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[Entrevista] Cala Vento

Cala Vento son Joan Delgado y Aleix Turon, batería y guitarra, dos hijos de l’Empordà y de la Costa Brava que han encontrado acomodo en el barrio de Gràcia barcelonés bajo el ala protectora de Eric Fuentes y el sello BCore. Tras la publicación el pasado año de su primer disco vuelven ahora con Fruto panorama, un trabajo intenso, directo y sincero que amplía matices y sonoridades. Actualmente se hayan inmersos en una extensa gira de presentación que el pasado 10 de marzo recaló en la Sala Velvet de Málaga, donde ofrecieron un concierto enérgico y divertido. A Estoy enamorado de ti, Isabella Cantó o Abril, temas ya emblemáticos en su repertorio, se unen ahora Historias de bufanda, Hay que arrimar o Isla desierta, una de las más celebradas de la noche. Pocas horas antes del concierto estuvimos charlando con Aleix en el Drunk-O-Rama.

¿Cómo comenzasteis Joan y tú con Cala Vento? 

La vocación de componer y tocar nace en el instituto. Joan montó una banda en su pueblo, Torroella de Montgrí, y yo la mía en Figueres. No había muchos grupos de indie rock en ese momento por la zona, así que cuando nos conocimos conectamos enseguida. A partir de ahí fuimos montando cosas juntos.

¿Cómo conocéis a Eric Fuentes?

A Eric lo conocimos tras ganar el concurso Converse Make Noise en 2015. El premio era estar con él una semana. Nosotros tocábamos y Eric nos daba su opinión. Nuestra música era tan cercana a lo que a él le gusta y lo que hizo con The Unfinished Sympathy, que, más allá de consejos, Eric se metió de inmediato en nuestros temas. Estaba muy motivado. Eso fue en febrero, ya en mayo vino a vernos tocar y dos semanas después de ese concierto nos dijo de quedar. Ahí fue cuando nos propuso grabar el disco.

En la producción del nuevo trabajo, Fruto panorama, también os ha ayudado Santi García.

Sí, en este segundo más que en el primero, en donde solo mezcló. Fuimos a un estudio que suele utilizar para grabar sobre todo baterías. Tuvimos la suerte de que en esta ocasión también pudiera participar del sonido del disco desde el minuto cero.

¿Ha sido muy diferente la grabación del nuevo trabajo con respecto al debut?

Para el primero cogimos canciones que ya teníamos hechas desde hacía tiempo, pero tardó seis meses en publicarse. Durante ese tiempo nosotros habíamos seguido haciendo canciones, y al cabo de pocos meses nos dimos cuenta que teníamos ocho o diez temas nuevos. Pensamos que si componíamos alguna más podíamos grabar otro disco. A diferencia de con el primero, donde todo fue muy precipitado, con Fruto panorama hemos tenido más tiempo para componer, trabajarlo como conjunto y darle una nueva dimensión a nuestra música. Hemos intentado buscar cosas nuevas.

Ahora tenéis más material para los conciertos.

Es muy divertido. Estamos tocando más del segundo disco, que es lo que nos apetece ahora. Hace poco más de un mes que salió y la gente empieza ya a controlarlo.

¿Habéis tocado antes en Málaga?

No, en Málaga no, pero hemos estado un par de veces por el sur, en las dos últimas ediciones del Monkey Week.

Hablando del Monkey Week, ¿qué os parece su modelo de festival? ¿Es similar a la propuesta del South by Southwest de Austin donde también tocasteis el año pasado?

Son festivales muy interesantes desde el punto de vista del músico. Conoces a otros artistas con los que puedes tener afinidad y hay más facilidad para que te vean promotores y sellos. La idea es juntar a toda la industria, a todos los estamentos. En este tipo de eventos se intenta dar alojamiento a las bandas, pero en el South by Southwest no te dan nada, no te ponen ni el backline. Es como una feria. Tienes un slot, es decir, una hora y un sitio donde actuar, si quieres vas y tocas y si no pues les da igual. Tú llevas los instrumentos y pagas los viajes y el alojamiento. Estas cosas son muy puñeteras. Un promotor que quiera ir allí tiene que pagar ochocientos dólares para ver todos los conciertos.

