He aquí lo que yo pienso de los religiosos

hermanos_karamazov“He aquí lo que yo pienso de los religiosos. Tal vez sea una simple suposición mía; tal vez me equivoque. Pero observad a esa gente que se eleva por encima del pueblo cristiano. ¿No han alterado la imagen de Dios y su verdad? Esos hombres poseen la ciencia, pero una ciencia supeditada a los sentidos. Al mundo espiritual, la mi­tad superior del género humano, se le rechaza alegremente, incluso con odio. Sobre todo en estos últimos años, el mundo ha procla­mado la libertad. ¿Pero qué significa esta libertad? La esclavitud y el suicidio. Pues se dice: «Tienes necesidades: satisfácelas. Posees los mismos derechos que los grandes y los ricos. No temas satisfa­cer tus necesidades. Incluso las puedes aumentar. » Éstas son las en­señanzas que se dan ahora. Así interpretan la libertad. ¿Y qué con­secuencias tiene este derecho a aumentar las necesidades? En los ri­cos, la soledad y el suicidio espirituales; en los pobres, la envidia y el crimen, pues se conceden derechos, pero no se indican los me­dios para satisfacer las necesidades. Se dice que la humanidad, acortando las distancias y transmitiéndose los pensamientos por el espacio, se unirá cada vez más estrechamente, y que reinará la fra­ternidad. Pero no creáis en esta unión de los hombres. Al conside­rar la libertad como el aumento de las necesidades y su pronta satu­ración, se altera su sentido, pues la consecuencia de ello es un alu­vión de deseos insensatos, de costumbres a ilusiones absurdas. Esos hombres sólo viven para envidiarse mutuamente, para la sensuali­dad y la ostentación. Ofrecer banquetes, viajar, poseer objetos va­liosos, grados, sirvientes, se considera como una necesidad a la que se sacrifica el honor, el amor al prójimo a incluso la vida, pues, al no poder satisfacerla, habrá quien llegue al suicidio. Lo mismo ocurre a los que no son ricos ni pobres. En cuanto a estos últimos, ahogan por el momento en la embriaguez la insatisfacción de las necesidades y la envidia. Pero pronto no se embriagarán de vino, sino de sangre: éste es el fin al que se les lleva. ¿Pueden considerar­se libres estos hombres? Un campeón de esta doctrina me contó un día que, estando preso, se encontró sin tabaco y que esta privación le resultó tan insoportable, que estuvo a punto de hacer traición a sus ideas para fumar. Pues bien, este individuo pretendía luchar por la humanidad. ¿De qué podía ser capaz? A lo sumo, de un es­fuerzo momentáneo, de escasa duración. No es sorprendente que los hombres hayan encontrado la servidumbre en vez de la libertad, y que lejos de alcanzar la fraternidad y la unión, hayan caído en la desunión y la soledad, como me dijo antaño mi visitante miste­rioso. La idea de la devoción a la humanidad, de la fraternidad, de la solidaridad, va desapareciendo gradualmente en el mundo. En realidad, se la recibe incluso con escarnio, pues ¿quién puede des­prenderse de sus hábitos? ¿Dónde irá ese prisionero de las múlti­ples y ficticias necesidades que se ha creado él mismo? A este ser aislado apenas le preocupa la colectividad. En resumidas cuentas, sus bienes materiales han aumentado, pero su alegría ha dismi­nuido.”

(Texto extraído de “Los hermanos Karamázov”, de Fiódor Dostoievski)

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