiro), aunque es innegable que los mayores estimulantes, como son El equilibrio es imposible y Años 80, provienen de su etapa en Piratas. Cabe subrayar de la jornada el mestizaje bien entendido y mejor ejecutado de Amparanoia, la fiesta sin descanso de La Pegatina —los más descocados junto a Los Fabulosos Cadillacs—, la potencia melódica de Nada Surf o la asombrosa locura que siguen desatando Prodigy dos décadas después de The fat of the land, su trabajo más recordado.

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Delafé

Ya el sábado, último día de festival, inauguraron el escenario Brugal las rimas multicolores de Delafé. Las apenas treinta o cuarenta personas que por allí rondaban se convirtieron en centenares conforme avanzaban los minutos y Óscar D’Aniello, acompañado de Dani Acedo, animaba el cotarro con estrofas optimistas y divertidas, la mayoría de ellas contenidas en La fuerza irresistible, su primer álbum en solitario. La tarde se fue desvaneciendo con unos estimables La Habitación Roja, en el Brugal, y Canteca de Macao Chambao en el TorreMar. Hacia la medianoche sorprendió la buena acogida de L.A. El proyecto de Luis Alberto Segura, nacido en 2004, continúa su trayecto con una progresión admirable. Se percibe con facilidad el mimo al que someten las voces, las composiciones, la puesta en escena. Brindaron un cristalino y robusto directo en donde repasaron parte de King of beasts, su última y extensa referencia. Poco después Rosendo terminaría por destrozarnos los tímpanos mientras corroboraba lo que para muchos es un principio indudable: el rock es sota, caballo y rey, es decir, Rocksendo, soberano guitarrero sin lugar a dudas, más un bajo y una batería. Lanzó hace unas semanas De escalde y trinchera, que merece atención y parabienes, y avisó en su presentación que seguirá “hasta que el cuerpo aguante”. Visto y escuchado su huracanado paso por Torre del Mar —incluida una rauda versión del No dudaría de Antonio Flores— , auguramos largas noches colmadas de nervio y electricidad.

Mientras Rosendo oficiaba su particular misa, La Mala Rodríguez, rodeada de cuatro bailarinas, ofrecía un multitudinario recital en la otra punta del recinto. Aunque mayor aceptación tuvieron Estopa, que principiaron su concierto con Cacho a cacho y Vino tinto, lo que llevó al público y a ellos mismos a un clímax que no sería el único durante su actuación.

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Estopa

 

Galería de imágenes:

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Chambao

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Lori Meyers

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Lori Meyers

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Iván Ferreiro

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La Mala Rodríguez

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La Habitación Roja

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Rosendo

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L.A.

Fotos: Francisco J. Fernández.

[Crónica] Fuengirola Pop Weekend 2017 (Málaga, 24 y 25 de junio)

Fuengirola Pop Weekend celebraba sus diez años de vida a finales de junio con una nefasta noticia: la edición 2017 será la última del festival. Parece ser que los esfuerzos de la Asociación FuengiPop, el Ayuntamiento de Fuengirola y la promotora Bemusic no han sido suficientes. Había más alicientes para pensar en una total recuperación, ya que a un cartel nuevamente notable se agregaba la reconquista del emplazamiento original del Castillo Sohail, que, junto al Hotel Las Palmeras y el pub Pogs, han sido los escenarios protagonistas en esta ocasión. Pero la pobre venta de entradas y la dificultad que supone organizar un evento de estas características hacen que la decisión más coherente —y dolorosa— sea la de cerrar definitivamente las puertas del festival.

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Hawaii Five

Comenzamos el sábado 24 en el Pogs. Allí abrieron la tarde Hawaii Five, dúo que, ukelele en mano, repasan indistintamente canciones de Los Planetas, Airbag, La Buena Vida, Everly Brothers o The Shirelles. Entremedias cayeron algunos temas propios que probablemente formen parte de un primer disco o sencillo aún sin fecha de publicación. Los murcianos The Runarounds, que presentan estos días el EP Ready for you, tomaron el relevo con desbordante energía y precisión artesanal a la hora de elaborar melodías contagiosas, piropos que podríamos dirigir igualmente a un Paul Collins deslumbrante a la hora de repasar el material más granado de sus formaciones anteriores como When you find out y Hanging on the telephone, de Nerves, o Rock’n’roll girl y I don’t fit in de los Beat.