En ese sentido, creo que Monkey Week está mejor montado. Intentan ayudar más a las bandas. Estos festivales tienen que tener en cuenta los gastos que tenemos. No puedo venir de l’Empordà al Puerto de Santa María, donde se celebraba antes el Monkey Week, y perder ahí mogollón de pasta. Hay muchas bandas emergentes que no tienen poder adquisitivo para hacer estas cosas. Después te encuentras con que Monkey Week quiere ser un escaparate de bandas nuevas, pero muchas de las que van llevan un largo recorrido. Quieren ir allí a tocar para salir de su zona de confort y se lo pueden permitir. Creo que todo esto debería mirarse un poco más. Por lo demás, es un festival espectacular, muy chulo. Este año en Sevilla fue la bomba, hay muchas salas y está todo muy cerca.

De cara a próximos trabajos, ¿habéis pensado en incluir más músicos para tocar en directo?

De momento no. Así es todo muy fácil. No tenemos grupo de Whatsapp (risas). Pero es inevitable tener que recurrir a una tercera persona en el equipo. Ahora vamos a tener que hacer algunos festivales y llevaremos a nuestro técnico para poder sonar realmente bien. A la hora de encontrar esa tercera persona tenemos que tener cuidado, hay que escoger bien. Buscamos a alguien con el que, más allá de que sea bueno en su trabajo, tengamos cierta afinidad. Estamos tan bien los dos solos que cada vez que tiene que entrar alguien en la ecuación nos da algo de pereza. Pero es necesario y va a funcionar.

En la canción Hay que arrimar decís que “las buenas letras te llevan al altar”. A la hora de componer, ¿tiran más las letras que la melodía?

Hay que arrimar es de las que compusimos tras decidir que íbamos a publicar el segundo disco. Esa presión, digamos, por tener que hacer algunos temas para completar el trabajo dio pie a que escribiéramos sobre el dilema que tienes muchas veces cuando haces una letra, si es importante o solo con la melodía ya puedes transmitir lo que quieres. La conclusión es que la melodía es muy importante, pero al final son las letras con lo que se queda la gente.

Cuando se habla de vuestro grupo aparecen casi siempre los mismo nombres: Nueva Vulcano, Los Planetas, Japandroids, Arctic Monkeys, Bloc Party o At The Drive-In. ¿No escucháis música de los sesenta y setenta, siempre tan reivindicada? Me refiero a los clásicos: Beatles, Stones, Pink Floyd, etcétera.

Intentamos entender la importancia de los grupos clásicos, pero nosotros no tuvimos una experiencia sensorial con esas bandas. La tuvimos con grupos como Arctic Monkeys. Para nosotros eso es lo que un día nos sacudió de una manera brutal. Lo mismo te podría decir de la generación de finales de los ochenta con Nirvana, seguramente. Creo que ahí está la gracia, porque si no al final estaríamos todos escuchando lo de siempre. Nos gusta entender a Cala Vento como una banda de nuestro tiempo. Vamos a intentar seguir desarrollando el proyecto con esa coherencia.

León Benavente – 2

leon_benavente_2_2016.jpegLa historia del grupo es ya bien conocida. En 2012, cuatro músicos de largo recorrido se reúnen bajo el mismo techo y un año después editan un primer trabajo de nombre homónimo: León Benavente (Marxophone, 2013). Abraham Boba y Luis Rodríguez vienen tocando desde hace años con Nacho Vegas, Edu Baos procede de Tachenko y el batería César Verdú de Schwarz. El álbum es muy bien recibido, pero son los conciertos, el boca a boca, lo que les convierte en poco tiempo en un reclamo para la mayoría de los festivales que inundan la península. Y el cliente lleva la razón: pocos rivales nacionales tuvieron sobre el escenario desde que la formación alcanzó su particular velocidad de crucero. No debe ser fácil reunir una nueva colección de canciones, un par de años después, tras semejante presentación. O tal vez sí, quién sabe. El pasado mes de abril publicaban 2 (Warner /Marxophone), que pocos días después se colaba entre los cinco discos más vendidos de nuestro país.

