Primavera Sound 2015 (Parc del Fòrum, Barcelona, del 27 al 30 de mayo)

El pasado mes de mayo se celebró en Barcelona una nueva edición del Primavera Sound. El festival cumplía quince años en este 2015, y desde hace un par de ediciones parece ser que ha alcanzado la distribución de escenarios adecuada en el Parc del Fòrum. Ha costado, pero la configuración actual convence tanto a la organización como al público, algo siempre complicado de conseguir. Ha habido quejas con respecto al escenario Pitchfork por temas de sonido, especialmente en el concierto de Tobias Jesso Jr., en donde el bajo volumen, unido a la descarga sonora de White Hills en el escenario contiguo (Adidas Originals) y de The New Pornographers en el ATP, hizo que incluso en las primeras filas fuese difícil escuchar con cierta claridad al autor del formidable Goon (True Panther Sounds, 2015), que, copa de vino en mano y algo desanimado, abandonaba el escenario con visible resignación al terminar su actuación. Otros detalles a mejorar son la limpieza -tal vez optar por vasos retornables sea una de las muchas opciones a tener en cuenta- y los accesos al Auditori, donde se vivieron momentos de tensión regados ocasionalmente con algunas gotas de surrealismo. Entendemos que la solución no es fácil, pero un recinto como el Auditori, donde tantos momentos memorables siguen teniendo lugar, merece formas más adecuadas de acceso. Por otro lado, el precio de las cervezas sigue volando muy alto. En el otro lado de la balanza colocamos la puntualidad, conciertos con buen sonido, la amabilidad por parte de los empleados en las barras y en las tareas de seguridad, notables descubrimientos musicales antes, durante y después del festival, la comodidad a la hora de situarse frente al escenario -si obviamos espectáculos como los de The Black Keys, The Strokes o Caribou en el Ray-Ban- y una larga ristra de aciertos que es fácil pasar por alto ante lo monumental de la cita.

OMD

OMD

Nuestro recorrido comenzó en la jornada gratuita del miércoles frente a Christina Rosenvinge. La rubia, que definitivamente siente algún tipo de simpatía por el diablo, sigue presentando Lo nuestro (El Segell del Primavera, 2015), álbum que intenta romper con el tono acariciador de sus dos últimos trabajos a base de una mayor oscuridad instrumental, textos sin concesiones y una actitud endurecida. Sobre el escenario ATP mostró nuevas cartas (Lo que te falta, La muy puta, La tejedora) y desempolvó otras a las que presentó en consonancia con sus nuevos modos (Mi vida bajo el agua, La distancia adecuada o Eclipse), todo ello de manera más que satisfactoria. Se nos hizo corto. A Albert Hammond Jr. se le ve ciertamente contento con su carrera en solitario. Su repertorio cuenta ya con varios momentos a disfrutar, y sabe cómo trasladarlos al directo de forma convincente. Hubo tiempo para picar en temas de sus primeros discos, versionar a los Buzzcocks (Ever fallen in love) o presentar nuevas canciones como Losing touchBorn slippy, dos adelantos que vienen a confirmar que una vez desaparezcan los Strokes, sus guitarras seguirán dándonos guerra. Otra cosa es que la ganen. El día inaugural se cerró con OMD, que ejercieron de maestros de ceremonias ante un público que les siguió el juego y disfrutó enormemente. Comenzaron con Enola Gay y lo mínimo que pudimos hacer es volvernos locos. Luego fue complicado alcanzar otra algarabía similar, pero Souvenir o Electricity, ya para cerrar, casi lo igualaron. Derroche de profesionalidad, carisma y calidad para finalizar una noche que servía para abrir, por fin, las fiestas mayores de un nuevo Primavera Sound.

Panda Bear

Panda Bear

Mucha gente se acercó temprano al Fòrum el jueves. Había que cambiar la entrada por la pulsera y la tarjeta del festival y hacer cola para conseguir un pase -a dos euros por cabeza- con el que poder ver, si te apetecía, a Panda Bear en el Auditori. La entrada, a pesar de los tickets, fue un caos. El concierto comenzó con algo de retraso y algunos aún se acomodaban mientras Noah Lennox ya trasteaba sus cacharros sobre el escenario. Apoyado por proyecciones a sus espaldas que reforzaban lo que íbamos escuchando, Lennox hizo pocas concesiones al pasado y se centró en el notable Panda Bear meets the Grim Reaper (Domino, 2015), del que sonaron hasta seis canciones, incluida una maravillosa Tropic of Cancer. Pop, psicodelia y electrónica se dan la mano en un show que nunca termina de convencer a la totalidad del público. A Twerps, ya frente al escenario Pitchfork, conseguimos cazarlos en los últimos quince minutos, así que pudimos comprobar, aunque fuera de refilón, que se lo montan bien en directo. Puede que hayan creado unas expectativas algo exageradas, pero escuchando ese cierre con Who are you llegas a pensar que, efectivamente, pueden llegar bien alto. Con buen sabor de boca y algo de cerveza en el cuerpo volvimos a refugiarnos en el Auditori.