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Paty Critter, de Pantones

El domingo 25 la música salía del Pogs, enfilaba las calurosas calles de Fuengirola y se instalaba finalmente entre los muros del Castillo Sohail. Allí nos volvimos a acordar de Airbag con las actuaciones de los malagueños Smoking Victims y los madrileños Pantones, cuyas dietas powerpop incluyen a los Ramones pero también a las Crystals o las Ronettes. Historias cotidianas de amoríos y piscina que se alzaron como intachable banda sonora para las primeras horas de verano. Cola Jet Set, próximos invitados a la fiesta, revisaron parte de una carrera siempre a reivindicar y terminaron atendiendo a una petición que nos hizo sentir afortunados: ¡interpretaron Al amanecer!

Para finiquitar la décima edición y la andadura del Fuengirola Pop, La Casa Azul pusieron patas arribas el patio del castillo a base de estribillos infalibles y un espectáculo audiovisual sobresaliente. Guille Milkyway, junto a su guitarra eléctrica, dirige y protagoniza un show en donde el ritmo nunca decae, ni siquiera cuando se sienta solo frente al piano en Como un fanLos chicos hoy saltarán a la pista, Siempre brilla el sol o Chicle Cosmos destacaron dentro de un repertorio que se cerró con La revolución sexual, últimos minutos de un festival que, pese a terminar aquí su recorrido, nos acompañará toda una vida. ¡Hasta siempre!

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La Casa Azul

Fotos: Francisco J. Fernández.

[Crónica] Festival En Órbita (Granada, 13/05/2017)

El festival En Órbita se estrenó el año pasado con lleno en la Plaza de Toros de Granada y un cartel donde despuntaban Izal, Niños Mutantes, Dorian o Maga. Las entradas se vendieron con cierta facilidad, por lo que resulta lógico y saludable el traslado en esta segunda edición al recinto de FERMASA (Feria de Muestras de Armilla), una localización de mayor capacidad y mejor acondicionada para la logística que supone un evento de estas características. El aforo se ha limitado a seis mil personas en un espacio que podría albergar prácticamente el doble, dato en el que ha hecho hincapié la organización en sus distintos comunicados, ya que la pretensión era y es convertirse en una cita donde poder disfrutar con familia y amigos sin sufrir ningún tipo de sofoco. El balance final en este 2017 sigue siendo positivo, ya que se ha vuelto a agotar todo el papel. El número de grupos y artistas, al igual que el público asistente, también ha aumentado. En total han sido quince las bandas que han pasado por lo dos escenarios habilitados: uno principal, llamado Planetario Vipsual, y otro secundario (Satélite) dedicado a bandas granadinas emergentes como Rey Chico, Harakiri Beach o Apartamentos Acapulco.

La Feria de Muestras abría sus puertas a las dos de la tarde. Poco después comenzaba la actuación de Toulouse mientras se desperezaban los diversos food trucks, las barras —con cerveza Alhambra y ginebra Tanqueray entre las opciones disponibles— y zonas como el Espacio Universitas, un emplazamiento concebido para encontrar algunos minutos de distensión entre constelaciones, música y locuciones. Con Viva Suecia ya se contabilizaban unas dos mil personas frente al Planetario Vipsual. Los murcianos acaban de editar su segundo disco, Otros principios fundamentales, aprovechando la sacudida que supuso el pasado año la aparición de su primer trabajo, enaltecido por crítica y público gracias, sobre todo, a los tres minutos por los que transcurren Bien por ti, tema que cuenta ya con más de medio millón de reproducciones en Spotify. Pero no fue la tarde del grupo en Armilla. Desde una posición cercana a la mesa de mezclas el volumen era estruendoso, algo farragoso, convirtiendo aquello en una masa sin perfilar y sólo accesible de forma plena para una legión de seguidores que parece crecer con el paso de los días.

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Quique González & Los Detectives

Quique González & Los Detectives, además de ofrecer la mejor actuación del día, llevaron la propuesta del festival, netamente pop, a orillas del rock. Aparecieron los solos de guitarra, las armónicas y mandolinas, el órgano Hammond. Con actitud impecable y sonido sobresaliente, el madrileño y sus secuaces desmenuzaron un repertorio donde destacaron las intervenciones de NinaCarolina de Juan, del grupo Morgan— en un par de canciones, incluida una celebrada Charo. De matrícula.

