Southside Festival 2014 (Neuhausen ob Eck, 20-22 de junio de 2014)

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El Southside Festival es el hermano menor del Hurricane. Se celebran el mismo fin de semana, sólo que uno es en el sur de Alemania (Neuhausen ob Eck) y otro en el norte (Scheeßel). Con menor nos referimos a superficie disponible y tal vez a repercusión, ya que los grupos y artistas que actúan son los mismos en ambos casos. Y hay rivalidad, claro que sí. Si alguien sobre el escenario tenía la ocurrencia de comentar que el día anterior se lo habían pasado en grande en el Hurricane, el abucheo general no se hacía esperar. Fueron escasas las ocasiones en que ocurrió, pero ahí queda. El sol nos acompañó intensamente durante los tres días. Tanto, que faltó poco para quemarnos, además de la piel, parte del cerebro. Por lo demás, mucho colorido, mucha juventud, mucha diversión. Además de los conciertos, cabe destacar la acogida masiva en cuanto a participación y público que tuvo la atracción para hacer puenting. Muchos valientes, tal vez demasiados, probaban aquello desnudos. A las chicas, igualmente osadas, las vimos siempre con ropa encima. Terminamos este prólogo señalando lo divertido que resultó pasarse por la cabaña Jägermeister: hubo regalos y chupitos para todos, amén de una DJ Session que saltaba alegremente de Shakira al Rock around the clock y que nos hizo mover las caderas sin despeinarnos el tupé.

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Franz Ferdinand

El viernes fue difícil despegarse del Escenario Verde. White Lies ejercieron de perfectos teloneros para unos Franz Ferdinand que aburren en muchos sentidos, excepto cuando se suben al escenario. Ahí arriba lo siguen bordando. El repertorio que manejan en conciertos de estas características hace imposible la indiferencia. Te invitan a un baile de sudor imbatible y tú lo aceptas sin rechistar. Tras ellos Black Keys: al igual que Franz Ferdinand, no se les puede dar por perdidos si de conciertos hablamos. A Seeed, veterana banda alemana que reúne sobre las tablas a más de diez personas entre cantantes e instrumentistas, no les costó mucho meterse al público en el bolsillo. Su festiva mezcla de pop, reggae y hip hop cerró de forma convincente la primera noche del Green Stage. En el Escenario Rojo, una gigantesca carpa que ha sumado algunos de los mejores momentos del festival, Belle & Sebastian desplegaron todo su carisma gracias al amable y simpático repertorio escogido para la ocasión, dos adjetivos que casan bien con un Stuart Murdoch que terminó subiendo a algunas personas del público a cantar junto a él. Inmejorable viaje al fin de la noche.

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Flogging Molly

El sábado lo comenzamos hipnotizados -por no usar las palabras adecuadas- con Laura-May Carter al frente de Blood Red Shoes, proyecto en donde ella toca la guitarra y él, Steven Ansell, la batería. Recital post-punk, grunge o como lo quieran llamar: aquello terminó ardiendo. Luego Reignwolf, ya en el Red Stage, prendió fuego al resto del mundo y se paseó entre las cenizas. Lo que podría ser un buen concierto de rock duro y admirables riffs -que no es poco- termina transformándose en una fantástica exhibición de Jordan Cook, guitarra, cantante y compositor del grupo. Cook se queda solo en el escenario y se dedica a invocar a Hendrix, a tocar guitarra y batería al mismo tiempo, a saltar como un demonio. La gente enloquece y él se restriega con las primeras filas. Etcétera. Poco más se puede decir: vayan a verlos cuando buenamente puedan. De nuevo bajo el sol, unos Flogging Molly convenientemente empapados de Guiness dirigieron la fiesta mayor de este Southside. “Banda irlandesa de punk celta”, dice la Wikipedia. A esa definición súmenle el calor, los saltos y las cervezas, y podrán hacerse una idea de lo allí bevido. A The Kooks no quisimos prestarle mucha atención pero terminaron ganándose nuestra aprobación. Sonaron tan bien que luego lo de Arcade Fire nos pareció un mejunje de mucho cuidado. Tal vez fuera culpa del sitio donde nos encontrábamos. Tal vez. El caso es que, al igual que ocurrió en el Primavera Sound unas semanas antes, no terminamos de conectar con una propuesta en la que se echa en falta un hervor, que diría alguna. Probablemente se les está atragantando tanto disfraz y confeti.

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Interpol

El último día de festival pisamos por primera vez el Escenario Blanco, una carpa de dimensiones más reducidas que la roja y donde predominan los ambientes electrónicos. Pero no hay nada de electrónico en Chuck Ragan, uno de esos descubrimientos que tanto se agradecen al hacer recuento de lo visto y escuchado. Con Chvrches sí que hay máquinas, pero la voz y presencia de Lauren Mayberry hacen pensar en todo lo contrario –“I can feed your dirty mind”, canta en Lies-. Para el cierre de este Southside nos trasladamos al Escenario Azul. Allí disfrutamos de unos Pixies en forma -aunque su último disco quiera hacernos creer lo contrario- y unos Interpol a los que perseguíamos desde hace años para cazarlos en directo. A la hora de ofrecernos sus mejores canciones sonaron convincentes y hasta emocionantes. Entre medias se atrevieron con un par de temas que estarán en un próximo álbum que, ojalá nos equivoquemos, encajará bien dentro de la mediocridad en la que llevan enfangados desde hace ya demasiado tiempo.

Foto 1: @bastilledan

Foto 2 (Franz Ferdinand): http://www.dasding.de

Foto 3 (Flogging Molly): Thomas Niedermueller

Foto 4 (Interpol): Achim Casper

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