Archivo de la categoría: Cómics

San Ceremonio al habla

bardin“Hoy os hablaré del verdadero sentido de un profundo drama teológico, del eterno combate entre la luz y la oscuridad, la virtud y el pecado. En el origen, ocho eran las virtudes y seis los pecados. Pero estos, al carecer de escrúpulos, pronto se hicieron dueños y señores del mundo, corrompiendo alegremente cuerpos y almas. Tal era el lamentable estado de las cosas cuando una de las ocho virtudes decidió sumarse al bando contrario, atrayendo sobre sí el desprecio y la maldición de sus compañeras. Pereza, así se llamaba la traidora. Lo que no sabían era que ella, llevada por una abnegación y una generosidad sin límites, se estaba autoinmolando en beneficio de todos. En efecto, la Pereza se había infiltrado entre los pecados para destruirlos desde dentro. Porque, fijaos bien: la Ira, la Soberbia, la Lujuria, la Envidia, la Avaricia y la Gula, ¿acaso no precisan todas ellas de un enorme despliegue de energía, de un tremendo derroche de vitalidad para desarrollarla? Y hete aquí que con la Pereza a su lado se deshacen como humo. Honremos pues, hermanos, a la Pereza como lo que verdaderamente es: la más excelsa, humilde y heroica entre todas las virtudes. Alabémosla y santifiquémosla como merece. Que su hermoso sacrificio no haya sido en vano”.

(Texto extraído del cómic “Bardín el Superrealista”, de Max)

V de Vendetta. Monólogo con la Justicia

v2Hola, bella dama. Bonita noche, ¿verdad? Perdone mi intromisión. Quizás deseaba pasear. O sólo disfrutar de la vista. No importa. Es hora de que tengamos una charla. Ahh… olvidaba que no nos han presentado. No tengo nombre, llámeme “V”. “Sra Justicia… aquí V”, “V, aquí la señora Justicia”. “Hola, señora Justicia”. “Buenas noches, V”. Ya está, ya nos conocemos. Soy admirador suyo desde hace tiempo. Oh, sé lo que piensa… “El pobre chico está loco por mí…” Lo siento, madame. No es así en absoluto. La admiraba… aunque a distancia. La miraba desde la calle cuando era chico. Le decía a mi padre: “¿Quién es esa dama?”. Y me contestaba, “es la señora Justicia”. Y le decía, “¿No es bonita?”. No es algo físico, sé que no es de esas. No, la amaba como persona. Como ideal. Eso fue hace mucho. Ahora hay alguien más. “¿Qué? ¡V! ¿Me has traicionado por una ramera vanidosa de labios pintados y sonrisa incitante?” ¿Yo? ¡Disiento! ¡Fue tu infidelidad la que me echó en sus brazos! ¡Ah-ha! Te sorprendí, ¿eh? Pensabas que no sabía lo tuyo. Pues lo sé. ¡Lo sé todo! No me sorprendió. Siempre te gustaron los uniformes. “¿Uniformes? No sé de qué me hablas. Tú siempre fuiste el único, V…” ¡Mentirosa! ¡Zorra! ¡Ramera! ¿Niegas que te lanzaste a sus brazos y a sus botas? ¿Te comió la lengua el gato? Eso parece. Te has mostrado por fin. Ya no eres mi justicia, ahora eres su justicia. Te acostaste con otro. ¡Dos pueden jugar a ese juego! “Sniff, ¿quién es ella, V? ¿Cómo se llama?” Se llama Anarquía. ¡Y me ha enseñado más que tú como mujer! Me ha enseñado que la Justicia es inútil sin Libertad. Es honesta. No hace promesas ni las rompe como tú, Jezabel. Me preguntaba por qué no me mirabas a los ojos. Ahora lo sé. Adiós, querida. Me entristecería por nuestra separación, pero ya no eres la mujer que amaba. Aquí tienes un regalo final. (…) Las llamas de la Libertad, que hermosas. Ahh, mi preciosa, Anarquía… “Hasta ahora no conocía tu belleza”.