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Niños Mutantes

Niños Mutantes lanzaron hace unas semanas Diez, un disco producido por Abraham Boba y César Verdú, ambos componentes de León Benavente, que llega tras un tumultuoso 2016 en el que, además de conmemorar sus veinte años de carrera, estuvieron a punto de separarse. La banda granadina anda crecida sobre los escenarios, probablemente a causa de un retorno a la vida, siempre inesperado, que les está deparando alegrías permanentes. Desde los primeros momentos y hasta el final —con la imbatible pareja formada por Errante y Todo va a cambiar—, los mutantes mantuvieron al público en el bolsillo gracias a un directo engrasado, competente y agradecido.

Love Of Lesbian, encarando la recta final del festival, se mostraron solventes y chistosos, dos adjetivos de los que apenas se han despegado desde sus orígenes. Tampoco parecen querer ir mucho más allá. Continúan presentando El poeta Halley, su último álbum, sin olvidar algunas de las composiciones que auparon a la formación a Primera División —Allí donde solíamos gritarClub de fans de John Boy, Algunas plantas, Incendios de nieve—, todas ellas coreadas por un recinto, ahora sí, colmado de adeptos. Cerraron la noche Fangoria, que brindaron un espectáculo potente y algo trasnochado basado en su inmensa ristra de éxitos, diversas programaciones y coreografías del siglo XX.

Fotos My Back Pages: Elma.

[Crónica] XXX Festival Internacional de Jazz de Málaga

Del 5 al 13 de noviembre se celebró en Málaga la trigésima edición del Festival Internacional de Jazz. El objetivo marcado para este 2016 era recuperar una importancia, cierto fulgor, que en los últimos años había ido decreciendo debido en gran parte a la dichosa crisis económica. Para ello se ha apostado por nombres de importante nivel en los siete conciertos ofrecidos en el Teatro Cervantes, que han congregado, según datos de la organización, a 5.044 personas. La cifra supera en un 4,4% a la de 2015, donde se contabilizaron doce actuaciones de sala. En total se han ocupado un 77,4% de las localidades puestas a la venta.

Por otro lado, se han organizado hasta 51 conciertos gratuitos repartidos principalmente por el centro de la ciudad. Bajo la etiqueta Málagajazz, la Asociación de Hosteleros de Málaga (Mahos) y la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), junto al Cervantes, buscan potenciar la temporada otoñal con una oferta cultural que aspira a instaurar un festival de innegables tintes veraniegos.

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Read Swing Quartet en la Plaza San Pedro de Alcántara. Foto de Lorena Rodríguez (@lorena_twittea)

Ana Cisneros, Eva Jiménez, Enrique Oliver, Elphomega, Rafa Insauti, 23 Collective, Deep Throat, Ariana Abecasis o Antti Sarpila son algunos de los nombres que han actuado en diferentes locales, restaurantes, hoteles y espacios públicos de la ciudad. Entre ellos encontramos la Plaza de las Flores, las salas Velvet Club y Premier, el Café Central o El Balneario de Los Baños del Carmen. La variedad de localizaciones y propuestas, el agradable clima y la flexibilidad de horarios, que han abarcado desde el desayuno hasta la medianoche, han contribuido a la notable respuesta del público.

Comenzamos nuestras reseñas con Lee Konitz, que con 89 años recién cumplidos recibió el día 8 un nuevo galardón creado por el certamen malagueño en memoria de Juan Claudio Cifuentes Cifu (Jazz entre amigosJazz porque sí). Un premio que nace con la pretensión de agasajar cada año a músicos que hayan contribuido al desarrollo del género. Hay que recordar que la biografía de Konitz, cuyo maestro fue el pianista Lennie Tristano, incluye las grabaciones del álbum Birth of the cool (1954) junto a Miles Davis. La viuda de Cifuentes, Isabel Zaro, entregó el trofeo a Konitz en una ceremonia presentada por Suzette Moncrief.