Los nueve cortes que componen parecen pensados y compuestos para golpear desde sus primeras estrofas, y no sólo musicalmente hablando: los textos siguen siendo uno de sus mayores atractivos. Letras, muchas de ellas, que nos hablan de una búsqueda, tal vez huida, que difícilmente tendrá éxito. También seguimos encontrando precisas e irónicas diatribas que podemos aplicarnos nosotros, vosotros y ellos -“aquí la cosa está que arde, por increíble que parezca no hemos tenido bastante”, cantan en La ribera– dentro de un conjunto de canciones que muestran una pizca más de optimismo que su antecesor. Siguen funcionando las enumeraciones –Tipo D– y los temas que rozan el llamado spoken word como Gloria -que se dibuja en tu cabeza desde los primeros escarceos- o Habitación 615, admirable e irresistible síntesis de una de sus visitas a México con la que Kozelek, de feliz aparición en la canción, escupiría de alegría. El krautrock, presente en el grupo desde sus inicios, cristaliza aquí en una Nuevas tierras donde Banin Fraile, componente de Los Planetas y Los Pilotos, acumula hasta ocho pistas de sintetizador.

León Benavente consolidan con una propuesta en la que no se atisban señales de agotamiento. Es más, encontramos mimbres suficientes para seguir indagando en la fórmula, si es que la hay. Apostamos a que los conciertos, con un repertorio de aúpa, harán el resto. Por ahora es todo lo que os podemos contar, quizá en un par de años podamos continuar.

Bowie y el fascismo

¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!

(Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche)

bowie__fascismo_3No hay que analizar en profundidad los primeros trabajos de David Bowie para toparse con referencias al tema de la raza suprema y el superhombre en algunas de sus canciones.“Siempre tuve una repulsiva necesidad de ser algo más que un humano. Me sentía endeble y pensaba que quería ser un superhombre”. Estamos a principios de los setenta, cuando personajes como Ziggy Stardust y Aladdin Sane, dos de sus creaciones más reconocidas, deambulaban por nuestro planeta mientras miles de seguidores se postraban a sus pies.

Poco después se presentaría ante el mundo como The Thin White Duke -el Delgado Duque Blanco-. Atrás quedaban las alucinadas vestimentas de Ziggy Stardust y sus Arañas de Marte. Primaban ahora, bajo un peinado sobresaliente, las camisas blancas almidonadas y los pantalones negros. No faltaba el paquete de Gitanes asomando del bolsillo del chaleco. Tampoco la cocaína, ingrediente esencial de su dieta californiana junto a la leche y, al parecer, los pimientos rojos. Nos referimos aquí al Bowie de 1975, escurridizo protagonista del documental de la BBC Cracked actor dirigido por Alan Yentob.

Con el paso del tiempo se evidenció la atracción de Bowie por todo lo concerniente al Tercer Reich. Su interés por el expresionismo alemán desembocó en terrenos incómodos. Años después, él mismo lo negaría: “En esa época estaba desquiciado, totalmente enloquecido. Funcionaba sobre todo a base de mitología […] Lo de Hitler y el derechismo […] Había descubierto al rey Arturo, […] el rollo racista”. Tachó de bromas y provocaciones las declaraciones aparecidas en la revista Rolling Stone, en febrero de 1976, tras la publicación del sensacional Station to station: “Para empezar, habría que enderezar los valores morales. Son repugnantes. Las masas son tontas. Sólo hay que ver los líderes culturales de ahora”. Por otro lado, estaba convencido de que él “hubiera sido un Hitler muy bueno, un dictador excelente. Muy excéntrico y bastante loco”.