Mark Kozelek (Sun Kil Moon) estuvo acompañado por Neil Halstead (guitarra, coros) y un batería que finalmente no fue Steve Shelley debido a su compromiso con Thurston Moore. Mientras se situaba en el escenario muchos pedían silencio, tal vez temiendo que las malas pulgas de Kozelek saltaran a las butacas del auditorio de un momento a otro. Pero nos tranquilizó al instante, anunciando que no iba a decir ninguna gilipollez. Algo así soltó. Luego llegó la excelencia. Da lo mismo que sólo sean siete las canciones que interprete -como él mismo comentó, son muy largas, qué le vamos a hacer- y que tres de ellas sean de un disco que se publique días después. Es igual. Esos temas tan largos, llenos de relatos que podrían terminar impresos y nosotros los compraríamos felizmente, interpretados con inigualable voz y sutileza instrumental, terminan desarmando a poco que se les preste atención. Incluso algo con un título como This is my first day and I’m Indian and I work at a gas station, que empieza regalándote una sonrisa casi sin querer, te otorga otra aun mayor conforme avanzan sus diez minutos de duración, al darte cuenta de la libertad artística de este hombre, de lo que es capaz de atrapar de la nada para luego dártelo y que se quede contigo por mucho tiempo, tal vez para siempre.

Con Jason Pierce y sus Spiritualized es difícil fallar. Cuentan por ahí que un día tuvo una mala noche; no sé si será cierto. Se presentó sin nuevo trabajo al que hincar el diente -llegará en los próximos meses- y ofreció un recital de blues eléctrico y góspel espacial del que la gente congregada frente al escenario ATP supo participar, respetando silencios y aullando cuando la ocasión lo requería. Recuerdo especialmente brillantes Lord let it rain on me, Soul on fire y Walkin’ with Jesus, de Spacemen 3. Qué gozada. A los Black Keys, ya en la explanada con los dos escenarios principales enfrentados (Primavera y Heineken), los vimos desde una prudente distancia. Hicieron lo suyo mientras recordábamos el puñado de buenas canciones que tienen. Otra cosa es que hayan cambiado de actitud y sonido a la hora de presentarse ante un público ya masivo. Pero esa es otra historia, muy aburrida, y aquí no va a ser contada.

Spiritualized

Spiritualized

El viernes empezamos de nuevo la jornada en el Auditori. A las cuatro de la tarde presentaba allí Rocío Márquez El niño (Universal, 2014), su último trabajo hasta la fecha. Un excelente disco dedicado al cantaor Pepe Marchena en donde conviven alegremente el flamenco y la vanguardia, las baterías y las palmas. De la producción se han ocupado Faustino Núñez y un Raül Fernández Miró (Refree) que repetía jugada maestra tras su recordado concierto del pasado año, en el mismo marco, junto a Sílvia Pérez Cruz. El espectáculo comenzó con Márquez acompañada de Pepe Habichuela a la guitarra para posteriormente ir recibiendo sobre las tablas a Refree y al resto de músicos. En ese momento se quebró la tradición y recorrimos caminos más experimentales pero igualmente emocionantes. Quejíos eléctricos que se abrieron paso entre una audiencia anonadada. Hacia el final apareció por allí otro niño, el de Elche –Francisco Contreras, del que hay que reivindicar su Voces del extremo (Telegrama, 2015)-, para terminar de rematar una faena sublime.

De nuevo en el exterior, nos gustaron Disappears, pese a que su propuesta tal vez encaje mejor en un horario más nocturno, y unos Fumaça Preta divertidos y explosivos a la hora de mezclar pop, samba, funk o ska. Antes de volver al Auditori nos detuvimos en el escenario Ray-Ban, donde Sr. Chinarro demostró una vez más la solvencia de su directo. Andan presentando el recomendable Perspectiva caballera (VEEMMM, 2014), del que incluyen tres o cuatro temas durante el concierto. El resto, y aquí viene nuestra colleja, sigue siendo lo de siempre. Son ya muchos años sin sorpresas en su repertorio. Le da al pueblo lo que quiere mientras él se abstrae y llega a pensar, según sus propias palabras, en el recibo a pagar o qué chica de la primera fila tiene las tetas más grandes. No se corresponde esa magnífica creatividad en el estudio con sus aventuras sobre el escenario. En cualquier caso, olé.