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Lee Konitz. Foto de Javier Albiñana (@JALBINANA)

Minutos después, y tras preguntar por su chaqueta a la que había perdido de vista, Konitz se situó frente al público mientras agarraba un saxofón que le había prestado minutos antes Ernesto Aurignac: el suyo no se encontraba disponible tras su paso por Valencia el día anterior. El peso del concierto lo llevó un admirable Marco Mezquida al piano. Fue él quien proponía las canciones a interpretar. Temas que comenzaban en sus dedos y se expandían hasta la batería de Ramón Prats, la robusta claridad del contrabajo de Bori Albero o la voz de Suzette Moncrief, que intervino en I fall in love too easily y Summertime. Konitz, sentado, sopló y tarareó plácidamente. Sobre las tablas se asemejó al Brian Wilson de los últimos tiempos: desorientado, un tanto impredecible y espléndido en sus labores.

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The Bad Plus. Foto de Daniel Pérez (@danielperezfoto)

El viernes 11 era el turno de The Bad Plus, que llegaban con nuevo disco bajo el brazo, It´s hard, en el que interpretan a su manera temas de Barry Manilow, Crowded House o Cyndi Lauper. En la música del trío estadounidense, compuesto por Reid Anderson (contrabajo), Ethan Iverson (piano) y David King (batería), se advierten trazos de jazz tradicional, post-rock y pop, ya sea en sus variopintas versiones o en canciones propias como Big eater o Country seat. Es inevitable, tras disfrutarlos poco más de una hora, no realzar la figura de King tras los platos, todo un portento a la hora de inyectar matices, potencia y precisión a las distintas composiciones del grupo. Los mayores aplausos de la noche fueron para él. Algo similar ocurrió en el directo protagonizado por el contrabajista Stanley Clarke, indiscutible referente a la hora de hablar del jazz eléctrico facturado en los setenta. Rodeado de una banda muy joven —Beka Gochiashvil, al piano, cuenta con tan solo veinte años—, Clarke se mostró generoso con sus músicos en un concierto que basculó entre una primera parte más armónica, con Gochiashvil delineando las situaciones más agradecidas, y un segundo tramo del que se adueñó Michael Mitchel gracias a las múltiples y tonificantes acrobacias tras su batería de doble bombo. Clarke, que recordó con sus palabras a Miles, Coltrane y Mingus, reclamó antes del final su discutido papel protagonista, encadenando notas incansablemente. La ovación no se hizo esperar.

El lunes 7, los integrantes de la almeriense Clasijazz Big Band se atrevieron con el Epitaph de Charles Mingus. Para ello aumentaron la formación hasta los treinta y dos músicos respecto a los veintitrés habituales, incluyendo entre su plantilla a Enrique Oliver, Pedro Cortejosa, Tete Leal o Ernesto Aurignac. Pocos días después, el concierto Fancinemajazz —organizado conjuntamente con el festival de cine fantástico Fancine— reunió sobre el escenario a la Orquesta Sinfónica Provincial de la ciudad y al quinteto de José Carra. Juntos desgranaron el disco Night and day (1993), en donde John Williams y la Boston Pops Orchestra repasaban composiciones de Frank Sinatra. Por último, y aunque no pudiésemos asistir, conviene apuntar que la programación del Cervantes se completó con las actuaciones de Al Di Meola y el cuarteto del pianista Gonzalo Rubalcaba.

Foto de Stanley Clarke: Daniel Pérez (@danielperezfoto)

[Crónica] Granada Sound (23.09.16)

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Amaral

Éxito absoluto el cosechado por la quinta edición del Granada Sound. Según la organización, unas 25000 personas por día se acercaron al recinto situado en Cortijo del Conde, por donde pasaron cuarenta bandas durante las dos jornadas de festival. Este año la música en directo también inundó distintos puntos de la ciudad. Bajo el lema Granada, ciudad del rock, se han podido disfrutar de conciertos en lugares como El Bar de Eric o Discos Bora Bora, dentro de una iniciativa que parece ir fortaleciéndose con el paso de los meses.

