Nacho Vegas – Esto no es una salida

Esto no es una salida (2005) es el último trabajo de Nacho Vegas. Un EP de cuarenta minutos editado conjuntamente en CD y vinilo. Detrás de la funda interior de este encontramos un relato inédito del asturiano que paso a reproducir:

esto no es una salida“La verdad es que no se puede decir que se quedaran mucho tiempo, yo diría que unos veinticinco minutos, treinta a lo sumo. Aparecieron por allí poco después de que yo les avisara, todo hay que decirlo, pero se conoce que el desgraciado no le importaba gran cosa a nadie. Llegaron cuatro hombres: el juez, el fotógrafo, un notario y un oficial que les había traido en un coche policial. Pero es que a mí ni siquiera me tomaron declaración, ¿se lo puede creer? El fotógrafo se limitó a tomar varias fotografías -flash flash flash- mientras el juez tomaba apresuradamente notas en una libreta y el notario se miraba distraído a las puntas de los zapatos. Me dijeron que hasta que no llegara el forense con la ambulancia ellos no podían hacer mucho más, que tenían un asunto en la otra punta de la ciudad y que si no me importaba a mí esperar a que llegaran -tardarían una hora como mucho, afirmaron- vigilando entretanto el cadáver (como si se fuera a escapar, fue lo que pensé yo), a lo que respondría que por supuesto, que faltaría más, tratando de disimular el entusiasmo que crecía dentro de mi como un animalillo travieso.

Si nadie tenía preguntas para un servidor, mejor para mí, porque lo cierto es que yo tampoco tenía respuestas.

No sé cuál es mi nombre, ni tampoco dónde vivo. O mejor dicho, no lo recuerdo. Ahora mismo no lo sé, pero lo sabré en algún momento del día, o tal vez mañana. Me suelen ocurrir a menudo, estos ataques transitorios de amnesia. Pero lo curioso del caso es que así como durante un lapso más o menos largo de tiempo me encuentro totalmente desprovisto de mi pasado, parece que del mismo modo y en ese intervalo, para el resto del mundo soy parcialmente invisible, por así decirlo. Casi insignificante. Como me acaba de ocurrir con esos hombres: el juez, el policía, etcétera, que me han tratado como si fuera el perro del interfecto, poco menos.

A veces necesito ser otra persona.
Ahora me entienden, ¿verdad?

Yo solo pasaba por allí, como se suele decir, lo que ocurre es que entré (sucede cuando pierdo la memoria: vago durante horas por las calles con la esperanza de recuperarla de súbito -si bien la experiencia me dice que sólo varias horas de sueño profundo logran restituirla- hasta que acabo pasando la noche en cualquier portal que me encuentre abierto). Entré y comencé a subir unas escaleras de anchos escalones enmoquetados hasta que, exhausto, me detuve en la séptima planta. El corredor parecía interminable, y en el fondo, a lo lejos, distinguí un bulto en el suelo. A ambos lados hileras de puertas cerradas. Cada una de ellas fue golpeada por mis nudillos y en ninguna obtuve respuesta. No sé por qué lo hacía, supongo que esperaba llegar a algún lugar, familiar o no. Cuando al fin alcancé el bulto me quedé unos instantes mirando el cuerpo tirado en el suelo en aquella extraña postura, como si hubiera muerto mientras intentaba dar vueltas sobre sí mismo estando tumbado. Un momento de lucidez me hizo volver sobre mis pasos, hacía el teléfono que había visto al pie de las escaleras. Una operadora me puso con la policía, y al cabo de una media hora llegamos al principio de mi narración, ¿recuerdan? Yo, apenas.

A veces necesito ser otra persona.