En septiembre del mismo año, un jovencísimo Cameron Crowe entrevistaba a Bowie para Playboy. Hubo preguntas sobre Bob Dylan, James Dean, el amor, las drogas. Y surgió la figura de Hitler en la conversación. Según Bowie, “las estrellas de rock son fascistas. Hitler fue una de las primeras. Piénsalo. Mira sus películas y observa cómo se movía. Creo que era tan bueno como Mick Jagger. Utilizó la política y las herramientas del teatro para crear algo que gobernó y controló su espectáculo durante aquellos doce años. El mundo nunca volverá a ver a nadie como él. Escenificó un país”. La cosa no terminó ahí: “Creo firmemente en el fascismo. La única forma de aligerar la clase de liberalismo que está infectando el aire ahora mismo es acelerar el progreso de una tiranía de derechas totalmente dictatorial, y quitárnosla de encima lo antes posible. La gente reacciona de forma más eficiente bajo un gobierno militar”. David Buckley, en su biografía Strange fascination (2000), subraya unas declaraciones de Bowie en Estocolmo:“El Reino Unido se beneficiaría con un líder fascista”. También informa de una detención en las aduanas ruso-polacas por posesión de parafernalia nazi. En cualquier caso, hay que tener siempre en cuenta que muchas de las palabras atribuidas a Bowie, especialmente durante la década de los setenta, suelen aparecer sin citar ninguna fuente.

bowie__fascismo_2Pero, sin lugar a dudas, la historia más conocida del coqueteo de Bowie con el fascismo tuvo lugar el domingo 2 de mayo de 1976. El artista regresaba de Alemania, donde había ofrecido su primer concierto en Berlín el 10 de abril. En la estación Victoria de Londres esperaban con impaciencia cientos de fans y periodistas. Tras bajarse del Oriente Express, Bowie saludó a su audiencia desde el Mercedes-Benz negro descapotable que le esperaba. Pocos días después, la revista New Musical Express (NME) le dedicaba su portada. En ella, Bowie aparecía con el brazo derecho extendido, de pie dentro del coche –alemán-, agradeciendo a sus seguidores la espera y el cariño que mostraban. Bajo la foto, un contundente titular: Heil and farewell (Heil y adiós). La prensa enseñó los dientes y se abalanzó sobre su presa. Muchos periodistas confirmaron que su saludo no había sido ni un “signo de paz” ni un “efecto de luz”, justificaciones dadas por el propio Bowie pasado algún tiempo. Un año después, a través del semanario británico Melody Maker, el artista sentenciaba: “No soy un fascista”.

Poco después de su regreso a Londres, Bowie se trasladó a Blonay, en Suiza. Allí pasaría la mayor parte del tiempo pintando y leyendo. También paseando y charlando con Oona O´Neill, la mujer de Charlie Chaplin. En junio produjo The idiot para Iggy Pop entre Múnich y Berlín. Durante esas semanas comenzaría a gestarse su siguiente disco, Low (1977), el primero de la comúnmente conocida como “trilogía berlinesa” que completarían “Heroes” (1977) y Lodger (1979). Tras confirmarse en septiembre que Bowie estaba viviendo en Berlín, la prensa especuló una vez más sobre su fijación por la República de Weimar y la Alemania nazi. Las razones esgrimidas por Bowie eran otras: vivir en aquel Berlín, fascinante y decadente a partes iguales, le servía de terapia e inspiración. Atrás fueron quedando las ingestas de cocaína y la locura californiana. También se alejó de su mujer, Angela, de la que terminaría divorciándose en 1980. Su piso, situado en el barrio de Schöneberg, se encontraba en un insípido edificio de la Hauptstrasse. Desde allí comenzaría un nuevo capítulo de su vida y entregaría, ya junto a Brian Eno, algunos de sus discos más recordados. Como rezaba una de las canciones del memorable Low, Bowie, una vez más, inauguraba una nueva carrera en una nueva ciudad.