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Martí Perarnau (Mucho)

Granada Sound abrió sus puertas a las cuatro de la tarde, dando la bienvenida al otoño y a los primeros asistentes con treinta y un grados, espléndido sol y cerveza gratuita durante la primera hora. Fueron Nixon quienes principiaron el festival en el escenario Negrita. Media hora después, Mucho estrenaban el escenario Inside con una “mandanga cósmica” que en su segundo disco, Pidiendo en las puertas del infierno, ha cedido protagonismo a los sintetizadores y los notables falsetes de Martí Perarnau. Todo ello queda registrado en una incontestable Nuevas ruinas que terminó de espabilar a un público que aún no pagaba por sus cervezas más allá del vaso reutilizable. Además de los dos grandes escenarios se instaló un tercero, denominado Undërwood, donde se podían vigilar propuestas escritas en letra pequeña -¡de momento!- como Rey Chico, Harakiri Beach o Apartamentos Acapulco.

Hubo gran algarabía durante la actuación de Carmen Boza, que continúa presentando su último trabajo hasta el momento, La mansión de los espejos, y en cuyo repertorio coló una versión del This mess we’re in que reuniera a PJ Harvey y Thom Yorke a comienzos de siglo. Sr. Chinarro volvió a demostrar lo bien que le sienta la compañía de los jóvenes Pajaro Jack sobre los escenarios pese a cierta desgana, tal vez cansancio, mostrada por el propio Luque durante su actuación. Los catalanes Manel, plenamente conscientes de dónde se encontraban y del público que tenían en frente, ofrecieron su cara más desenfadada. Por otro lado, es asombroso el cambio experimentado por Anni B Sweet desde sus comienzos. Sorprende, tras verla después de algunos años, su desenvoltura, como disfraza una enorme timidez que, suponemos, no puede haber desaparecido del todo. Hacia el final cantó Religión junto a integrantes de Lori Meyers, confirmando que su futuro salto al castellano le sentará la mar de bien.

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Paco Román (Neuman)

Si las distorsiones nocturnas las puso Neuman y su ejército de guitarras -especialmente celebradas fueron Hell, Turn it o la vitamínica Bye fear/hi love-, la sarta de éxitos corrió a cargo de Amaral. Con el mejor sonido del viernes, los zaragozanos parecían que se encontraban ante las últimas horas de su vida. No dejaron nada para otra ocasión. Hacia lo salvaje, El Universo sobre mí, Sin ti no soy nada, Moriría por vos o Cómo hablar sonaron frescas e inmaculadas entre un público ya entregado a la noche, a los besos, a la cerveza. También a la música. La fiesta continuó con Fuel Fandango y unos León Benavente de los que solo podemos corroborar todo lo que se puede leer por ahí sobre ellos: es su gran momento y lo están aprovechando. Tienen mimbres más que suficientes en forma de canciones que llegan a los oyentes con cierta inmediatez. No suelen defraudar, pero en un escenario grande, al aire libre y ante una explanada desbordada se antojan imbatibles a día de hoy.

Fotos de Amaral y Mucho: Nerea Coll (@NereaColl_Photo)

Foto de Neuman: Rafa Marchena (@MrHiperbole)

[Crónica] Melody Gardot (Plaza de Toros, Málaga, 25.07.16)

Pocos textos habrá escritos sobre Melody Gardot donde no se haga referencia a su biografía. En esta ocasión no vamos a ser menos. Gardot nació en 1985 en Nueva Jersey. Aprendió a tocar el piano siendo una niña y comenzó a subirse a los escenarios en Filadelfia, ciudad donde cursaba sus estudios de moda en la universidad. A los 19 años un coche casi acaba con su vida mientras montaba en bicicleta. En los meses que pasó en el hospital se empapó de música -rock, jazz, folk, pop- y escribió lo que luego sería Some lessons (2005), un EP de seis canciones. Ya en 2007 se reeditaba su primer disco, Worrisome heart. Comparada de forma recurrente con Joni Mitchell o Eva Cassidy, en su concierto de la Plaza de Toros, incluido dentro del Festival Terral, Gardot venía a presentar su quinta y última referencia hasta el momento, Currency of man (2015).

El concierto desbordó elegancia en un recinto medio lleno y medio vacío. De la banda, formada por Mitchell Long (guitarra), Sam Minaie (bajo), Devin Greenwood (teclados), Charles Staab (batería), Irwin Hall Jr. (saxo) y la trompeta de Shareff Clayton, destacan los dos últimos, Hall y Clayton, que atacan con la misma solvencia notables solos y pequeñas coreografías. Entre algún problema técnico, Gardot se perdió en chácharas prescindibles y constantes llamadas a un público que parecía encantado en todo momento. La languidez de la mayor parte de su repertorio quedaba hecha añicos cuando la banda, con Gardot a un lado del escenario, se estiraba hasta ritmos funky e incluso dance, convirtiéndose, ahora sí, en una potente máquina fabricada por y para el ritmo. Buen ejemplo de ello lo encontramos en el portazo final con Preacherman, inspirada en el asesinato, en 1955 y con tan solo 14 años, del adolescente afroamericano Emmett Till.

