XVI Festival de Málaga de Cine Español

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“Más cine y más Málaga” fue el resumen que Juan Antonio Vigar, nuevo director del Festival de Málaga de Cine Español, hizo pocos días después de la finalización del mismo. Las cifras, cómo no, se han incrementado. El dato principal es el de la asistencia, que suma 100.000 personas y ha generado un impacto económico de 1.150.000 euros, lo que supone un 10,6 % de crecimiento con respecto a 2012. A estas cifras ha ayudado el nacimiento de Málaga de Festival (MaF), propuesta con 104 actividades culturares relacionadas con el cine que desde dos semanas antes sirvió para caldear el ambiente. En cuanto a contenidos, se han proyectado 197 películas, un 25% más con respecto a la edición anterior. Así que, por lo que parece, todos contentos. Tanto que ya se han anunciado las fechas de una nueva edición que contará con un día más y se celebrará del 21 al 29 de marzo de 2014.

SECCIÓN OFICIAL

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Candela Peña e Isabel Coixet durante la rueda de prensa

Ayer no termina nunca (Isabel Coixet). La nueva película de Isabel Coixet fue la encargada de inaugurar la Sección Oficial y de provocar los primeros bostezos entre el público. El tedio y el aburrimiento te envuelven a medida que los dos únicos personajes entablan una conversación increíble, para mal, y te empapa de vergüenza ajena en esos flashbacks afectados y supuestamente transcendentales. Candela Peña, que ha sido premiada con la Biznaga de Plata a mejor actriz junto a Aura Garrido, destaca por momentos entre tanta diarrea, algo que nos alegra tras su discutida demanda pública de empleo en la pasada edición de los Goya. Pobrecita.

Casting (Jorge Naranjo). Es inevitable alegrarse por el premio al elenco al completo de esta película. Se trata de una comedia fresca y sin sobredosis de estupidez -no miro a nadie-, cuya historia gira en torno a un grupo de jóvenes actores que intentan obtener un papel. Para ello, y al no tener enchufes de ningún tipo, deberán pasar la temida prueba del casting. Y es precisamente en ese examen frente a la cámara de los distintos protagonistas donde sale a pasear lo mejor de la cinta. Dudo mucho que alguno de los allí presentes vaya a olvidar la serena atracción del personaje interpretado por Ruth Armas o el monólogo de Ken Appledorn con ese “¡soy guiri pero soy persona!” a la cabeza. The kids are alright!

Combustión (Daniel Calparsoro). Hay muchos aspectos de Combustión que pueden reforzar nuestros prejuicios hacia este tipo de productos. Si no es el horrendo póster promocional será el tráiler o el argumento. O tal vez algunas noticias aparecidas en televisión anunciando el estreno de la película, las mismas que repiten una y otra vez que los actores recibieron clases de conducción temeraria para interpretar de forma convincente su papel. Si conseguimos escapar de todo ello, y principalmente de nuestras negras perspectivas, nos encontraremos con una cinta atractiva, de cierto potencial comercial y que cuenta con buenas interpretaciones por parte del trío protagonista, amén de unas secuencias automovilísticas memorables.

Diamantes negros (Miguel Alcantud). Lo mejor que podemos decir de Diamantes negros es la gran labor de documentación llevada a cabo, de la que no dudamos, y lo oportuno e incluso valiente de denunciar en la actualidad algo relacionado con el fútbol. Sin embargo, a la hora de presentar la acusación, Alcantud se pierde en una previsibilidad alarmante dentro de un mundo donde todos parecen ser demonios a los que es imposible siquiera plantar cara. En ese sentido, la escena frente a los policías portugueses es para frotarse los ojos con incredulidad. Una pena.