 

Soleá Morente – Tendrá que haber un camino

solea-morente-2015Hace ya casi cinco años, en diciembre de 2010, fallecía Enrique Morente. Poco después nacieron Los Evangelistas, grupo formado por componentes de Los Planetas y Lagartija Nick. Juntos grabaron Homenaje a Enrique Morente (El Ejército Rojo/Octubre, 2012) y se comprometieron a mantener viva la figura del cantaor del Albaicín por los campos de España. En palabras de Antonio Arias, “salió de nuestro afán por hacerle una misa sónica frente a su ateísmo”. En aquel álbum, la voz de Soleá Morente –la hija mediana, entre José Enrique y Estrella, la mayor- deslumbraba en Yo, poeta decadente y La estrella, en una colaboración que se formalizaría meses después en los cinco temas que conformaban el EP Encuentros (2013), publicado ya bajo el nombre de Soleá Morente y Los Evangelistas. Al mismo tiempo debutaba como actriz en la obra teatral Yerma, de Miguel Narros. Poco a poco, hablando con amigos aquí y allá, fueron surgiendo nuevas ideas, textos, ilusiones. Ya en este 2015 se anunciaba la publicación de Tendrá que haber un camino (El Volcán Música), su primer disco en solitario.

Con este currículum expuesto aquí de forma exigua y conociendo mínimamente a los músicos implicados, no resulta complicado hacerse una idea del acabado sonoro del álbum. Hay flamenco y rock, canciones netamente pop y una persistente atmósfera de ruido y psicodelia siempre reconocible para los seguidores de Los Planetas, especialmente desde la senda abierta en el memorable La Leyenda del Espacio (BMG Ariola, 2007). También los familiarizados con los trabajos más intrépidos de Enrique Morente encontrarán aquí cobijo, con un Omega (El Europeo, 1996) siempre chispeante desde la montaña más alta.

El álbum ha contado con una importante lista de participantes. Hay aportaciones –en tareas de composición, ejecución y/o producción- de J, David Rodríguez, Manu Ferrón, Antonio Arias, La Bien Querida, su tío Montoyita, la orquesta marroquí Chekara, Jaime Beltrán o Sergio Pérez García, entre otros. Encontramos versos de Lorca y Machado y se incluyen dos adaptaciones de Leonard CohenWinter Lady y Hey, that’s no way to say goodbye– que fueron pensadas originalmente, precisamente, para Omega. Con este índice de contenidos es difícil no toparse con un buen puñado de momentos brillantes. Yo escucho los cantos inicia el camino entre retazos de una oscuridad que terminará disipándose en Todavía, rebosante fuente de ilusión por lo que habrá de llegar. Entre medias, desarrollos lisérgicamente folclóricos –La Ciudad de los Gitanos, Arrímate-, sevillanas y tangos del siglo XXI –Están bailando, Solos tú y yo– y una nueva electrificación de la figura de Cohen en una conmovedora Ésta no es manera de decir adiós. Justo es realzar Oración, con letra de Manu Ferrón: concisa, nocturna y finalmente brillante. De las composiciones de Ana Fernández-Villaverde (La Bien Querida) es fácil sucumbir al encanto de Nochecita Sanjuanera y la citada Todavía. Por el contrario, su Vampiro no muerde –incluso dudamos de la existencia de sus colmillos-. Y de Tonto –compuesta por David Rodríguez- se puede decir que sale, aquí con desconcertantes resultados, de la misma cadena de montaje que engendró el 9.6 de La Bien Querida.

No iba a ser este el primer disco de Soleá. Cuando le comunicó a su padre que quería cantar, Morente le dijo que primero estudiara una carrera. Tras licenciarse en Filología Hispánica comenzaron a preparar canciones, seleccionando temas de Paco Ibáñez o Víctor Manuel. Después de la repentina muerte de su padre siguió trabajando en el proyecto, que presumiblemente será su próximo álbum. Pero para ello aún tendremos que esperar. De momento nos quedamos con la celebración que supone, por varios motivos, este estupendo Tendrá que haber un camino.