A falta de la actuación de Ibrahim Diakité al día siguiente, con el concierto de Melody Gardot se cerraba el Festival Terral 2016. Este año los números no han acompañado, ya que los 5.400 espectadores quedan lejos de los 11.531 de 2015. Hay trabajo por delante.

Foto: Daniel Pérez.

[Crónica] Fee Reega Trío (Teatro Echegaray, Málaga, 18.07.16)

Fee Reega nació en la localidad de Balingen, perteneciente a Baden-Württemberg, estado federado del sur de Alemania. No muy lejos se sitúan ciudades emblemáticas como Ulm, al este, o Stuttgart, hacia el norte. Tübingen, donde estudió, vivió y murió el poeta Hölderlin, queda a unos pasos. Al oeste encontramos el excelente Biergarten Rauschbart de Horb am Neckar, Glatt y sus sabrosas tartas servidas en un castillo o la aburrida Freudenstadt. Finalmente nos topamos con la Selva Negra. Por aquellas tierras creció una Reega que, antes de instalarse hace unos años en Asturias, pasó por Berlín y Madrid siempre con proyectos musicales bajo el brazo. Además de su carrera más o menos en solitario, Fee canta y compone en Captains y Dead Hands, grupos donde encontramos folk, punk y rock ya sea en castellano, inglés o alemán. En 2014 editó el espléndido La raptora. Un año más tarde colaboró con Nacho Vegas en Mi novio es bobo y grabó Shoot, álbum compuesto de “canciones sobre disparos”, como ella misma lo definió durante su concierto en el Teatro Echegaray.

Un teatro para nosotros solos. Es lo que pudimos llegar a pensar tanto la banda como la treintena de personas que nos reunimos allí para presenciar un espectáculo incluido en la sección Márgenes del Festival Terral. Fee se presentó en Málaga en formato trío: Javier Bejarano -guitarras eléctrica y con arco- y Dani Donkeyboy -electric guitar- le acompañaron en todo momento, incluso en la inesperada Pito morado que alguien pidió desde el público y en donde canta que “todo lo que tienes que se puede chupar, yo lo he chupado”. Ambos crean las atmósferas necesarias para vestir y adornar unas canciones a las que Fee cuelga la etiqueta de “folk problemático”. Coplas que hablan del amor hasta las lágrimas –La cueva, Varsovia– pero también de niños asesinados –La raptora, su particular vampiro de Düsseldorf- y suicidios –La automuerte-.

Notable es su capacidad en nuestro idioma para, en pocas pinceladas, crear historias pobladas de inolvidables personajes. Es el caso de Wenedikt Eerofeev, el gran bebedor: “Es un fuerte bebedor, pero le quiero. Es un gran pensador, le respeto. Un hombre que sabe expresar sus dolores se merece que alguien le perdone sus errores […] Cuando me pega le pego yo también, y a veces se nos da muy muy bien […] Bebe como un agujero y habla como un cerdo, pero escribe que te quieres morir por ello”. A estas virtudes hay que añadir un carisma no muy habitual a la hora de llenar los vacíos entre canciones. Su acento ayuda. Nos cuenta que tienen copas -la levanta y bebe-, que en nuestra ciudad hace un “puto calor” y que ella no es asturiana como nos pretendía hacer creer en un principio. ¡Qué pilla! Siempre riza los pies al cantar. Y llega un momento en que es difícil apartar los ojos de ella.

[Crónica] Mad Cool 2016 (Caja Mágica, Madrid, del 16 al 18 de junio)

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Ni el torrente de mierda que El Mundo vertió días antes sobre el festival ni las multitudinarias críticas a la organización tras la jornada inaugural han impedido que la primera edición del Mad Cool haya sido un éxito: 102.647 personas (repartidas entre 34.278 el jueves, 32.896 el viernes y 35.473 el sábado) asistieron a los más de setenta conciertos celebrados sobre los 176.000 metros cuadrados del recinto de la Caja Mágica a orillas del río Manzanares. No sólo cuadran los números. Tras un jueves donde reinó el caos -sobre todo por los fallos a la hora de pagar con las pulseras-, la organización supo recomponerse. Las quejas en los días posteriores descendieron y los conciertos, dentro de un magnífico ambiente, fueron los verdaderos protagonistas.

