Yann Tiersen, l’artiste fabuleux

Hoy cedemos la palabra a Andrea Ro. para que nos hable de Yann Tiersen. ¡Gracias!

Yann2-1Idealicé a Yann Tiersen cuando los títulos de crédito de Le fabuleux destin d´Amélie Poulain me revelaron su nombre. Entonces lo conocí como autor de una banda sonora y no procuré crearme mayores expectativas. Nunca lo imaginé como el genio de la melodía que es. Semanas después del visionado, mi mente seguía evocando los acordes de La Valse d´Amelié. Ecos de una canción ahora legendaria. Al poco me hice con su legado hasta la fecha (por aquel entonces 2001) y le conocí lentamente, disco a disco; desde La valse des monstres (1995) a L´absente (2001). En mis oídos penetró una amalgama de sonidos distintos, vitales, extravagantes… sonidos en exceso, multiplicados, conjugados, liberados y, en ocasiones, libertinos. Sonidos que cabalgaban entre lo correcto y una conspiración contra el matemático academicismo. Caía entonces mi concepción platónica del músico y nacía la del Artista en mayúsculas, pues aquello fue un viaje salvaje a lo largo de siete universos sonoros, a lo largo de una lucha armónica que mantenía tres constantes: piano, violín y acordeón. Tres instrumentos fetiches del compositor francés.

Poco tardó en editar C´etait ici (2002), un directo hipnótico y brutal que conquistó al público, al activo y al pasivo. En este disco, Tiersen desvirtúa la concepción romántica del violín al volcar su fuerza interpretativa sobre el instrumento. Como escape al ensimismamiento propio de la escucha hipnótica de canciones como Bagatelle, Monochrome, Les Bras de Mer, Rue de Cascade, La Dispute… y de las voces prestadas de Dominique A., Claire Pichet o la participación de Christian Quermalet en sus días tristes, Tiersen, en su acelerado proceso creativo, nos regala una emotiva banda sonora que identifica al filme Good Bye, Lennin! (2003) y un proyecto de dos, con Shannon Wright: experimento vocal que no acaba de conquistar al seguidor tradicional que cree ver profanado su sonido original. Tiersen, imaginativo cedería después protagonismo a guitarras eléctricas y batería (en detrimento del toy-piano, violonchelo y clavicordio) en un apunte más rockero: Les Retrouvaille (2005) al que le sigue un reconocido trabajo en directo, On tour (2006).

La carrera de este músico de composiciones infinitas y mimadas creaciones alcanza hasta su última obra del presente año: Tabarly, un acompañamiento musical o quizás una identificación musical del documental del mismo nombre. Cómo será y qué será estoy a punto de descubrirlo aunque en un anticipo he creído reconocer una vuelta a sus sonidos primigenios, con mayor influencia de la chanson francesa. Yann Tiersen, artista abismal, virtuoso de la melodía, de la composición y de la interpretación me conquistó, me descubrió como seguidora atenta y fiel, admiradora de sus directos e impaciente por los frutos de su instinto creativo. Tabarly me espera, aunque me hago de rogar pues la expectación es grande y preciso del silencio necesario para rellenarlo con ésta, su (pen)última obra.

 

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