Martin Courtney – Many Moons

martin_courtney_manymoons_2015Los seguidores de Real Estate tienen razones para seguir contentos. A la publicación el pasado año del formidable Atlas (Domino, 2014) hay que sumar en este 2015 nuevos discos por parte de los proyectos individuales de sus componentes. Si en verano el guitarrista Matt Mondanile registró el notable St. Catherine bajo el nombre de DucktailsAlex Bleeker, bajista de la formación, lanzaba hace unas semanas Country agenda, tercer trabajo con su propia banda, Alex Bleeker & The Freaks. Ahora es Martin Courtney, voz y compositor habitual de Real Estate, quien presenta estos días Many Moons, su primer álbum en solitario.

Pocas sorpresas hallarán en él aquellos que ya estén familiarizados con el sonido de Real Estate. Las diez canciones que encierran sus menos de cuarenta minutos ofrecen estructuras y sonoridades similares a las que ya pudimos paladear en Atlas. Probablemente se trate de un trabajo más homogéneo y desenfadado, pero la cimentación continúa basándose en reconocibles melodías, instrumentación principalmente acústica y algún matiz de tierna psicodelia. Courtney no ha estado solo durante la grabación. Matt Kallman –teclista de Real Estate-, el bajista Jarvis Taveniere o el batería Michael Stasiak, de EZTV, han ayudado a completar unas canciones que nos remiten por igual a Beatles, Big Star o unos Teenage Fanclub que, ¡por fin!, están preparando nuevo disco. Awake, Vestiges o Northern Highway quedan subrayadas dentro de un puñado de temas, los que conforman este Many Moons, que terminarán pidiendo a gritos algo de tiempo para sonar plácidamente en tu reproductor.

Alegrías de YouTube (I) – Homenaje a Gene Clark

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Gene Clark

Gene Clark fundó junto a Roger McGuinn los Byrds en 1964. Con ellos compondría temas como Set you free this time, Eight miles high o I´ll feel a whole lot better, entre muchos otros, todas ellas piezas ya clásicas del mejor repertorio de la banda. Dos años más tarde abandonaría el grupo por desavenencias con los managers. Su miedo a volar tampoco ayudó. Posteriormente inició una notable carrera en solitario que le llevó a grabar varios discos, entre ellos los siempre admirables White light (1971) y un No other (1974) que en 2014 cumplía cuarenta años.

Uno de los homenajes llegó en forma de grupo, The Gene Clark No Other Band, compuesta por una amplia nómina de reconocidos músicos: Victoria Legrand y Alex Scally (Beach House), Robin Pecknold (Fleet Foxes), Daniel Rossen (Grizzly Bear), Hamilton Leithauser (The Walkmen), Iain Matthews (Plainsong/Fairport Convention) y Jenn Wasner (Wye Oak). También participaron miembros de Lower Dens, Cass McCombs, Celebration y Mt. Royal.

Juntos se embarcaron en una pequeña gira por la costa este de los Estados Unidos para interpretar las canciones del álbum. El concierto celebrado en el Music Hall de Williamsburg (Brooklyn) fue registrado por las cámaras de Pitchfork, siempre sobresalientes a la hora de realizar proyectos de este tipo -complicado olvidarse del Forever still de Beach House-. El resultado son cincuenta minutos encantadores y apto para todo tipo de públicos. No es necesario siquiera haber escuchado el disco original. De hecho, puede que de esa forma la novedad y la sorpresa, como ocurre en muchas ocasiones, incremente el placer. En cualquier caso, el disfrute está garantizado.

Noel Gallagher’s High Flying Birds – Chasing yesterday

210x210xNoel-Gallaghers-High-Flying-Birds_Chasing-yesterday_2015Segundo asalto en solitario para un Noel Gallagher empeñado en seguir componiendo buenas canciones. Si en su primer disco apenas se desviaba del camino marcado por Oasis, en este Chasing yesterday hay un mayor empeño en seguir gateando en otras direcciones. Tal vez en diez o veinte años Noel eche a correr, pero de momento es lo que hay. Siempre se ha tomado las cosas con calma y difícilmente va a cambiar a estas alturas de la película. Aunque vaya usted a saber.