Abrimos la tarde del jueves con Tom Odell, que anda estas semanas presentando su segundo disco, Wrong crowd. Rodeado de buenos músicos y mostrando una desenvoltura envidiable a su edad, Odell, al que por momentos le plantamos casi sin querer la cara de un rejuvenecido Chris Martin, ofreció un concierto sobrio y con músculo dentro de un recinto cubierto, el 3, cuyo sonido en otros momentos del festival -recuerdo el rato que pudimos ver a León Benavente el viernes o Xoel López el sábado- fue deficiente, al menos desde las gradas situadas frente al escenario. Tras Odell, Lori Meyers volvían a demostrar, ya en uno de los escenarios exteriores -el segundo, llamado Matusalem- que siguen siendo una de las bandas nacionales más en forma si a directos nos referimos. Con un repertorio que ha vuelto a rescatar temas de su primera época -fantástica Sus nuevos zapatos-, los de Loja volvieron loco al personal una vez más con Luces de neón, Emborracharme o Mi realidad, puntas de lanza de un repertorio que a estas alturas, como diría Beatriz Pérez Aranda, funciona como un pepino.

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Pete Townshend (The Who)

Los Who llevan año y pico despidiéndose de los escenarios. Su Hits 50! Tour celebra las cinco décadas que el grupo lleva en activo, con Roger Daltrey y Pete Townshend como únicos integrantes originales tras las muertes de Keith Moon en 1978 y John  Entwistle en 2002. El paso del tiempo puede mermar cualidades, pero otras las lima y enriquece. Ocurre con Townshend: no salta ni destroza su guitarra al final del concierto, pero su manejo del instrumento y el inabarcable repertorio de riffs no desmerece aquellas actuaciones de los días heroicos. La ristra de éxitos fue de aúpa, con una equilibrada representación de trabajos como Tommy (1969), Who’s next (1971) o Quadrophenia (1973), además de las obligadas My generation, I can’t explain o The kids are alright, entre muchas otras, en una despedida que, esta vez sí, se nos antoja definitiva. Nos recuperamos minutos después con The Strypes, jóvenes rapaces que mantienen viva la llama precisamente de grupos como los Who, aunque entre sus influencias se puedan rastrear también al padre de todo esto, Chuck Berry, o a eminencias más actuales como Arctic Monkeys o los primeros Mando Diao.

band of horses

Ben Bridwell (Band of Horses)

El viernes no contaba, ni de lejos, con un cabeza de cartel como los Who y Neil Young. Esa ausencia de tensión nos impulsó a disfrutar sin complejos de una jornada que comenzó con la delicadeza extrema de Jessica Pratt ante una audiencia mínima, y continuó con el enérgico concierto de Bigott en el escenario Matusalem frente a un público más abundante y copiosos rayos de sol. No hubo manera de colarse para ver y escuchar a Kings of Convenience -los recintos cerrados tienen aforo limitado y la organización aquí, por momentos, naufragó-, pero lo suplimos poco después con un Michael Kiwanuka que pide ya a gritos el ascenso a ligas superiores. Los adelantos de su segundo disco, Love & hate, que se publica el próximo 15 de julio, presagian un trabajo de altos vuelos. Veremos. Sobre el escenario ya le damos un sobresaliente extensible a toda su banda -¡qué guitarrista!-. Otis Redding, Prince o Bill Withers les felicitarían de forma efusiva. De nuevo en el exterior, Band of Horses demostraron una frescura que se empieza a echar en falta en sus últimos álbumes -el reciente Why are you ok no es una excepción-. Entre alguna pieza nueva, los de Seattle también despacharon algunos de sus temas más conocidos –Laredo, The funeral, la preciosa No one’s gonna love you-, consiguiendo altas cotas de comunión con un público entregado.