Así que aquí me tienen, acariciando la áspera tela de pana gruesa de los pantalones de este pobre diablo, su camisa de algodón, zapatos, etcétera. Dejo mis ropas cuidadosamente dobladas en un montón aquí, junto al zócalo, y seguidamente desnudo como puedo el cadáver, que está aún caliente y por suerte para mí todavía no se ha puesto rígido. El cuerpo, delgado y paliducho, queda desnudo sobre la alfombra en una postura diferente a aquella en la que lo encontré, y advierto que sobre el glúteo derecho lleva tatuada la palabra “Marilyn” en caracteres góticos o algo por el estilo. En este instante me viene a la cabeza el sonido del flash de las fotografías que acababan de hacerle al muerto, y maldigo la hora en que decidí dar parte del suceso. ¿Cómo voy a explicar ahora los cambios de postura del cuerpo, si a alguien le da por trazar una silueta tal y como he visto hacer en las películas? Pero no tengo tiempo para ese tipo de preocupaciones, ahora estoy demasiado excitado con la idea de suplantar a alguien o, para ser más exactos, de al fin conseguir ser alguien (aunque se trate de una persona que en términos científicos ha dejado de existir). Los calzoncillos pican y me llegan hasta las rodillas, pero la camisa y la americana me vienen que ni pintadas.

Cuando acabo de atarme los cordones de los zapatos comienzo a tener la sensación de que la confusión de mi cabeza se está disipando. Un escalofrío me recorre el cuerpo de los pies a la nuca y noto cómo se me eriza el vello. Me siento tan eufórico que tengo ganas de gritar, pero cuando abro la boca no emito sonido alguno, y entonces me sobreviene, como si de una iluminación se tratara, una sensación, como si hiciera semanas, o meses, que no hablo, que me limito a asistir a una vida que ni es la mía ni es la de nadie, asintiendo o negando con la cabeza ante las preguntas de los demás. Es entonces cuando oigo pasos y voces que vienen de la escalera y se van acercando. A mi lado yace un cadáver desnudo, y a pocos centímetros el montoncito con mis ropas. Miro a un lado; miro al otro. En ninguna de estas puertas se puede leer la palabra SALIDA.”

Esto no es una salida

Nacho-VegasTras Desaparezca aquí (Limbo Starr, 2005), joya absoluta del pasado año, Nacho Vegas volvió a sorprendernos. Ya no sólo por la facilidad para ofrecer canciones y en el formato que sea (single, EP, álbum), sino por la calidad que suelen atesorar cada una de sus composiciones. Y es que este EP de cuarenta minutos cuenta con algunos temas, una vez más, sobresalientes. Esto no es una salida (Limbo Starr, 2005) se abre con Nuevos planes, idénticas estrategias, el único corte que ya conocíamos. Los cinco restantes son completamente nuevos y a cual mejor. Fueron grabados durante las sesiones de Desaparezca aquí, por lo que encontramos de nuevo como acompañamiento a Las Esferas Invisibles y en tareas de producción a Paco Loco y John Agnello.

Con amor y absurdidad, Hablando de Marlen y El último baile son piezas acústicas muy en su línea, con unas letras que nos muestran, una vez más, el momento tan brillante que vive el asturiano (ojo, además, al relato inédito que incluye este mini álbum, editado conjuntamente en cd y vinilo de 12″). En Mi Marilyn particular, Nacho Vegas se pone rumbero junto al Ratón de Los Delinqüentes. Sorpredente. Pero lo mejor, como se suele decir, queda para el final. Y es que Cosas bien hechas, con sus más de nueve minutos, se convierte en una pieza esencial. Oscura, densa y grandiosa a partes iguales, supone la confirmación de Las Esferas Invisibles como una de las formaciones más en forma del panorama nacional. Cada estribillo se transforma aquí en un remolino de guitarras y arreglos de metal totalmente espeluznantes, con un resultado excelente y demoledor.

Fantástico catálogo de canciones, nuevamente, para una de las figuras claves de 2005. Los próximos proyectos del artista incluyen un disco junto a Bunbury y la reedición de Política de hechos consumados, su primer libro. Nuevos planes, idénticas estrategias.

 

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