Mientras tanto nos queda una nueva colección de canciones sobre las que merece la pena pasearse con tranquilidad, dejarlas reposar. Las principal novedad del disco la encontramos en una parte central embriagada de atmósferas sugerentes –The right stuff, While the song remains the same y The mexican-, sección donde han metido mano Amorphous Androgynous, dúo de música electrónica con el que Noel supuestamente grabó un disco, aún sin publicar, hace tres o cuatro años. Fuera de esa zona a la que podríamos tímidamente denominar como experimental, Chasing yesterday fluctúa entre melodías de siempre con alguna prenda nueva –The girl with x-ray eyes, The dying of the light– y pepinazos marca de la casa: Lock all the doors yYou know you can´t go back nos cogen de la mano para llevarnos a un sábado por la mañana cualquiera de 1996. Allí nos vemos a nosotros mismos, algo más jóvenes, levantándonos de la cama, enchufando la minicadena y poniendo Definitely maybe a todo volumen para luego pasar a las caras b de Morning glory.

Volviendo al presente, cabe resaltar también el comienzo con Riverman -siempre han sido del gusto de Noel los Pink Floyd más burgueses- y el final con una Ballad of the mighty I que viene a arreglar aquel What a life y que probablemente le asegure más minutos en las emisoras de radio de los inicialmente previstos. Bien, Noel, bien.

Father John Misty – I love you, honeybear

Father_John_Misty_Iloveyouhoneybear_2015Joshua Tillman lleva componiendo música desde que tenía 21 años. A los 25, y tras un pequeño empujón por parte de Damien Jurado, editaba su primer trabajo, Minor works (2006). Después entraría a formar parte de Fleet Foxes como batería, algo que terminaría por aburrirle. Tras el final de la gira de Helplessness blues (2011), Tillman abandonaba el grupo para pocos meses después entregar Fear fun (Sub Pop, 2012). El gesto grave y serio que siempre le había acompañado se relajó. Terminó sonriendo y aceptando una nueva vida que trajo consigo unas canciones con menos maquillaje y mayor despreocupación, algo que el público supo apreciar. Fear fun se convertiría en el primer disco de Father John Misty.

Rímel, sangre, cenizas y semen sobre las sábanas Rorschach donde hacemos el amor“. Así comienza I love you, honeybear (Sub Pop, 2015), segundo álbum del renacido Tillman y producido por él mismo junto a Jonathan Wilson. Un trabajo conceptual traducido en un atractivo paseo por distintas fotografías de su vida: algunas viejas, otras hechas antes de ayer, varias con filtro Instagram, dos o tres en hermoso blanco y negro. Todas ellas con su novia, Emma Garr, como esplendoroso punto de fuga. Una envidiable relación -al menos desde nuestras cómodas localidades- que Tillman retrata de forma convincente, graciosa y sin escatimar en detalles (“quiero tomarte en la cocina, levantarte tu vestido de bodas en el que alguna fue probablemente asesinada“). Entre toda esta novela rosa, de intriga y pasión (más: “nunca intentaré cambiarte, y si lo hiciera, ¿cuál sería la parte que más echaría de menos?“) se cuelan algunos episodios de desencantos varios (Bored in the USA) o ese sobresaliente resumen, escrito el día de su boda, de nuestra sensacional vida occidental que es Holy shit: es tan buena, tan emocionante, que tras escucharla un par de veces lo mejor es salir a dar una vuelta y tomar algo.

A la parte literaria del álbum no le importaría pasear sola, sin acordes ni voces de acompañamiento. Con la música de I love you, honeybear ocurre lo mismo: se pueden mandar al carajo los textos y beberse alegremente todo lo demás. Canciones deliciosas -siento el adjetivo, son así- donde los diferentes arreglos otorgan placeres secretos a cada corte. Hay algo de Phil Spector y su muro de sonido en el tema titular, también sexo, drogas y rock´n´roll en The ideal husband y algo de electrónica en una True affection que llega a quebrar el hechizo del disco, su unicidad, pese a estar situada al comienzo del mismo. Obviando esto último, I love you, honeybear se nos presenta como un intachable conjunto de canciones de la que George Harrison hubiera estado orgulloso. También Neil Young, Bob Dylan, Will Oldham y tantos otros ídolos a los que tuvo que matar para intentar convertirse él en uno. Así que ahí lo tenemos, recorriendo de forma inmejorable su largo y sinuoso camino de baldosas amarillas, aunque él de inteligencia, corazón y valor parece ir sobrado.

