Bob Dylan en Jaén

Damas y caballeros, permítanme presentarles al poeta laureado del rock’n’roll. La voz de la promesa de la contracultura de los sesenta. El chico que forzó al folk a meterse en la cama del rock. Que se atavió de maquillaje en los setenta y desapareció en el humo del abuso de sustancias. Que emergió para descubrir a Jesús. Se le consideró una figura acabada al final de los años 80, y de pronto cambió de marchas publicando algunas de las mejores canciones de su carrera desde finales de los 90. Damas y caballeros, el artista de Columbia Records, Bob Dylan.

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El pasado sábado 5 de julio aparecí repentinamente en la Institución Ferial de Jaén (Ifeja). El tío Bob me había arrastrado hasta allí, concretamente hasta el Pabellón Exterior, para que asistiera a una de sus sesiones de la Gira Interminable. Puntualmente saltaron al escenario Bob Dylan y Su Banda, es decir, Tony Garnier (bajo), George Recile (batería), Stu Kimball (guitarra), Denny Freeman (guitarra principal) y Donnie Herron (banjo, viola, violín, mandolina, pedal steel, lap steel).

El concierto fue de menos a más y ya con el tercer tema, The Levee’s Gonna Break, llegó uno de los puntos respetables de la noche. Desde el principio vimos a un Dylan cómodo y disfrutante, dejando el teclado sólo para consultar el setlist o echar un trago de lo que fuera. La emoción de ver y escuchar a semejante artista recitar temas como Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again o Things Have Changed brotaba al exterior con facilidad en muchos de los asistentes. Otros, sin embargo, charlaban incansablemente de cualquier cosa a las puertas del Paraíso. Tal vez consciente de sus evidentes limitaciones vocales, Dylan sacude las canciones más adultas de su repertorio. Las lava, las seca y las plancha hasta terminar transformándolas en gramos de poderoso e inspirador rock’n’roll para felicidad suprema de sus seguidores y (casi) indeferencia del resto. Ahí están It’s Alright, Ma o Highway 61 Revisited para corroborarlo.

Cuando ataca parte de sus últimas composiciones (las pertenecientes a Love And Theft y Modern Times), observamos que el Tío Bob se desmelena pese al sombrero bien ceñido, alcanzando esferas sónicas llenas de ritmo y sudor como quedó demostrado con Summer Days. Tras una embriagadora Ain’t Talkin’ llega el descuento con Thunder On The Mountain y Like A Rolling Stone, traca final que consigue que el delirio deje de ser algo de unos pocos (¡solo para locos!) y se convierta en mainstream jienense. El viernes volverá a sonreír desde em cima de um palco y allí estaremos, expectantes y emocionados. A sus pies, Mr. Zimmerman.

Foto: mybackpagesblog.com

 

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