Panda Bear meets the Grim Reaper

pandabear_meets_grimreaper_2015No son pocas la ocasiones en las que Panda Bear (Noah Lennox) se ha referido a la muerte, conocida también como Grim Reaper entre otras muchísimas denominaciones. Un disco tan deslumbrante como Person pitch (2007) tuvo como precedentes el fallecimiento de su padre y la posterior publicación de Young prayer (2005). También en su mudanza desde Estados Unidos a Portugal hace diez años se podría hablar de algún tipo de muerte, o por lo menos de esas cosas que van quedando atrás y terminan por no volver. Tras Tomboy (2011), enmarcado dentro de un renovado espíritu exploratorio, llega este Panda Bear meets the Grim Reaper (Domino, 2015) que pretende subrayar aquellas cosas realmente importantes que nos rodean. Ya no hablamos de la muerte, ahora le estrechamos cordialmente la mano y nos sentamos a conversar con ella.

 

Estructurado en tres actos según palabras del propio Lennox, el álbum ha sido grabado nuevamente con la ayuda de Peter Kember (Sonic Boom). Fue él quién sugirió la idea de un posible poso conceptual a la hora de secuenciar las canciones del disco: el dejar atrás algo para, sin al principio saber muy bien cómo, terminar en otro lado. No hay grandes cambios con respecto al sonido en este Grim Reaper. Se siguen utilizando todo tipo de capas, samplers y atmósferas para recrear canciones de reconocibles melodías, algunas de ellas con estrofas y estribillos intercambiables. Todo ello regado con buenas dosis de psicodelia y cataratas de reverberación. En la voz de Lennox sí notamos alguna novedad. Descubrimos en ella una mayor seguridad, claridad y volumen que en anteriores entregas, factor que termina favoreciendo al conjunto. Buenas representantes tanto del disco como de los tres grandes bloques en los que se divide serían el pegadizo single Mr. Noah, la efervescente Príncipe Real y Tropic of Cancer, una auténtica delicia ante la que no resulta complicado acordarse de Brian Wilson interpretando Surf´s up al piano. En la misma línea se pasea Lonely wanderer, que sirve para cerrar la parte más neblinosa de un álbum nuevamente admirable. Con trabajos así es fácil seguir enganchados a los baños ácidos de nuestro oso más amoroso.
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