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Reparto de Hijo de Caín

Hijo de Caín (Jesús Monllaó Plana). Hijo de Caín empieza con una escena que a la postre se nos revelará engañosa, algo que parece marcar el tono de la película y que consigue enervarte. Es complicado hacer girar tanto una historia y que al finalizar no apreciemos sus agujerillos, sus licencias, los pequeños engaños y titubeos. Son esas diferencias, a veces insalvables -las mismas que hacen, por ejemplo, de Los Soprano una obra maestra y de Perdidos una entretenida tomadura de pelo-, las que salpican aquí una historia que, por otro lado, se disfruta e incluso te atrapa. Pero claro. Para el recuerdo, por encima de los personajes interpretados por José Coronado o Julio Manrique, quedará la escalofriante presencia de David Solans, un auténtico Joffrey Baratheon del siglo XXI.

Somos gente honrada (Alejandro Marzoa). La mayor virtud de este film producido por El Terrat es la facilidad que tiene para pasar de lo que comienza siendo una graciosa comedia a un drama que termina enfrentando a Suso y Manuel, dos cincuentones sin trabajo encarnados por unos estupendos Miguel de Lira y Paco Tous. Ambas caras quedan representadas, por un lado, en la escena del testeo de la cocaína, y por otro en la trifulca dentro de los vestuarios, con el entrenador como lamentable protagonista. Entre medias hay un proceso de transformación que, ya decimos, termina sorprendiendo, especialmente si nos paramos a pensar en la escasez de propuestas de este tipo dentro del cine español.

Inevitable (Jorge Algora). Poco hay de atractivo en Inevitable. Ni la presencia de Dario Grandinetti y Federico Luppi consigue enmendar una historia insulsa y arcaica, que se vale, además, de mil y una casualidades y encuentros fortuitos entre los personajes para intentar mantener un chiste malo y peor contado. No cuela.

Todas las mujeres (Mariano Barroso). Es una pena que Todas las mujeres se proyectara fuera de concurso, ya que habría ganado la Biznaga de Oro con todo merecimiento y cierta facilidad. No es sólo la torrencial presencia de un Eduard Fernández glorioso la mayor virtud de la película. También las mujeres tienen gran parte de culpa, ya sea Marta Larralde, Lucía Quintana o una Petra Martínez que, en el papel de madre del protagonista, otorga los mejores momentos de la cinta. Todas ellas -novias, exparejas, cuñadas-, son aguas ya pasadas que han hecho de Nacho, el personaje central, lo que es y lo que probablemente llegará a ser: un encantador y manifiesto desastre.

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Aura Garrido

Stockholm (Rodrigo Sorogoyen). La primera parte te hace pensar irremediablemente en las películas de Richard Linklater con Julie Delpy y Ethan Hawke o, lo que es peor, en la terrorífica Cecilia y Juan, que se proyectó incomprensiblemente el año pasado en el festival. Sin embargo, en el segundo tramo la cosa se torna ciertamente inquietante, y es entonces cuando ese comienzo que nos parecía tan aburrido, tan más de lo mismo, cobra peso y se vuelve imprescindible para el desarrollo de la historia. Javier Pereira yAura Garrido terminan bordando unos personajes que difícilmente se te van de la cabeza al salir del cine. Hay en la cinta de Sorogoyen ecos de grandes películas y directores, pero Stockholm consigue alzarse, puño en alto, proclamando una personalidad abrumadora.

15 años y un día (Gracia Querejeta). A la considerada en esta edición como mejor película no le encontramos problemas graves. Está todo muy bien rodado y grabado. Los actores rayan a buen nivel, especialmente ese tándem formado por Aaron Piper, toda una revelación, y Tito Valverde. ¿Entonces? Tal vez lo que nos cuenta no tenga suficiente gancho. Ni idea. El caso es que la sensación que deja tras asistir a una historia salpicada de sangre y muerte es la de una corrección lavada con el mejor detergente del mercado. Y te queda una imagen de blancura, de Verdú y España, de Gracia y hastío. De premiada.