Panda Bear meets the Grim Reaper

pandabear_meets_grimreaper_2015No son pocas la ocasiones en las que Panda Bear (Noah Lennox) se ha referido a la muerte, conocida también como Grim Reaper entre otras muchísimas denominaciones. Un disco tan deslumbrante como Person pitch (2007) tuvo como precedentes el fallecimiento de su padre y la posterior publicación de Young prayer (2005). También en su mudanza desde Estados Unidos a Portugal hace diez años se podría hablar de algún tipo de muerte, o por lo menos de esas cosas que van quedando atrás y terminan por no volver. Tras Tomboy (2011), enmarcado dentro de un renovado espíritu exploratorio, llega este Panda Bear meets the Grim Reaper (Domino, 2015) que pretende subrayar aquellas cosas realmente importantes que nos rodean. Ya no hablamos de la muerte, ahora le estrechamos cordialmente la mano y nos sentamos a conversar con ella.

 

Estructurado en tres actos según palabras del propio Lennox, el álbum ha sido grabado nuevamente con la ayuda de Peter Kember (Sonic Boom). Fue él quién sugirió la idea de un posible poso conceptual a la hora de secuenciar las canciones del disco: el dejar atrás algo para, sin al principio saber muy bien cómo, terminar en otro lado. No hay grandes cambios con respecto al sonido en este Grim Reaper. Se siguen utilizando todo tipo de capas, samplers y atmósferas para recrear canciones de reconocibles melodías, algunas de ellas con estrofas y estribillos intercambiables. Todo ello regado con buenas dosis de psicodelia y cataratas de reverberación. En la voz de Lennox sí notamos alguna novedad. Descubrimos en ella una mayor seguridad, claridad y volumen que en anteriores entregas, factor que termina favoreciendo al conjunto. Buenas representantes tanto del disco como de los tres grandes bloques en los que se divide serían el pegadizo single Mr. Noah, la efervescente Príncipe Real y Tropic of Cancer, una auténtica delicia ante la que no resulta complicado acordarse de Brian Wilson interpretando Surf´s up al piano. En la misma línea se pasea Lonely wanderer, que sirve para cerrar la parte más neblinosa de un álbum nuevamente admirable. Con trabajos así es fácil seguir enganchados a los baños ácidos de nuestro oso más amoroso.

Natural Child – Dancin´ with wolves

Natural-ChildSe acaba el año y es hora de leer multitud de listas con lo más recomendable que ha dado este 2014. La mayoría de ellas se publican a principios de diciembre, amputando así unas semanas en las que se supone más tiempo disponible para escuchar música, ver películas y series, leer. En Alta Fidelidad irán llegando en un par de semanas. No tengo ni idea de si este Dancin´ with wolves se colará en el apartado internacional, pero mi voto lo tendrá. Procedentes de Nashville, Natural Child vienen a cubrir esa necesidad de rock sureño que muchos tenemos. Esa que cada poco tiempo nos lanza a consumir considerables dosis de blues, country, folk y rock´n´roll mientras bailamos de cualquier forma y arrimamos los labios al bourbon de turno. Sólo cuentan con un par de discos, pero suenan a banda con miles de kilómetros y resacas a sus espaldas. Inevitable mantenerse imperturbable ante temas como Country hippie blues, Saturday night blues o la versión de Tom T. Hall Nashville’s a groovy little town. Ponte discos de los Flying Burrito Brothers, de los Jayhawks, de JJ Cale, de Willie Nelson, de Grateful Dead, y cuela entremedias este Dancin´ with wolves: otro tesoro al que volver cuando todo sea un poco más oscuro.