El sábado, último día de festival, comenzó fuerte con los recitales de London Souls y Gary Clark Jr, propuestas instaladas en un potente y bien entendido revisionismo de nombres superlativos del rock y el blues como Led Zeppelin, Jimmy Hendrix o Cream. No acompañó del todo el sonido en el caso de Clark, pero la incuestionable validez de su directo, amén de su notable desenvoltura a las seis cuerdas, evitaron la decepción.

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Neil Young

El concierto de Neil Young quedará irremediablemente unido al de la primera edición -y las que tengan que venir- de este Mad Cool. Acompañado en esta ocasión por los mozos de Promise of the Real, banda donde militan dos hijos de Willie Nelson y con los que ha grabado su último disco, The Monsanto Years (2015), el tío Neil, de 70 años, ofreció un directo que nos llevaremos bajo el brazo a la tumba. La primera parte, con él solo y su guitarra, piano, órgano y voz, hizo que muchos de los allí presentes se derritieran hasta las lágrimas. No hizo falta mucho: un par de acordes de After the gold rush o Heart of gold. Algunos aguantaron algo más y cayeron frente a la inmaculada belleza de Mother Earth. Poco después la banda le rodea, acompañándolo en un conjuro que aumenta de intensidad hasta convertir el escenario en un ciclón eléctrico bajo una estupenda apariencia: la de una reunión de colegas haciendo rugir guitarras, bajo y batería. Young, viejo zorro, viene y va, nos mira a nosotros y a sus chicos mientras araña su Old Black. Gruñe. Caen Alabama, Words y una Winterlong de insuperable melodía. Pero es Down by the river, que se va a los veintitantos minutos, el punto culminante de la noche, del festival. Probablemente del año. Y aún hubo tiempo -el concierto se extendió hasta las dos horas y media- para Mansion on the hill, Like a hurricane, Rockin’ in a free world o un Love and only love que sirvió de inesperada prórroga. Al terminar el concierto andas aturdido de un lado a otro, preguntando qué hacer, a dónde ir. No era fácil, pero la Ben Miller Band, en el escenario Avalon, consiguieron colarnos en su particular fiesta a base de unas canciones inyectadas en country, bluegrass, rock y folk que beben hasta embriagarse de las mismísimas raíces de la música americana.

  • Fotos Pete Townshend y Ben Bridwell: Facebook Mad Cool
  • Foto Neil Young: Juan Pérez Fajardo

[Crónica] John Grant (Teatro Cervantes, Málaga, 20.06.16)

johngrant_malaga2016_foto_danielperezJohn Grant es un tipo grande, barbudo, nacido en Colorado en 1968. A finales de los noventa formó parte de The Czars, banda que echaría el cierre a finales de 2004 tras unos discos que casi siempre contaron con el beneplácito del público y la crítica. Grant comenzaría su carrera en solitario en 2010 con Queen of Denmark, al que le seguirían Pale green ghosts (2013), un directo junto a la Orquesta Filarmónica de la BBC (2014) y Grey tickles, black pressure (2015), última referencia hasta la fecha y coartada perfecta para una nueva gira que ha recalado en Málaga dentro del Festival Terral.

La sólida banda que respalda a Grant la componen Petur Hallgrimsson (guitarra), Chris Pemberton (teclados), Jakob Magnusson (bajo) y Budgie (batería). Tras comenzar con Geraldine, y en un castellano prácticamente sin fisuras, Grant recordó a Chus Lampreave –“el mundo es ahora un poco más oscuro”, comentó- y se lanzó a por Down here, uno de los temas claves de su último trabajo. It doesn’t matter to him y Marz daban paso al tramo más electrónico y experimental de la noche -aparecen las bases programadas, los sintetizadores, los bailes de Grant-, con unas Snug slacks y Guess how i know apabullantes.

Mientras que con la estremecedora Glacier se acordó de las víctimas de los recientes atentados en Orlando, Queen of Denmark y GMF  las dedicó a un público que iba calentándose por momentos: en Disappointing, y tras arrancarse un espontáneo en las primeras filas, los allí presentes se levantaron a sacudir el esqueleto. Grant, con sonrisa cómplice, se retiró. Volvió con Drug, festiva versión de los Czars, y una Caramel que finiquitó otra noche para el recuerdo. Queda mucho Festival Terral por delante, pero conciertos como el de Grant, pocos. Tal vez ninguno.

Foto: Daniel Pérez.