Teenage Fanclub – Songs from Northern Britain

teenagefanclub_songsDos hechos han propiciado que estos días recuperara de forma casi obsesiva este disco. El primero es el largo viaje de ida y vuelta a Vitoria para asistir al Azkena Rock Festival (casi todo por carretera), y el segundo las ganas que tengo de buenas canciones. De canciones redondas, aquellas donde todo encaja y brilla y no te dejan que pares de mover la cabeza, las manos o los pies. Parece una chorrada, pero algunos sabréis a lo que me estoy refiriendo (o no). Escuchándolo de nuevo una y otra vez me vuelvo a reafirmar: Songs from Northern Britain (1997) es uno de los mejores álbumes de la década pasada. Es más, quedaría genial en un hipotético “equipo titular” donde estuvieran discos como Turn!, Turn!, Turn! (1965) de los Byrds o el #1 Record (1972) de Big Star, por poner un par de ejemplos. Y Ain’t that enough, como ya escribí por aquí hace unos meses, es una joya absoluta. No voy a entrar a comentar canción por canción: es un disco, creo, lo suficientemente conocido. Además, se me hace complicado escribir sobre música (ya decía algo Zappa al respecto, ¿no?). Sin embargo, no me resisto a citar algo sobre los temas que más me gustan.

Start again abre de forma genial este Songs from Northern Britain. Casi todas las cualidades que hacen de este disco algo grande están resumidas en estos escasos tres minutos: las voces y guitarras conforman el característico sonido de la banda, surgiendo de ello una melodía redonda e ideal para comenzar el álbum. Rápidamente llega Ain’t that enough. Es complicado que un disco con semejante comienzo no baje el nivel. Sin embargo, en este caso ocurre lo contrario. I don’t want control of you y Planets son dos temas que deberían estar en el prólogo de todo buen libro dedicado a esto de componer canciones con mayúsculas. Mientras la primera se trata de un precioso canto a la confianza en una relación (I don’t want control of you, it doesn’t matter to me / I want this love to stay the same, growing with every year) con un repentino banjo sonando al comienzo, la segunda nos muestra el lado más acústico de los escoceses mientras nos describen lo bonito que tiene que ser vivir en su tierra, al norte del norte (And make for the road, where flowing rivers will blind us, where shadows hill find us). Y, más tarde, con el primer medio segundo de Winter, uno ya tiene la sonrisa boba en la cara. Se va el verano… ¿y?: Los bosques son verdes y profundos, como nunca los habíamos visto / Los cielos hacen desaparecer los pecados, las estaciones lo cambian todo. Felicidad.

Para el final se guardan dos joyitas más. Your love is the place where I come from es, probablemente, una de las canciones más bonitas de los últimos diez años; por las voces, por el piano (que podríamos tocar todos con un dedito) y por la declaración absoluta que es la letra compuesta, en este caso, por Raymond McGinley (I can’t slip when I see your face / I lose my confunsion / Your love is the place where I come from). Speed of light cierra el disco con su lento crescendo, apoyado en unos uh-uh-uh, que, por intrascendentes que puedan parecer en un principio, se te quedan en la cabeza sin apenas darte cuenta. Pocas cosas tan acertadas habrá en la vida como regalar canciones de Teenage Fanclub, aunque sea a base de enlaces rapidshare o youtube. ¡Viva!

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