Apuntes sobre el aburrimiento

El pasado viernes hablaban del aburrimiento en la siempre interesante sección que Jorge Barriuso tiene en el segundo tramo de Hoy empieza todo de Radio 3. He ido a escuchar de nuevo el fragmento, pero desgraciadamente no se encuentra disponible el programa del día 14. Una pena, porque tenía pensado comenzar el texto escribiendo sobre ello y compartir por aquí el archivo de audio.

17th June 1957, British mathematician and philosopher Bertrand Russell (1872 - 1970). (Photo by John Drysdale/Keystone/Getty Images)

Bertrand Russell

En cualquier caso, medio día después de escuchar todo aquello sobre el aburrimiento me sentaba en el sofá y abría por primera vez La conquista de la felicidad (1930), de Bertrand Russell (1872-1970). Un libro cuyo título nos hace pensar de manera inevitable en uno de esos manuales de auto ayuda que tan buenos resultados de ventas suelen tener en España. Tal vez lo sea. En él, Russell nos da las claves, siempre bajo su punto de vista, de aquello que nos hace feliz e infeliz, aunque hoy nos centraremos únicamente en la infelicidad. ¿Qué hace desgraciada a la gente?, se pregunta Russell en el primer capítulo del libro. Entre las causas encontramos la competencia, la envidia o el miedo a la opinión pública. También incluye el aburrimiento, al que dedica palabras como las siguientes:

“Ahora nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo a aburrirnos […] El deseo de escapar del aburrimiento es natural; de hecho, todas las razas humanas lo han manifestado en cuanto han tenido ocasión […] Sin embargo, el aburrimiento no debe considerarse absolutamente malo”. Russell, que, recordemos, escribía todo esto hace ochenta y cinco años, distingue aquí entre dos clases de aburrimiento: el fructífero (se basa en la ausencia de drogas) y el ridículo (no existe actividad vital). Añade, además, que “todos los grandes libros contienen partes aburridas y todas las grandes vidas han incluido períodos sin ningún interés”. A continuación encontramos ejemplos de personajes históricos que tuvieron en sus vidas grandes momentos de aburrimiento. Por ejemplo, “se dice que Kant nunca se alejó más de quince kilómetros de Königsberg en toda su vida. Darwin, después de dar la vuelta al mundo, se pasó el resto de su vida en su casa. Marx, después de incitar a unas cuantas revoluciones, decidió pasar el resto de sus días en el Museo Británico”. Por lo que termina concluyendo que “la vida tranquila es una característica de los grandes hombres, y sus placeres no fueron del tipo que parecería excitante a ojos ajenos”.

En cualquier caso, sirvan estos arañazos en forma de frases para animaros a que le echéis un ojo al capítulo en cuestión o al libro al completo. Son apenas doscientas páginas que se leen con gusto y genera un debate interno bastante saludable. Los fragmentos aquí copiados están sacados de la cómoda edición de la editorial Debolsillo, traducida por Juan Manuel Ibeas y con prólogo de Fernando Savater.

Michel de Montaigne

Michel de Montaigne

Tras el episodio dedicado al aburrimiento como fuente de infelicidad llegaba el de la fatiga. Pero interrumpí la lectura al pensar que Montaigne algo tendría que haber dicho al respecto en su momento, allá por 1571. Así que me levanté del sofá y busqué entre sus Ensayos algún capítulo cuyo título hiciera referencia al aburrimiento. No lo encontré, pero el octavo del primer volumen (me refiero a la admirable edición de Cátedra) se centra en la ociosidad. Son menos de dos páginas, pero nos sirve para enlazar con el aburrimiento y descubrir otra probable causa de infelicidad. “Si no lo ocupamos en algún tema que lo bride y contenga”, aquí Montaigne se está refiriendo al pensamiento, “se lanza desbocado aquí y allá, por el campo difuso de las imaginaciones […]. Piérdese el alma que no tiene meta establecida; pues, como suele decirse, estar en todo es no estar en nada. Cuando últimamente me refugié en mi casa decidido en la medida de lo posible a no dedicarme a otra cosa más que a pasar retirado y en paz lo poco que me queda de vida, parecíame que no podría hacerle mayor favor a mi espíritu que dejarlo en plena ociosidad ocuparse de sí mismo […]. Mas resulta que, por el contrario, como caballo desbocado, dase cien veces más trabajo por sí mismo del que se tomaba por otros; y engendra tantas quimeras y monstruos fantásticos, unos tras otros, sin orden ni concierto, que para contemplar a gusto su inepcia y rareza, he empezado a ordenarlos”.

Dejemos por aquí apuntada también la definición de aburrimiento según la RAE:

  • Cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta.

Y añadimos, ya para finalizar, algo de lo que nos cuenta Wikipedia al respecto, emulando así (ya que de otra forma no va a ser posible) a Michel Houellebecq en su penúltima novela, El mapa y el territorio (Anagrama, 2010):

  • Aburrimiento (latín: ab- prefijo «sin», horrere «horror») es la existencia desprovista de sentido, cuando ya no queda nada por perder, nada a que temer.
  • El aburrimiento también puede llevar a acciones impulsivas o excesivas sin sentido, o incluso que perjudiquen los propios intereses.
  • Isaac Asimov aseguró que el aburrimiento iba a convertirse en la principal enfermedad de nuestra época, hasta tener consecuencias mentales, emocionales y sociológicas.
  • Algunos psicólogos coinciden en afirmar que una de las razones que mueven a los jóvenes a entrar en el mundo de la droga y el alcoholismo es precisamente el aburrimiento.
  • La respuesta del ser humano más aceptada y extendida al aburrimiento es realizar tareas que no requieran apenas esfuerzo (ni físico ni psíquico) y que le mantengan concentrado y absorto (y por tanto evadir el aburrimiento).
  • En filosofía, el aburrimiento aparece frecuentemente junto a sentimientos como el disgusto, el miedo. Sobre él han escrito Søren Kierkegaard, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche y Neil Postman (¡y nuestro Betrand Russell, claro!).
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