Dietario 4

Me dijo Ana la otra noche que tenía nuevamente ganas de desaparecer. Recordé mis festejos internos cuando me dicen que estoy muy perdido, que dónde me meto. Comparto con Ana muchas cosas, pero su interés por esfumarse con cierta frecuencia es uno de los rasgos que más me fascinan de ella. Alguien, no recuerdo ahora quién, se preguntaba si es extraña la sensación de alegrarse secretamente al comprobar que nos ocultábamos un poco de todo y de todos. ¿Cómo lo haremos para desaparecer?

A Cortázar le pasaba algo similar. Lo contó en la memorable entrevista que mantuvo con Joaquín Soler Serrano en el programa A fondo de Televisión Española en 1977: “Me siento bien solo, puedo vivir solo. Y eso, sobre todo, en mi juventud. Luego, viviendo ya en Europa, por otros motivos, descubrí a mi prójimo […] Es un poco como la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Me sucede, y es algo que yo lamento, que a veces, en grandes reuniones en las que me siento muy bien, hay un minuto en que Mr. Hyde me dice en el oído “¿porque no estás escuchando un disco tranquilo en tu casa?”.

Parece ser que “desaparezca aquí” es una indicación que podemos leer en una de las novelas de Bret Easton Ellis. Nacho Vegas tituló así su tercer disco. En la portada apenas distinguimos su rostro, aunque la hermosa melena aún resiste ante una creciente oscuridad. En sus canciones abundan, si nos lo proponemos, textos que nos hablan de quitarse de en medio, de transformarse. De trazar nuevos planes aunque las maniobras sigan siendo las mismas. “Todo el mundo fantasea con una muerte dramática”, canta en la introducción.

Encima de los escenarios, sus tentativas de desaparecer se basaban en las historias que relataba entre canción y canción. Hablo de hace ocho o diez años, antes de que la vida manca llamara a su puerta. A finales de 2006, durante un concierto en Córdoba, nos contó que el día anterior había estado en Jaén. Junto a un amigo se dirigió a comprar aceite, pero primero preguntaron dónde podían conseguirlo a buen precio y en grandes cantidades. Cuando obtuvieron la información, ambos se dirigieron rápidamente al lugar indicado. Al llegar allí les recibió un hombre que portaba, literalmente, un rifle entre las piernas. A su lado aparecieron dos efebos grandes y bien formados que parecían ser guardaespaldas. Nacho les comentó el motivo de la visita y ellos le vendieron el aceite a veintiocho euros la botella. A continuación pasaron a una sala cuyas paredes estaban adornadas con narices y antifaces similares a los que se utilizan en los carnavales. De fondo sonaba una y otra vez una canción del primer disco de Pink Floyd.

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