PREMIER

Una de las novedades de esta edición ha sido la sección Premier. Se trata de una selección de seis estrenos que incluyen drama, comedia y documental. El nuevo trabajo de Ventura Pons, Una merienda en ginebra; Solo para dos (Rodrigo Santiago); o la simpática Menú degustación (Roger Gual), fueron algunas de las propuestas. También hubo espacio para Encierro 3D (Olivier van der Zee), la espectacular y emotiva mirada en tres dimensiones, polémicas aparte, a uno de los momentos álgidos de los sanfermines; La estrella (Alberto Aranda), con unas destacables Ingrid Rubio y Carmen Machi; e Indeleble, de Jacek Borcuch.

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Magdalena Berus y Ángela Molina en Indeleble

Conviene detenerse en esta última, una coproducción polaco-española que obtuvo el premio a mejor fotografía en la última edición del festival de Sundance. La historia gira en torno a Michael (Jakub Gierszal) y Karina (Magdalena Berus), dos estudiantes polacos que se conocen mientras trabajan en España durante la vendimia. Poco después, sus vidas, ya compartidas, se verán obligatoria y repentinamente modificadas. Borcuch consigue crear una atractiva atmósfera, centrando la atención en unos protagonistas cuyo magnetismo, ligado a la música de Daniel Bloom y a unos entornos que se antojan idílicos a ratos, otorgan momentos de auténtica belleza. Así, en general.

ZONAZINE

ZonaZine cumplía este 2013 una década formando parte del Festival de Málaga. La sección, que acoge año tras año las propuestas más independientes y vanguardistas, ha vuelto a destaparse como una de las más destacadas a tenor de la calidad media ofrecida en sus proyecciones y de la notable asistencia de público a las distintas sesiones.

Al final todos mueren -con Javier Fesser a la cabeza-, Viral (Lucas Figueroa) o Frontera (Manuel Pérez), ponen de manifiesto la diversidad temática de esta sección. Sin embargo, nos quedamos con El efecto K. El montador de Stalin (Valentí Figueres), que merece la pena incluso revisitar; la fresquísima y colorista Esto no es una cita (Guillermo Fernández Groizard); e Ilusión, del premiado Daniel Castro, que pese a contar con una buena primera mitad -su email dirigido a Haneke es genial-, termina oscureciéndose y perdiendo un interés inicial arrollador.

DOCUMENTALES

En la sección documental hemos podido disfrutar del retrato que Nico García y Jesús Marcos hacen en Ojalá de Silvio Rodríguez, figura siempre comprometida a través de iniciativas como Gira por los barrios en La Habana. También gustó Tropicália, centrada en el movimiento cultural del mismo nombre que tuvo lugar en Brasil a finales de los 60 con grupos y figuras clave como Gilberto Gil y Caetano Veloso.

En una tarde con sabor latinoamericano, la primera, destacó el testimonio social de Chile imaginario gracias, en parte, a una animación psicodélica que puede llegar a marear a pesar de su escasa duración. Por otro lado, Donde los cóndores vuelan deja un sabor agridulce a pesar de la interesante iniciativa de Carlos Klein: acompañar a Victor Kossakovsky en la grabación de ¡Vivan las antípodas!, su última película. Y es que el ruso se muestra como un personaje único, llegando a impacientarte en la butaca para, minutos después, dibujarte una sonrisa y hacerte partícipe de su mundo gracias a imágenes e ideas que terminan enganchadas a tu recuerdo.

HOMENAJES

Los homenajeados en esta edición han sido la directora de casting Sara Bilbatua (Premio Ricardo Franco), el cineasta Manuel Martín Cuenca (Premio Eloy de la Iglesia), el actor José Coronado (Premio Málaga-Sur) y el director Álex de la Iglesia (Premio Retrospectiva), que agradeció al festival su incansable apoyo al cine español y estuvo acompañado en Málaga por parte del reparto de su nueva película, Las brujas de Zugarramurdi, que se estrenará el próximo mes de septiembre. La colmena (1982), de Mario Camus, fue elegida Película de Oro para conmemorar los treinta años de su triunfo en el Festival de Cine Internacional de Berlín.

Fotos: Lorena Rodríguez

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