Sleater-Kinney

Sleater-Kinney

Cuesta explicar el por qué de colocar a Tony Allen en el Auditori mientras Tobias Jesso Jr. hacía lo que podía en el Pitchfork. Mientras que en el concierto de Allen parte del público, hacia la mitad del espectáculo, bajaba a las primeras filas a bailar, en el de Tobias se acercaban al escenario con la esperanza de oírle, tarea harto complicada por lo ya relatado en el primer párrafo de esta crónica. Allen y su banda ofrecieron la fiesta prometida a base de mucho ritmo funk, afro-beat o como quieran llamarlo, y en donde su último disco, Film of life (Jazz Village, 2014), tuvo el protagonismo esperado y deseado. Con la llegada de la noche disfrutamos una vez más de la perfección pop de Belle and Sebastian -pese a que la sección de cuerdas quedó deslucida- y unas Sleater-Kinney que apenas respiraron entre tanto zurriagazo, ya salieran de su último trabajo, No cities to love (Sub Pop, 2015), o del resto de su discografía, como las brillantes What´s mine is yours, The fox o Dig me out.

El sábado comenzamos de nuevo en el Auditori. Allí nos esperaba Patti Smith en formato acústico tras su triunfo el día anterior interpretando Horses (1975), su álbum más emblemático, en uno de los escenarios principales. Con la banda al completo -no hubo rastro del anunciado spoken word más allá de los habituales comentarios entre canciones-, Patti hizo un amable repaso por algunos de sus temas más conocidos (Dancing barefoot, Because the night) a los que sumó un par de versiones: Beautiful boy de Lennon y un Perfect day del que olvidó algún fragmento mientras se disculpaba ante Lou Reed. Finalmente, con ayuda del teclista y de un público entregado, Patti terminó su interpretación entre gritos y aplausos. El cierre con People have the power culminó otra actuación para el recuerdo.

Minutos después aparecían por allí Swans, que tras la triste caída del cartel a última hora de Ben Watt se anunciaba como una cita poco menos que apocalíptica, ya que Michael Gira y los suyos, según la propia organización, tenían “la oportunidad de alargar su actuación con un demoledor directo de tres horas en el que darán rienda suelta a su rock más apabullante y desgarrador”. Al final se quedaron en dos y, aunque cueste creerlo, lo que le faltó al ritual que allí organizaron fue precisamente esa hora de más. Empezaron creando atmósferas, envolviéndonos en su mundo. Poco a poco se irían añadiendo secciones más rítmicas, marcadas por las percusiones de unos sensacionales Thor Harris y Phil Puleo. De esa forma, cuando llegaron Just a little boy (for Chester Burnett) y Bring the sun / Black hole man, algunos estábamos ya lo suficientemente vapuleados y preparados para saltar a una siguiente fase que nunca llegó. O al menos esa fue mi sensación. Un brutal coitus interruptus ante el cual sólo pudimos aplaudir. Una vez fuera del Auditori, y parafraseando a Antonio Luque, “vi la vida mejor y no me gustaba”.

Foxygen

Foxygen

Lo positivo de esa hora menos es que pudimos disfrutar del concierto de Mac Demarco en el escenario Heineken. Hubo buenas canciones, interacción máxima con el público y entre ellos -son de los que demuestran lo bien que se lo están pasando ahí arriba-, y algún momento supuestamente improvisado, como la versión del Yellow de Coldplay mientras cambiaban una de las cuerdas de la guitarra. Foxygen continuaron la fiesta pero descuidando sus canciones. Ya hablamos de ellos hace unos días. Su desenfrenada psicodelia pop, perfectamente retratada en el genial …And Star Power (Jagjaguwar, 2014), no terminó de brillar. El desfase de Sam France, saltando de aquí para allá, cayéndose o tocándose los huevos constantemente, es divertido hasta cierto punto. No me parece del todo mal, ni mucho menos, pero llegados a ese punto te entristece comprobar que las canciones están siendo maltratadas en detrimento de un espectáculo que puede terminar resultando cansino. El final con No destruction y Everyone needs love enderezó un poco la cosa, pero el daño ya estaba hecho.

The Strokes

The Strokes

Interpol obtienen frente al público todo el reconocimiento del que sus discos ya no gozan. Y no es para menos, ya que en vivo se muestran intratables. Suenan del carajo y tienen buenas canciones para dar y regalar. Poco importa que de su último trabajo apenas vayan a sobrevivir un par de temas para el directo, ya que las bofetadas y escalofríos que siguen proporcionando Evil, The newUntitled, entre otros, siguen resultando imbatibles. Por su parte, The Strokes lo hicieron bien. De hecho, muy bien. No valen las críticas a su actitud pasota o a la voz de Julian Casablancas, ya que desde sus comienzos vienen siendo parte de su excéntrica personalidad como grupo. En el apartado técnico estuvieron impecables, ofreciendo un agradecido repertorio (Someday, Last nite, Automatic stop, Reptilia, This is it) al que habría que sumar unos bises que incluyeron The Modern Age, Under cover of darkness, Hard to explainNew York City Cops. Días después, tras un concierto en Londres, el guitarrista Albert Hammond Jr. declararía que ése podía haber sido el último concierto de la banda. Otra razón más, pues, para considerar como histórica la actuación del Primavera Sound.

Fotos: Pablo Luna Chao (@PabloLunaChao84)

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